Santa María Coapan —lugar o río de víboras o culebras en náhuatl— es un ejemplo de resistencia, de lucha constante. Una muestra viva de la forma en que las mujeres se han encargado de preservar la historia y tradición del consumo de una tortilla de calidad, explica Rafael Mier, líder de la fundación Tortilla de Maíz Mexicana.
Esta red de mujeres, señala, es muy importante para la economía local, ya que generan empleos, apoyan a productores de maíz regionales y ofrecen alimentos con alto contenido nutricional, al utilizar la técnica del nixtamal que aporta proteínas y calcio.
Pese a ello, las coapeñas se han enfrentado al rechazo institucional y apenas el año pasado conformaron el movimiento Tlaxcalli Chipahuac, que significa tortilla limpia en español.

Ello, luego de que la policía de Tehuacán comenzara a impedir que las mujeres vendieran en el centro de la ciudad. Aunado a que las autoridades acordaron con la empresa Maseca el patrocinio de la Carrera de la Tortilla.
Teresa Hernández, nieta de Teresa de los Santos García, fue una de las 12 representantes de este colectivo. Detalla que la inconformidad inició cuando varias mujeres fueron perseguidas y removidas del mercado 16 de Marzo, con el argumento de una remodelación y sin notificarles la decisión.
Ante el reclamo, platica, fueron reinstaladas en otro mercado; sin embargo, al ubicarse en la periferia de Tehuacán, el cambio impactó de forma negativa en sus ventas. Por lo que algunas coapeñas han decido regresar al 16 de Marzo, pero con el temor de ser aprehendidas o de que la policía les quite sus productos.
Después, narra Teresa, las autoridades de la Junta Auxiliar, encargadas de organizar la carrera, anunciaron que Maseca sería el patrocinador. Y aunque el movimiento pidió explicaciones, no obtuvieron una respuesta. Decidieron manifestarse el día del evento.
“Cómo era posible que nuestra competencia, Maseca, fuera patrocinador, cuando representamos una costumbre natural, nativa de un pueblo. Tuvimos que defender nuestro trabajo”.
Acciones como éstas, afirma Rafael Mier, hablan de un pueblo valiente que se niega a perder sus costumbres y su identidad. “Esto mismo pasa en muchas regiones del país. Hay otros casos, como Tlaxiaco, Oaxaca, donde la red de palmeadoras promueven la tortilla”.
Sin embargo, detalla, aún enfrentan problemas de organización, por lo que sugiere trabajar como cooperativas para reducir los costos de los insumos.
Teresa Hernández señala que ya no forma parte del movimiento: “Me salí porque no me gustó que se involucraran con la política. Nuestra cultura es aparte, es defender nuestras raíces”.
Los retos. Rafael Mier explica que en México la pérdida del conocimiento sobre la nixtamalización, el impulso de la industrialización de la tortilla, así como la falta de cifras claras en el sector son los principales retos a enfrentar.
“El desempeño de México está vinculado a la calidad de su tortilla. Si la tortilla cae de calidad vamos a tener un peor desempeño físico e intelectual”.
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