A Juan Villoro ( 1956) ) lo que más le ha fascinado del futbol desde niño es conversar, discutir un partido después del silbatazo final, poner en palabras la emoción que se vive dentro y fuera de la cancha. Muy temprano, desde que jugaba en equipos de futbol infantil y juvenil, encontró el placer del juego colectivo, pero también el de las historias que lo rodeaban. Las “leyendas mágicas” de los cronistas deportivos también alimentaron su imaginación, por lo que, más adelante, escribir sobre el futbol y la pasión que lo rodea se dio casi de manera natural.

“Es muy divertido ver partidos o jugarlos, pero para mí es más divertido tratar de discutirlos”, dice el autor de Los héroes numerados (Seix Barral, 2026), libro donde explora el balompié no sólo como espectáculo deportivo, sino como una fuente inagotable de historias, identidades y emociones colectivas. Ahí está lo memorable, pero también el lado sombrío de un deporte cada vez más controlado por intereses económicos y políticos.

Días antes del arranque del Mundial 2026 en la Ciudad de México, el autor nos recibe en su casa para hablar de sus recuerdos de infancia con el futbol, de sus experiencias mundialistas, de crónica deportiva, así como de las circunstancias en las que se está dando esta Copa del Mundo, un evento que, dice, parece haber sido “concebido para el desastre”.

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Entrevista con Juan Villoro, escritor. Foto: Fernanda Rojas / EL UNIVERSAL
Entrevista con Juan Villoro, escritor. Foto: Fernanda Rojas / EL UNIVERSAL

“Los once de la tribu” fue la primera crónica que escribió sobre futbol y ahora la recupera en este libro ¿tuvo que actualizarla para incluirla aquí?

Sí, en 1990 cubrí el Mundial de Italia. En el camino a Roma hice una escala en Madrid y ahí el director del suplemento cultural de El Nacional, el periódico para el que escribía, me preguntó si podía escribir un texto antes del Mundial que hablara de la gramática de la pasión, es decir, cómo conjugaba yo las emociones con el futbol y qué me llama la atención de esa locura. El texto resumió lo que yo había sentido hasta entonces, pero que no sabía que lo tenía dentro de mí, porque una de las virtudes de la escritura es que te permite descubrirte a ti mismo. Luego cubrí el Mundial y pensé que esa sería mi única experiencia escribiendo sobre futbol, pero pasó el tiempo y tuve la oportunidad de publicar un libro de periodismo cultural, ahí incluí esa crónica, incluso le dio título a ese libro. Con los años me di cuenta de que el esqueleto de ese texto seguía expresando cabalmente lo que yo pensaba del juego y lo que significa la afición a este deporte, lo que explica que pueda llenar estadios del mundo, pero había muchos elementos anticuados o que yo no había desarrollado lo suficiente.

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Me pareció importante que en este nuevo libro, donde pretendía articular los principales componentes del futbol: la pelota, la camiseta, el árbitro, el cronista, los jugadores, no podía faltar la afición y aquella crónica siguió operando, pero tenía que ser actualizado. Lo sometí a algunos cambios y es el que abre el libro.

Antes de esa crónica hubo otro relato, “El mariscal de campo”.

Sí. Fue un cuento que escribí en el taller de Tito Monterroso y que se publicó en un suplemento deportivo que se hizo con motivo del Mundial de Argentina en el periódico Unomásuno.

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Cuando mi maestro Augusto Monterroso vio que se había publicado, llamó a mi casa y dejó un recado diciendo que habían hablado del Estadio Azteca. Me dio mucho gusto que estuviera pendiente de esta publicación, una de las primeras que hice. Luego, ese cuento dio lugar a un cuadernito de una editorial marginal, La máquina de escribir, y por último se integró a mi primer libro de cuentos La noche navegable.

Menciona que de pronto las crónicas de futbol son sólo para la fanaticada, ¿cómo convertir esos relatos en algo más, que importe a un público más amplio?

