De la fascinación por el pintor Francisco Toledo nació la idea de retratar Juchitán, Oaxaca, su pueblo natal, y en esa exploración brotó la idea de hacer una película que abordase esa región a través de su propia gente, cuenta en entrevista el cineasta Juan Carlos Rulfo (CDMX, 1964), quien hoy estrena en cines su más reciente documental, Binnizá. Los seres de las nubes, filme que llevó al creador a pensar en la defensa de la tierra y en la lucha de los habitantes por preservar sus territorios y tradiciones.
La palabra binnizá, explica Rulfo, se traduce en el zapoteco del Istmo de Tehuantepec como “los seres que viven en la tierra”, de ahí el nombre de la película. El cineasta confiesa que al momento de ir a grabar a ese lugar “intentó encontrar el origen de la vida en general de mucha gente, y es que sería muy interesante que todos tratáramos de encontrar ese gran mito originario de tu espacio, que te dio vida, que te hizo crecer, que te da ilusiones todos los días”.

Rulfo recibe a EL UNIVERSAL en su estudio, un lugar que evoca al realismo mágico de su padre, el escritor Juan Rulfo, entre libros sobre el cineasta ruso Andréi Tarkovski, pósters de las películas pasadas del cineasta, cámaras y algunos rollos de películas distribuidos en diferentes espacios.
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Desde ahí habla sobre su proceso creativo, lo que encontró en Juchitán, el papel del documentalista en el siglo XXI y algunas nuevas interpretaciones que hizo de la obra literaria de Juan Rulfo al aproximarse a los defensores de la tierra. También habla de su próxima película, un documental sobre la CDMX, su espacio y el agua.
Sobre Binizzá, ¿cómo pasó de una obra sobre Toledo a una película que intenta descifrar un territorio?
Había un sentido de admiración profunda a la obra de Toledo, también por parte de Eduardo Díaz, el productor. Él se emocionó y decidimos ir a Juchitán, a ver ese origen de Toledo, viajamos muy sensibilizados con su obra, pero justo fuimos después del sismo de 2017, entonces Juchitán estaba muy golpeada todavía, aquello era una zona de desastre, era difícil, había un calor especial, la gente que Toledo había conocido estaba muy resentida, entonces intentamos entender lo que sucedía. El lugar era muy agreste, un calor, una contaminación, los ríos contaminados, los escombros, basura por todos lados, conatos de peligro por todas partes. Llegó la pandemia, pero desde antes entendimos que algo estaba pasando, empezamos a pensar que lo ideal era hacer una película sobre los Toledos, las miradas de otros personajes que estaban vivos, que no eran colegas necesariamente, pero eran gente que estaba en Juchitán, que estaba trabajando el arte o solo estaban en las andanzas de su vida.
¿Cuál fue el resultado?
Considero que, como Toledo, el resultado fue distópico, tal vez las manifestaciones diversas, ya sea la danza, la música, el arte en general, son perfectos elementos, son armas para luchar contra el desastre ambiental que estábamos viviendo y que seguimos viviendo. Y así se completó la película. Cuando regresamos de la pandemia, mucha gente ya había muerto, muchos discípulos de Toledo directos ya no estaban. Así, por ejemplo, cobró más sentido el haber conocido a Lukas Avendaño, que es un muxe, que sigue en la lucha, tratando de saber qué pasa con su hermano, pero al mismo tiempo defendiendo su territorio. Creo que la película es algo extraña al final, es hablar de la estética del desastre.
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¿Quién es el protagonista de la película?
Sin duda lo es el territorio, el retrato de un lugar, en el que existen ciertos personajes, y esos personajes son los que resienten las características muy específicas de una región, donde existe una mitología muy poderosa. Ese protagonista también son las voces, porque el retrato de algún lugar siempre tiene voces. Y estos personajes, a la vez, son paisajes.

¿Es una película que habla sobre la resistencia?
Sí, porque intenta acercarte a la tierra, al espacio, al territorio, porque ves que estos personajes sí están luchando por la salud de su tierra, que no solamente los vio nacer sino también los vio morir, o porque los enterraron ahí. Esa tierra está llena de contradicciones: delincuencia organizada, contaminación o aprovechamiento de los espacios por asuntos políticos como es el transístmico, los narcos, ellos están tratando de defenderse, no están guardados, son muy luchadores.
Esa defensa del territorio me lleva a pensar en algunos cuentos de tu padre. ¿Volviste a repensar hoy su obra?
Que bueno que lo preguntas, porque sí, él fue un gran defensor del territorio, no sólo en su relato, sino que el lenguaje que utiliza viene de la tierra, está inspirado en el espacio, de alguna forma sí me ha influenciado su obra.
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Preparas un nuevo documental, ¿qué nos adelantas?
Es sobre el territorio de la CDMX, qué está pasando en la ciudad, la mafia inmobiliaria, las lluvias, el maíz, la siembra, hacia dónde está creciendo la ciudad, Xochimilco, Chalco, y es muy triste, porque hoy los ajolotes están pintados por todos lados, pero está todo contaminado en esas regiones. Creo también que es hacer consciencia del espacio en el que habitas, y está basada en el cuadro de José María Velasco donde se pone la mirada en la Sierra de Guadalupe hacia el Ajusco, y eso lo disuelvo con una toma actual, con eso ya dijiste todo. No estoy en contra de que la ciudad crezca, pero llevamos 500 años de crecimientos desmedido. Me tocó grabar hace unos años cuando sufrimos sequía, pero de repente llegaron inundaciones y las seguimos viendo hoy, quiero seguir filmando, pero ya debo de entregar.
¿Cuál es hoy el papel del cineasta?
Creo que el cine puede estrujar, pero no te debe dejar destrozado, porque sí, está muy mal el mundo, pero me choca que se use la miseria como receta para hacer cine, creo que mi idea es conocer personajes fantásticos, entonces intento captarlos y compartirlos con la gente. Se trata también de llenar de vida, sorprenderse.
¿Qué otros planes tienes a mediado plazo?
Hay muchas cosas aún. Se cumplieron 40 años de la muerte de mi padre, queremos terminar de trabajar su acervo, hace una exhibición para reintroducir su obra, eso será después, porque tenemos que dejar bien su obra. Hay planes de trabajar la serie de El llano en llamas y Cartas a Clara con un largometraje de ficción, así como una serie de películas de personajes que quiero y admiro. Quiero ir por ellas antes de que se vayan, porque me construyeron. Y quiero seguir apoyando a los demás, como hoy que doy clases en una de las Utopías de Iztapalapa, enseñar ahí ha sido de mis mejores experiencias.
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