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Honestamente, no recuerdo, me responde el ex presidente Felipe Calderón a la pregunta de si su gobierno recibió una alerta de atentado contra una plaza comercial o un estadio lleno, una estación de camiones, un aeropuerto.
—No te puedo asegurar que no, porque hubo muchas falsas alarmas —hace memoria Calderón—. Creo que si hubiese alguno de consideración seria, me acordaría.
Y es que en una década de guerra contra los criminales, 150 mil ejecuciones e imágenes espantosas, destaca que sólo se hayan registrado dos acciones masivas para matar personas ajenas: las granadas en el zócalo de Morelia el 15 de septiembre de 2008 y el incendio al Casino Royale de Monterrey el 25 de agosto de 2011.
Podrá alegarse que el coche bomba en Ciudad Juárez en julio de 2010. O el asesinato de los muchachos de Villas de Salvárcar. O las ráfagas en los bares de la comarca lagunera. Podría preguntarse qué fue la masacre de migrantes en Tamaulipas, o la reacción en Tabasco de los sicarios de Arturo Beltrán Leyva después de que la Marina lo mató en Cuernavaca; o los cadáveres arrojados en La Marquesa o en la periferia de Mérida o en el bulevar comercial de Boca del Río; o las balaceras a un lado de las escuelas de Reynosa, Matamoros, Tijuana, en fin. Pero hechos masivos para matar a terceros serían Morelia y el Casino Royale.
Vimos una balacera afuera del estadio de los Santos de Torreón, nunca explosivos para volar aficionados. ¿Qué habría ocurrido si, por estrategia o supervivencia, un cártel colocaba una bomba en el Estadio Azteca tras los disparos a Salvador Cabañas en el Bar-Bar; o la hacía explotar en el aeropuerto de Monterrey en los días en que Javier Sicilia conmovía al país con su movimiento por las víctimas y la paz; o en un mall de Guadalajara cuando el presidente Peña Nieto desfallecía entre Ayotzinapa y la Casa Blanca?
Que no haya ocurrido, no significa que no ocurrirá. Que los criminales mexicanos no hayan necesitado hacerlo, no significa que no lo vayan a necesitar. La tragedia de París puede servir para repasar el trabajo de proteger al ciudadano de atentados terroristas, que bien a bien no se hace en México.
Porque dudo que los protocolos de seguridad que vemos en aeropuertos, terminales camioneras, auditorios, plazas, estadios disuadan a criminales que consideren útil ultimar a niños, jóvenes, ancianos. Dudo que haya un auténtico trabajo de inteligencia para adelantar esa eventualidad.
París demostró que hoy, una vez más, la narrativa se halla en manos de terroristas. No estorbaría pensar que nos puede pasar.
MENOS DE 140. By the way, ¿cuánta de la tecnología descompuesta o inservible en julio en el penal del Altiplano ya funciona hoy?
gomezleyvaciro@gmail.com
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