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La plaza más importante de México estaba en silencio. No importó de dónde vino cada quien, en auto o en metro, tras caminar unas calles o cruzar la ciudad: en el Zócalo todos escuchaban atentos, algunos por primera vez, una aria de ópera en vivo.
Había un antecedente de recital lírico con Plácido Domingo en Paseo de la Reforma en 2009, pero lo que se vivió anoche con la presentación de Andrea Bocelli ante una plancha llena es ya el concierto de música lírica más masivo que se recuerde en la Ciudad de México.
El italiano complació con piezas reconocibles de ópera como Carmen y pasajes corales de Carmina Burana, cruces hacia lo popular como “Amor, vida de mi vida”... y cumbia, acompañado por la icónica banda Los Ángeles Azules y la cantante Ximena Sariñana, con versiones de “What a wonderful world” y “Vivo por ella”.

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El inicio no pudo ser más agradable. La noche acompañó al público con un cielo despejado y corrientes de aire que se llevaron el calor de la tarde para dar paso a una introducción en pantalla con imágenes de la trayectoria de Bocelli, quien apareció en escena en un montaje rojo que remarcaba el 30 aniversario de Romanza.
Abrió el concierto acompañado por la Orquesta Sinfónica de Minería, mientras visuales en tonos encendidos y llamas digitales cubrían el escenario, en contraste con el público que aún se acomodaba tras el portazo registrado minutos antes en los accesos.

La soprano Larisa Martínez fue la primera invitada. Interpretó “Les filles de Cadix” y fragmentos de La vedova allegra, antes de unirse al tenor en un dueto.
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Apareció después el barítono Juan Carlos Heredia, quien reforzó el bloque coral con Carmina Burana. Luego, la violinista Rusanda Panfili elevó el pulso instrumental junto al tenor con piezas como “Libertango” y “Amor, vida de mi vida” frente a una plaza con miles de celulares en alto.
La pausa necesaria llegó con un intermedio coreográfico, acompasado por un vals que narró una historia de amor y rivalidad entre parejas y marcó la transición antes de cambiar radicalmente el tono.

Hora de bailar
Los Ángeles Azules y Sariñana irrumpieron con “Mis sentimientos”, un cambio de ritmo que, de inicio, el público no recibió bien.
Luego vino uno de los momentos más inusuales de la noche con una versión de “What a wonderful world”, con Bocelli ya de vuelta, acompañado por la base sinfónica, el pulso de cumbia y una flauta transversal interpretada por él, mientras la pirotecnia iluminaba el cielo del Zócalo capitalino.
“Gracias por estar aquí, es una noche maravillosa”, fueron las únicas palabras del italiano antes de seguir con “Vivo por ella”, también en cumbia junto a la agrupación de Iztapalapa.

El cierre regresó al terreno que mejor domina el tenor. Tras la ovación, Bocelli volvió para interpretar “Con te partirò”, uno de los momentos de mayor respuesta.
Regresó una vez más con “Nessun dorma”, aria de Turandot de Puccini, con su remate ascendente, para cerrar el concierto ante una plancha entregada.
“Bocelli, Bocelli”, gritaron miles para despedirlo.

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