La mañana tuvo un brillo distinto en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Pasadas las 9:30 horas, aterrizó el avión rojo de la marca patrocinadora con el tesoro más anhelado del futbol: el trofeo de la Copa del Mundo de la FIFA.
No fue un vuelo cualquiera. Fue la llegada del sueño que todos quieren tocar y pocos pueden levantar.
México lo recibe por tercera vez como anfitrión, algo que ningún otro país ha logrado. La Copa del Mundo no es solo oro y diseño; es historia pura.
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Es el objeto que levantaron leyendas como Diego Maradona, Pelé y Lionel Messi. Ahora, busca nuevo un dueño en 2026.
A las 11:30 horas, llegó la presentación oficial. El piloto saludó al estacionar la aeronave y, en la cabina, el trofeo relucía.
La imagen impactó. Ese dorado impone respeto. Ese brillo recuerda que millones de futbolistas sueñan con levantarlo al menos una vez.
El tour tendrá una gira de 26 días por 10 ciudades del país. Visitará Guadalajara, León, Veracruz, Chihuahua, Querétaro, Monterrey, Puebla y la CDMX, entre otras sedes mundialistas.
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Después, viajará a Estados Unidos y Canadá. Arrancará en Guadalajara y cerrará en Mérida, aunque regresará antes de la inauguración en el estadio Ciudad de México.
En el acto estuvieron Gabriela Cuevas, Delfina Gómez, Juan Ramón de la Fuente, Jürgen Mainka, Louis Balat, Hugo Sánchez y Ramón Ayala, integrante del cuerpo técnico de Lionel Scaloni.
Personalidades del deporte y la política acompañaron el momento. El mensaje fue claro: México está listo para la fiesta.
Louis Balat, presidente de Coca-Cola México, afirmó: “es un momento que tiene un significado especial. Como mexicano, estoy orgulloso de lo que es nuestro país, El trofeo sirve para inspirar a jóvenes, el futbol tiene la capacidad de unirnos a pesar de la diferencia que podamos tener. Queremos llevar un mensaje de orgullo y esperanza”.
Y agregó: “Inicia en Guadalajara, siempre ha sabido reinventarse, se levanta una y otra vez, simboliza la nación que nunca se rinde, México está unido. Seremos locales”.
Gabriela Cuevas, representante de México ante la FIFA, reiteró que Guadalajara luce en total paz: “es el momento en que culminan muchos esfuerzos. Hoy pisa tierra mexicana. Competimos en la cancha, pero fuera de ella jugamos en equipo, vamos al Mundial más grande de la historia, pero estamos construyendo la mejor Copa de la FIFA de la historia. Guadalajara demuestra que vive en paz y por eso fluye, hay orden y por eso el espectáculo brilla”.
Jürgen Mainka cerró con emoción: “Se me puso la piel chinita. Recibimos el trofeo original de la FIFA. No solo es un recorrido, es poder acercar el Mundial a la gente y conectar con la pasión que une a millones de mexicanos, que es el futbol”.
El instante más emotivo lo regaló Hugo Sánchez. El Pentapichichi caminó hacia el trofeo con paso firme y mirada profunda. Lo observó en silencio, como si repasara su propia historia con la Selección. Se quedó con las ganas de levantarlo, el que nunca pudo alzar como jugador. Se conformó con la foto oficial, pero en sus ojos se notó el deseo intacto.
Al final, Ramón Ayala, parte del cuerpo técnico de Lionel Scaloni levantó la copa y la mostró a los presentes. Así arrancó la gira del trofeo más esperado por México.
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