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La leche es una bebida que suele generar dudas sobre su inclusión en la dieta diaria, a pesar de que forma parte de la canasta básica. Sin embargo, hay ciertos grupos poblacionales que deberían tenerla sí o sí dentro de su alimentación.
Hoy en Menú te contamos quiénes resultan mayormente beneficiados de su consumo y por qué motivos ocurre esto.

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¿Qué tan bueno es tomar leche?
Esta bebida es uno de los productos más completos para incorporar por su abundancia de nutrientes; no obstante, su consumo cotidiano genera dudas, sobre todo por la edad en la que se consume.
De acuerdo con un artículo de la Cleveland Clinic, la leche contiene 18 de los 22 nutrientes esenciales, lo que la convierte en un gran alimento y en una vía sencilla de obtener vitaminas y minerales.
No obstante, en la actualidad las tendencias de nutrición se han inclinado hacia modelos como la dieta paleolítica y la cetogénica, en las que los lácteos no suelen figurar de forma activa.
Al respecto, un informe de la Harvard T.H. Chan School of Public Health señala que dicho producto podría no ser tan determinante para la salud ósea en la edad adulta, como se creía anteriormente. Por lo que es importante moderar la ingesta en este grupo poblacional.
Además, advierte que contiene lactosa, un tipo de azúcar natural que en algunos adultos puede provocar molestias digestivas como inflamación, gases e intolerancia, especialmente cuando se consume en exceso.
Y aunque la leche es conocida como una fuente importante de calcio, esta misma institución recomienda otras alternativas para cubrir la ingesta de dicho mineral como las verduras de hoja verde, el tofu y el jugo de naranja fortificado.
Por otra parte, organismos como la American Dairy Association, basado en un estudio de la Texas Tech University Health Sciences Center, indica que el consumo de leche se asocia con una presión arterial más baja y una menor incidencia de hipertensión, ambos factores clave en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
Salvo en casos de alergia a la proteína de la leche o intolerancia a la lactosa, situación en la que se recomienda optar por bebidas deslactosadas, es posible cubrir las necesidades lácteas de manera sencilla.
Por lo anterior, consumir hasta 3 porciones al día puede ofrecer beneficios relevantes para la salud en la población infantil y en la adulta.

¿Quiénes pueden beber leche diariamente?
La leche de vaca es la variante de mayor acceso en numerosos países. Al ser rica en calcio, magnesio, vitaminas A, B12 y K2, así como en zinc, se le considera un alimento clave durante la niñez.
Por ello, su consumo es recomendado por diversos especialistas en esta etapa de la vida. Un artículo de la American Academy of Pediatrics señala que, si bien los menores de un año no deben consumir leche de vaca para priorizar la materna o fórmula infantil, después de los 12 meses pueden empezar a consumirla.
Ello se debe a que el cerebro en desarrollo necesita la grasa presente en la leche entera. Y, según explica el portal MedlinePlus, a partir de los 2 años, los niños pueden consumir leche baja en grasa e incluso descremada, especialmente si presentan sobrepeso y siempre bajo recomendación médica.
Así, resulta un producto vital durante los primeros años de formación.
De igual manera, al ser una excelente fuente de proteína, también contribuye al desarrollo del tejido muscular; y además, su contenido de fósforo, calcio y vitamina D favorece la formación y el mantenimiento de los huesos.
Otros beneficios de la ingesta en la infancia son:
- Favorece el desarrollo de dientes y contribuye al movimiento muscular, la coagulación sanguínea y la señalización nerviosa.
- Aporta potasio, mineral que contribuye a regular el equilibrio de líquidos y participa en la contracción muscular.
- Contiene vitamina A, esencial para la visión, el funcionamiento del sistema inmunológico y la salud de la piel.
- Se compone de un 85% de agua, lo que también beneficia a la hidratación infantil.
Si bien sus beneficios suelen resaltarse principalmente durante la edad temprana, la leche también puede ser positiva en otras etapas de la vida.
Por ejemplo, el portal Better Health Channel advierte que eliminar los productos lácteos de la dieta puede derivar en una ingesta inadecuada de calcio, nutriente importante para mujeres mayores de 50 años.
Lo grave es que una deficiencia de calcio propicia el desarrollo de afecciones como la osteoporosis, por lo que la leche representa una fuente de acceso al mineral.
Y, salvo en personas con colesterol elevado, es poco probable que el consumo de leche entera, yogur y quesos incremente el riesgo de enfermedades cardiovascular.

Otra ventaja es que los productos lácteos, en especial las versiones bajas en grasa, se asocian con una mejor regulación metabólica y una menor probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2, al contribuir a la saciedad, el control del peso y una respuesta más estable de la glucosa en sangre.
Y, por si fuera poco, la leche es fuente de proteínas de alta calidad, ya que contiene aproximadamente 8 g de proteína por taza. Tal como lo indica la Cleveland Clinic, este aporte la convierte en un alimento ideal para apoyar la formación y reparación del tejido muscular, así como para mantener la masa magra a lo largo de la vida.
Importante durante la niñez, en los adultos mayores, en personas con una alta actividad física e incluso en quienes buscan una mayor sensación de saciedad, esta bebida tiene muchas razones para estar en la dieta diaria.
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