Aunque la reforma laboral de 2012, que flexibilizó las contrataciones y los despidos, legalizó el outsourcing (subcontratación) y limitó a un año el pago de salarios caídos, ya ha sido revertida o modificada sustancialmente, el mercado laboral en el país sigue sometido a ciertos factores estructurales que impiden que todos los trabajadores mexicanos disfruten de condiciones de trabajo óptimas y salarios justos.

“Más de la mitad de los trabajadores en México están en situación de informalidad, es decir, al trabajar por su cuenta no disponen de un contrato formal ni de ninguna prestación (seguridad social, aguinaldo, vacaciones, prima vacacional, días de descanso y reparto de utilidades). Esto hace que los avances vistos en los últimos años, como el aumento del salario mínimo, la aprobación de las vacaciones e incluso la reforma que regula el teletrabajo, no tengan el alcance deseable”, dice Ana Escoto Castillo, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y estudiosa de las condiciones laborales en Latinoamérica.

Recientemente fue aprobada también la ley de las plataformas digitales, que si bien sacó de la sombra a un grupo de trabajadores muy activos a partir de la pandemia de Covid-19 y ya reconoce sus derechos laborales, tiene ciertos umbrales mínimos para su aplicación, relacionados con la cantidad de ingresos que aquéllos deben generar (por lo menos un salario mínimo).

“Además, puede haber problemas a la hora de verificar que esta ley se cumpla, porque los sistemas de verificación no están claros y el de las plataformas digitales es un tipo de trabajo muy difícil de ubicar en un lugar específico... En suma, el balance es heterogéneo debido a que, por un lado, ya se cuenta con el reconocimiento de más derechos laborales y a que, por el otro, resulta muy complejo ver cómo los implementan las empresas y constatar que éstas se apegan a la ley en un mercado laboral en extremo segmentado, en el que más de la mitad de los trabajadores están en situación de informalidad.”

Estable

Actualmente, en un universo de 61.3 millones de mexicanos con trabajo, la tasa de informalidad laboral es de 55%, y de acuerdo con Escoto Castillo, si se revisan los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), se puede comprobar que, desde 2005 hasta la fecha, esta última ha oscilado entre 55% y 59%, o sea, ha sido muy estable.

“La tasa de empleo asalariado ha aumentado un poco: 5% con respecto a 2005; de esta manera, uno esperaría que la de empleo formal (con seguridad social y demás prestaciones) también aumentara, pero eso no ha sucedido. Por lo que se refiere a la tasa de empleo en el sector informal (comercios ambulantes, empresas familiares, micronegocios que contratan personas, pero no pueden brindarles prestaciones), se mantiene en 30%.”

En relación con la tasa de empleo informal, la académica universitaria señala que buena parte del trabajo asalariado hoy en día ya no es formal.

“Si alguien tiene un jefe o patrón, éste debería otorgarle las prestaciones de ley, pero eso es cada vez más raro en México. Lo formal se ha ido informalizando.”

Brecha salarial

Acerca de la brecha salarial entre hombres y mujeres, Escoto Castillo afirma que se ha ampliado debido, entre otras causas, a que la inserción laboral de las mujeres mexicanas no es tan estable como la de los hombres.

“Aquí, la carrera laboral de muchas mujeres es discontinua e inestable porque, luego de quedar embarazadas y dar a luz, deben cumplir sus tareas de madre. De ahí que se generen penalizaciones en su contra. Éste es un factor estructural que persiste no sólo en el ámbito laboral de México, sino también de otros países de todos los continentes.”

Condiciones críticas

Para la académica de la UNAM, en México y otros países latinoamericanos, el problema nunca ha sido el desempleo per se, sino la precariedad de éstos, las condiciones en que se desempeñan y la informalidad misma.

“La semana pasada, el INEGI publicó que la tasa de desempleo durante marzo fue de 2.4%, la más baja entre los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Y sí, es baja, pero el país mantiene una tasa muy alta de informalidad y la población con un empleo formal no crece como quisiéramos.”

La Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación (TCCO), que se deriva de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, del INEGI, mide la proporción de la población ocupada que trabaja en condiciones precarias, esto es, jornadas insuficientes de menos de 35 horas por razones de mercado, jornadas de más de 35 horas con ingresos inferiores a un salario mínimo y jornadas excesivas de más de 48 horas con ingresos inferiores a dos salarios mínimos. Cabe apuntar que, a principios de 2026, la TCCO fue de 38.3%.

“Ésta es una tasa que ha oscilado entre 36% y 37%, es decir, cuatro de cada 10 personas están en algunas de estas condiciones críticas de ocupación”, finaliza Escoto Castillo.

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