Bruselas.— Los amigos de la dictadura norcoreana de -un se cuentan con una mano, pero con ellos basta para preservar el régimen represivo, contener las rivalidades regionales y tener una presencia global que contrasta con su peso económico y diplomático.

La terna de camaradas del líder supremo norcoreano está compuesta por el presidente ruso su homólogo chino Xi Jinping y el mandatario estadounidense Donald Trump, todos con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Con Kim ha logrado forjar, al paso de los años, una relación de interdependencia. Leonie Allard, del programa diseñado por el National Bureau of Asian Research para dar seguimiento al espacio estratégico del gigante asiático, sostiene que perpetuar la estabilidad del régimen norcoreano se ha convertido en imperativo para la República Popular China para inclinar aún más la balanza regional a su favor y evitar una Corea unificada proestadounidense.

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Beijing además es consciente de que la caída del régimen norcoreano supondría un riesgo nacional al tratarse de un vecino con arsenal nuclear. Comparten mil 333 kilómetros de frontera a lo largo del río Yalu, incluyendo 47 kilómetros terrestres, y posee extraoficialmente entre 80 y 120 cabezas nucleares.

China, a su vez, se convirtió gradualmente en el “salvavidas económico” de uno de los países más sancionados del mundo, suministrando bienes, energía y servicios de telecomunicaciones. El National Committee on North Korea, centro de análisis fundado por la organización humanitaria Mercy Corps, estima que la potencia asiática concentra probablemente 95% del comercio.

La guerra a gran escala contra le ha permitido a Pyongyang hacerse de otra amistad del prestigioso club de la ONU: Rusia. La cercanía con el presidente ruso Vladimir Putin no sólo ha contribuido a reducir la dependencia con China, ha generado canales para eludir las sanciones internacionales, facilitando el acceso a capital extranjero, tecnología y canales diplomáticos.

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Desde el arranque de la ofensiva contra Ucrania, Corea del Norte apoya a Rusia con hombres y equipo militar. Información de inteligencia de Ucrania y elreporta la transferencia de 15 mil efectivos, sistemas de lanzacohetes, obuses, misiles balísticos tipo Hwasong-11A y KN-30, proyectiles de artillería, munición de diversos calibres y material compatible con equipo de la era soviética. Kiev sostiene que hay planes para enviar entre 30 y 50 mil hombres adicionales. A cambio de alimentar la maquinaria bélica rusa están llegando divisas a Pyongyang. De acuerdo con Bloomberg, el régimen norcoreano obtuvo unos 22 mil millones de dólares en ingresos procedentes del extranjero entre 2022 y 2025, cuatro veces más que en el periodo anterior.

Las ganancias provienen de las transferencias de armas, municiones y el envío de soldados. El régimen gana por cada hombre enviado mil 700 euros al mes, así como recibe entre 6 mil y 10 mil dólares en concepto de indemnización por cada soldado caído en combate. Rusia está transfiriendo tecnología, conocimiento y apoyando el programa de misiles balísticos. Los proyectiles Hwasong son testimonio de la evolución; a principios de la guerra tenían un margen de error de kilómetros, ahora es de sólo cinco metros.

Adicionalmente, Moscú está dando la oportunidad para que los soldados norcoreanos adquieran experiencia de combate en escenario real, algo de lo que adolecen los efectivos de los países considerados adversarios, y Japón.

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“Proporcionar o recibir entrenamiento o asistencia militar a o de la RPDC constituyen violaciones flagrantes de las resoluciones pertinentes del Consejo [RCSNU] tanto por parte de Corea del Norte como de Rusia”, sostiene el Equipo Multilateral de Seguimiento de las Sanciones (MSMT), grupo de trabajo que da seguimiento a las medidas internacionales. Además de la transferencia de tecnología y la inyección de divisas, Putin está ofreciendo visibilidad diplomática a una nación de 26 millones de habitantes clasificada como “paria internacional”, por su régimen autoritario, el desarrollo de un controvertido programa nuclear, la realización de pruebas con misiles balísticos y enorme listado de violaciones a los derechos humanos.

La ministra de Asuntos Exteriores de Corea del Norte, Choe Son-hui, se reunió en julio con Putin, en el Kremlin. El encuentro alimentó las especulaciones de que ambas partes están ultimando los preparativos para la tan esperada visita del líder norcoreano a Rusia. “Cuantos más ataques norcoreanos haya aquí en Ucrania, en Europa, y cuanto más utilicen sus misiles y soldados, más corregirán sus deficiencias y puntos débiles, y mayor será el peligro que supondrá más adelante para Japón, la República de Corea, Filipinas y otros países de la región”, afirma el presidente ucraniano Volodimir Zelensky.

Kim Jong-un parece tener otro gran aliado en la Casa Blanca, lo cual no sorprende considerando que el segundo mandato del presidente se ha caracterizado por un comportamiento contrario a la lógica convencional y en el que los aliados en Europa, Medio Oriente y Asia han tenido que aguantar hostilidad, insultos y hasta amenazas.

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El último episodio de la saga entre Trump y las Coreas se caracteriza por el abrupto fin de los ejercicios militares anuales con Corea del Sur, uno de los mayores aliados de EU en Asia Oriental, y la presión que estaría ejerciendo en sus asesores para agendar lo antes posible, probablemente en otoño, una reunión con el líder norcoreano.

Evan Sankey, analista del Cato Institute, afirma que Trump no está traicionando al mundo libre al reducir la actividad militar con Corea del Sur. “A Estados Unidos le conviene dialogar con Corea del Norte, y el presidente Trump tiene razón al hacer el acercamiento”.

“Una colaboración cada vez más estrecha con Rusia y la mejora de las relaciones con China proporcionan al régimen el respiro financiero y la cobertura política que necesita a nivel internacional. A pesar de que Kim tiene pocos motivos para reunirse con Trump, debería hacerlo”, señala Troy Stangarone, experto del Korea Economic Institute of America (KEI).

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“Su sucesor [de Trump] no será tan conciliador. Cualquiera que sea el próximo presidente (...), adoptará una postura más dura con Corea del Norte que o restará importancia a la cuestión. Puede que un acuerdo con Trump no sea lo que Kim esperaba en 2019, pero esta podría ser su mejor oportunidad para reestructurar las relaciones con Estados Unidos”, detalla.

“Vale la pena apostar por la diplomacia. Pero el estar preparados no es moneda de cambio. No se trata de algo simbólico. Es un error estratégico”, sostiene Bee Yun Jo, del Atlantic Council.

Menciona cinco motivos por los cuales Trump se equivoca: las maniobras militares son la base para que los aliados estén listos, reducir las maniobras en este momento supone desperdiciar influencia diplomática, hay pocos motivos para esperar reciprocidad por parte de Pyongyang, los norcoreanos están adquiriendo experiencia de combate en Ucrania y debilitar la confianza repercute en los intereses de Seúl, uno de los principales aliados de Estados Unidos.

“Corea del Norte recibirá con agrado el anuncio, pero hay pocos motivos para suponer que Pyongyang vaya a corresponder. Si la intención es allanar el terreno para reanudar las relaciones diplomáticas entre Trump y Kim, Wa- shington debería preguntarse qué espera recibir a cambio”, señala Dokyoung Koo, también del Atlantic Council.

“El peligro es que Washington pueda gastar uno de los activos más valiosos de la alianza sin saber qué está obteniendo a cambio”, puntualiza Koo.

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