A mí me importa que lo que escribo de futbol pueda conectar con alguien que no se interesa en el juego o incluso que lo detesta, pero que de pronto siente curiosidad de saber de qué trata esa locura. Yo no soy un gran apasionado de los carnavales, pero si alguien me dice: “Aquí hay un muy buen libro sobre el carnaval”, a lo mejor lo leo para saber en qué consiste esa dinámica de la pasión llena de elementos religiosos, lúdicos, eróticos, gastronómicos. Todo lo que se cristaliza en las fiestas del carnaval. Lo mismo pasa con un libro de futbol.

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Me gustaría pensar que le puede interesar a alguien muy ajeno al juego o también a alguien que sabe mucho más que yo, porque yo no soy un especialista, no soy un historiador del deporte ni un ex-entrenador, pero sí alguien que quiere encontrar otros misterios, otra manera de entender el juego. Trato fundamentalmente de contar historias utilizando al futbol como pretexto, historias de futbolistas, de jugadas, de grandes pasiones que ha despertado este deporte.

¿Desde cuándo es aficionado al futbol?

Uy, casi desde que tengo memoria. Yo me acuerdo de un partido que vi en casa de mi abuela porque ella tenía televisión y nosotros no. Tenía 4 años, probablemente en 1960, un partido de las Chivas. Luego recuerdo el Mundial de Chile 1962 que oí por radio, cuando tenía 6 años.

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¿Y cuándo llega esa curiosidad intelectual para descifrar al futbol como una materia?

A mí lo que más me gustaba en la infancia, en la adolescencia y probablemente ahora, es platicar. Me gustaba mucho hablar con mis amigos, compartir con ellos, oírles y contarles historias. Pero cuando eres niño, no invitas a alguien a tomar un café para platicar, necesitas una actividad para hacerlo y el futbol fue una actividad muy conveniente porque jugábamos en palomilla, platicábamos del partido, de otras cosas. Posteriormente, con varios amigos me inscribí en varios equipos, jugué en el Club Asturiano, en Pumitas y en el juvenil con la UNAM. Ahí se generó algo que hasta la fecha me acompaña, que es ese gusto por hablar del futbol, porque es muy divertido ver partidos o jugarlos, pero quizá para mí es más divertido tratar de discutirlos. Lo que me interesa son las palabras desde niño. Me gustaba cómo los locutores narraban los partidos y los reinventaban a fuerza de palabras, cómo ponían apodos para los jugadores, para los equipos, contaban anécdotas fabulosas; figuras como Ángel Fernández poblaron mi infancia de leyendas mágicas. Desde ese momento asocié el futbol con las historias y con la palabra. No pensé que fuera algo culto, que tuviera que ver con el arte o la literatura, simplemente me gustaba platicar del futbol y chismear al respecto, con los años me di cuenta de que ahí había un gran capital porque escribir de futbol es una manera posible de hacer crónica o literatura.

Dice que las crónicas no dependen tanto de lo sucedido, sino cómo se cuentan.

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Sí, porque García Márquez dice, a propósito de su autobiografía, que las cosas no son cómo suceden, sino cómo se cuentan y eso es cierto. Cuando alguien te cuenta una historia puedes emocionarte con algo que, a lo mejor, no fue tan apasionante, pero que ese alguien sabe mejorarlo a través de las palabras. Ese es el secreto de la escritura, darle sentido a algo que sin las palabras es un poco deslucido.

En estos tiempos el futbol se ha convertido en una industria donde intervienen muchas fuerzas económicas, políticas, ¿en qué momento ese juego bonito empieza a torcerse con otros intereses?

Sí, todas las cosas que valen la pena son susceptibles de ser manipuladas y de despertar tentaciones en el ser humano y el futbol ha sido muy codiciado. Se trata del espectáculo mejor organizado en el planeta. No hay nada que pueda competir en pasión y en espectadores con el futbol. La persona con más seguidores en Instagram es Cristiano Ronaldo. En esas circunstancias, los políticos tratan de acercarse al futbol o de utilizarlo como una cortina de humo para sus problemas, las grandes corporaciones hacen negocios, la FIFA, que supuestamente es una organización no lucrativa, se ha convertido en un megaconsorcio que trata de sacarle dinero a todo mundo. Lo vemos ahora con precios absolutamente excesivos, tenemos que pagar por ver partidos, los jugadores tienen las camisetas humilladas por ocho o nueve anuncios. Es una situación horrenda que también ha llevado a alterar los niveles de juego. ¿Cómo es posible que Cristiano Ronaldo practique el mismo deporte que jugadores que ganan muchísimo menos que él? En ocasiones, él se enfrenta a un equipo que en su totalidad vale menos que él. La especulación económica está a punto de acabar con el futbol, pero por suerte el juego ha demostrado tener anticuerpos contra estas amenazas que están a punto de destruirlo.

