Coahuayana.— Vivir y crecer rodeados de violencia marca el futuro de niños y niñas en Michoacán. Algunos ven en el crimen organizado la opción para salir de la pobreza, otros buscan aportar a su comunidad.
Dos ejemplos opuestos son Fernanda, quien tiene como meta estudiar psicología para ayudar a las víctimas. En el otro extremo está Raúl, El Pollo, quien a sus 15 años dice que ya debe muchas vidas.
Espíritu de ayudar
Fernanda tiene 18 años, es originaria del municipio de Coahuayana, donde la población vive entre ataques del crimen organizado.
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Comenta que desde los 11 supo lo que era convivir con gente armada, personas que portan una pistola o un arma larga.
Narra a EL UNIVERSAL que desde niña su responsabilidad principal era la escuela y por las tardes ayudaba a su mamá en las tareas de la cocina de la policía comunitaria de ese municipio, ubicada en la región de la Sierra-Costa de Michoacán.
Con el tiempo, ella también se integró a la policía comunitaria. Dice que su motivación fue “ver cómo todos se apoyan entre ellos y ellas, y apoyan a la gente que no tiene dónde vivir, o con dinero, o comida”.
Fernanda fue testigo del ataque perpetrado por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) contra la policía comunitaria el 6 de diciembre de 2025.
Recuerda que ella estaba cocinando cuando escuchó el estallido. Afuera, una camioneta cargada con explosivos, y dos personas a bordo, detonó frente a la comandancia. El ataque dejó seis policías comunitarios muertos y cuatro heridos que continúan hospitalizados.
La joven señala que esa experiencia le confirmó su vocación por servir a su comunidad, por lo que su meta es estudiar la carrera de psicología para sacar adelante a sus seres queridos y ayudar a las víctimas de la violencia.
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“Me siento bien al estar aquí, porque prefiero estar aquí que ser como otros jóvenes que están drogados o haciendo cosas que no deben hacer, como matando gente o sirviendo para otras personas [delincuentes]. Me siento bien al estar aquí, donde me apoyan estudiando, porque la condición para estar aquí es estudiar, ser una muchacha de bien, tener mi carrera y por eso me siento bien al servir aquí a la policía comunitaria”, sostiene.
Sicario a los 12 años
A 355 kilómetros de Coahuayana vive Raúl, El Pollo. Él fue reclutado por el CJNG en Aguililla, y dice abiertamente que se ha dedicado a “la malandrineada”.
“¡Soy sicario!”, enfatiza el adolescente de apenas 15 años; dice que ha cometido muchos asesinatos.
“Cuando llegaron [los criminales] me preguntaron que si quería un rifle y yo les dije que sí, y de volada me llevaron para un punto a cuidar [como halcón]”.
El Pollo es de muy pocas palabras. Su figura es escuálida, va vestido con un pantalón viejo, desgarrado y sucio, sus tenis reflejan el andar por los cerros. Es duro a la hora de fijar su desafiante mirada, sólo se agacha para cuidar su rostro.
“A los 12 años empecé [en el sicariato]. Yo quise eso. Maté por primera vez a los 12, cuando tuve un agarre [enfrentamiento]”, platica mientras no deja de mover, impaciente, sus piernas.

Relata que esa primera vez estaba en la línea de fuego y murieron al menos 10 o 15 de sus rivales.
El menor reconoce que además del rifle, la marihuana y las motocicletas, le deslumbró el pago de 3 mil pesos a la semana; cantidad que no imaginaba porque nació en una familia de extrema pobreza.
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“Aunque nos tratan mal. Pero un día normal está relajado, sin hacer nada; nomás esperando a que nos den una orden”, cuenta Raúl, quien asegura que la primera vez que mató a una persona, no se sintió mal: “Ni me espanté, nada”.
Su arma, dice, era un rifle AR-15, el cual le dieron con seis cargadores abastecidos, pero abandonó todo el día que se escapó, tras un enfrentamiento al que lo enviaron sin comer y sin agua.
En ese momento decidió jugarse la vida por última vez y dejar las filas del cártel.
“Eso ya no me gustó. Ya estaba enfadado y dije ‘ya mejor me voy a retirar’ y me les escapé”, cuenta el adolescente. Asegura que en su grupo había otros tres menores, de 13 y 14 años, pero había más en otros comandos.
El Pollo regresó a su casa antes de huir de Aguililla, porque quedarse le iba a costar la vida.
Su familia le hizo una última recomendación: “Que me porte bien”, indica. Ahora, Raúl es jornalero en los campos agrícolas de Michoacán.
La ley
El año pasado, el Congreso de Michoacán aprobó una iniciativa de decreto para reformar el Código Penal y sancionar con mayor rigor la corrupción de menores .
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Actualmente, la Fiscalía General del Estado de Michoacán tiene un total de 25 procesos penales, donde se encuentran 18 adolescentes con medida cautelar de internamiento preventivo, así como 12 adolescentes con medida diversa o estado procesal diverso, con un total de 30 adolescentes sujetos a proceso.
Además, hay dos adolescentes que ya cumplen una medida de sanción de internamiento por sentencia definitiva: uno por los delitos de homicidio calificado y homicidio en grado de tentativa, y el otro por el delito de secuestro agravado. En ambos casos con una medida de sanción de tres años de internamiento, por su edad.
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