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Este Mundial tiene particularidades extremas, por el contexto político local y la participación de Estados Unidos. ¿Qué crónicas deberíamos estar contando más allá de la cancha?

Sí, este Mundial será muy interesante por la discusión que suscita. Aquí en México hay una reacción menos entusiasta que en los pasados dos mundiales de los que fuimos verdadera sede porque ahora sólo somos anfitriones parciales, pero hay una gran cantidad de exposiciones en museos y de discusiones en universidades, en foros de distintas profesiones que son muy interesantes. Y en parte esto se debe a la situación preapocalíptica en que se desarrolla, un mundo a punto de venirse abajo y donde el Mundial tiene circunstancias tan incoherentes como la de que uno de los invitados , Irán, está siendo bombardeado por su anfitrión, Estados Unidos. En la Grecia clásica había una tregua sagrada que impedía que hubiera conflictos durante las Olimpiadas, pero ellos eran más sabios y civilizados que nosotros, el Mundial no va a interrumpir las guerras en Gaza, Ucrania, Sudán del Sur y demás.

Además, la logística, que está hecha en función del negocio, ha involucrado a demasiados países para tener más ganancias y vender más derechos de transmisión. Los jugadores van a tener que disputar demasiados partidos y el campeón tendrá que sobrepasar ocho juegos, uno más que en el Mundial anterior. Esto traerá un gran desgaste porque los futbolistas de por sí ya llegan muy cansados al Mundial por las distintas ligas que están abusando también por intereses comerciales. La calidad de los partidos inevitablemente va a bajar porque los equipos tendrán que administrar los resultados. Entonces, el Mundial parece concebido para el desastre, pero el futbol es tan especial que, a lo mejor, podemos ver algunos grandes juegos.

En México está también el tema de la inseguridad.

Ese es un tema muy importante. La sede de Jalisco es compleja porque cerca del Estadio Akron se han encontrado restos de cuerpos humanos, no muy lejos de ahí había un campo de exterminio. El Mencho, que fue abatido recientemente, controlaba buena parte de la zona y los que ahora están a cargo del Cártel Jalisco Nueva Generación probablemente también lo hagan.

En los últimos siete años han sido asesinados 56 futbolista amateurs. Esto es una cifra preocupante. ¿Por qué se asesina a jugadores llaneros? De esos 56, 48 han muerto en el área de Salamanca, Guanajuato, en donde dos cárteles disputan el control del huachicol, el cártel Santa Rosa de Lima y el Jalisco Nueva Generación. Seguramente algunos de los muertos estaban cerca de los cárteles o les atribuían esa cercanía. No es de extrañar que la gran trifulca que ha habido en un estadio hace unos años, en el Corregidora de Querétaro, enfrentara también a dos porras, la del Atlas y la de los Gallos Blancos de Querétaro que, según se dice, estaban infiltradas por estos dos mismos cárteles. Esto no se investigó, la basura se tiró bajo la alfombra, nunca se supo en verdad cuántos heridos había. Fue una situación que se “resolvió” con una cortina de humo, pero ahí estamos viendo un tema latente, es decir, el futbol, ya sea dentro del estadio, a partir de las aficiones, o fuera de él, en campos llaneros o cerca de los estadios, como el Akron, presentan amenazas muy fuertes del crimen organizado.

Hasta ahora, los cárteles no han querido ejercer un enfrentamiento frontal con el gobierno, pero claramente han dado señales de fuerza. Cuando murió El Mencho, hubo más de 200 bloqueos simultáneos de carreteras. Eso no fue una ocupación de territorio, pero sí fue una señal de ‘aquí tenemos una probadita de lo que podemos hacer’.

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