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En 2002, cuando Pulp, una de las bandas que definieron el Britpop en los años noventa, dijo adiós a los escenarios, cada uno de sus integrantes tomó un rumbo distinto. Mark Webber (1970), guitarrista del grupo, eligió un retiro casi monástico del mundo de la música. “Rara vez escuchaba discos, ya que prefería escuchar la radio, pues sentía (no sin una cierta ironía) que me daba un vislumbre del mundo real. No quería tener nada que ver con Pulp”, confiesa el músico en Yo estoy con Pulp ¿y tú? (Sexto Piso, 2026), volumen que nació, paradójicamente, de una colección de objetos, recuerdos e imágenes que sobrevivieron a su empeño por cerrar para siempre aquel capítulo de su vida.
Presentado recientemente en México, antes del único y nostálgico concierto que la banda ofreció el 2 de junio en el Palacio de los Deportes y que marcó el arranque de su gira latinoamericana para promocionar el álbum con el que están de vuelta (More, 2025), el libro propone un recorrido visual por la historia de este grupo liderado por Jarvis Cocker, surgido en Sheffield en 1978.
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A través de testimonios y una vasta colección de objetos, que incluye recortes de prensa, collages, cartas, dedicatorias, carteles, programas de mano y fotografías, el libro da cuenta de la trayectoria de seis músicos que, en apariencia, tenían poco en común, pero que terminaron creando algunas de las canciones más representativas de una generación, con letras que abordaban el deseo y los tropiezos del despertar sexual desde una mirada alejada de los modelos tradicionales de masculinidad. “‘Do you remember the first time?’ (¿Recuerdas la primera vez’), preguntaba la canción, pero no muchos podíamos aún cantar la respuesta: ‘I can’t remember a worst time’ (No recuerdo una peor vez)...La masculinidad ofrecida por Pulp se contraponía con el culto dominante a la visión tradicional de los chicos...”, escribe Luke Turner, escritor y periodista musical, en uno de los ensayos del libro.
Veinticinco años después de aquella ruptura, y con cuentas saldadas, Mark Webber evoca sin reparos y con cierta nostalgia su primer acercamiento a esta banda que llegó a convertirse en el tercer vértice de la célebre rivalidad que, a mediados de los 90, protagonizaron Blur y Oasis, las dos grandes referencias de aquel movimiento cultural británico. De presidente del club de fans de Pulp, Webber pasó a ser tour manager de la banda y finalmente se convirtió en guitarrista. En esta entrevista, realizada días antes del concierto en Ciudad de México, el músico habla de su temprana pasión por el coleccionismo de discos y por el cine de vanguardia, que fue su refugio cuando inició la vida lejos de la música.
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¿Qué te atrajo inicialmente de la música de Pulp? ¿Qué te llamó la atención de "Little Girl", la primera canción que escuchaste?
Como lo cuento en el libro, crecí en un pueblo pequeño (Chesterfield) y había una tienda de discos alternativos a la que iban todos los chicos interesados en cualquier cosa que no estuviera en las listas de éxitos. Yo pasaba mucho tiempo en esa tienda. Una vez, uno de los chicos que trabajaba allí me dijo: “Hay un disco nuevo de un grupo llamado Pulp, de Sheffield, a unas 12 millas de aquí. Creemos que te gustará”. Me lo pusieron y en esa canción, “Little Girl with Blue Eyes”, hay un evidente guiño a The Velvet Underground, de quien yo era un gran fan. Así que me encantó de inmediato.
La canción tenía unos sonidos extraños, como el llanto de un bebé en medio. Es como si tuviera un toque de rareza, pero al mismo tiempo era una canción muy bonita. Eso fue lo primero que me llamó la atención y, unos meses después, fui a ver un concierto de ellos y no podía creer que algo tan original, genuino y único se estuviera creando a unas 12 millas de donde yo había crecido. Me pareció increíble.
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Además, yo aún iba al colegio y, aunque los miembros del grupo sólo eran cuatro o cinco años mayores que yo, me parecían unos adultos muy maduros que entendían el mundo, lo cual resultó no ser cierto, pero en ese momento fue como si algo parecido a The Velvet Underground estuviera sucediendo muy cerca de mi casa y era maravilloso.
Por aquella época escribías también un fanzine
Era un fanzine llamado Cosmic Pig y se centraba en los grupos locales. No eran necesariamente los que me gustaban, pero eran los únicos a los que tenía acceso. Tenía yo 14 o 15 años, así que si había algún grupo dando un concierto, iba a entrevistarlos y escribía sobre ellos para mi pequeño fanzine. Un año después ya había descubierto mucha más música que me interesaba, sobre todo psicodélica. Descubrí a Spaceman 3, a Robyn Hitchcock. Hacían giras y yo me acercaba a sus venues por la tarde, me quedaba por allí y les preguntaba si podía entrevistarlos para mi pequeño fanzine. Eran muy generosos y había mucha gente escribiendo fanzines, era parte de la cultura.
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¿Tienes una colección de esos fanzines?
Sí, algunas de las fotos publicadas en ese fanzine las reproduje en este libro, pero lo que escribía da bastante vergüenza (ríe). También tengo cajas con fanzines de otras personas de aquella época. Fue una época bastante emocionante.
Hablando de coleccionismo, cuentas que empezaste a comprar viniles desde muy joven. ¿Conservas tu colección? ¿Qué tipo de música solías coleccionar entonces?
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Sí, gastaba todo mi dinero en discos o en ir a conciertos, pero dejé de comprarlos hacia 1999 o 2000. Empecé a comprar CDs. Tengo cientos de CDs y no tuve un tocadiscos para vinilos durante unos 20 años, hasta el año pasado que me compré uno. No soy de esas personas adictas al vinilo y a su sonido. Me basta con escuchar Spotify, si la música es buena.
Mis dos grupos favoritos allá por 1986- 1988 eran Pulp y Space Men 3, pero gracias a Space Men 3 descubrí un montón de otros grupos como Suicide, Tav Falco’s Pantera Burns, The 13th Floor Elevators, The Stooges y The Beach Boys; y, si me gusta un grupo o un artista, me compraba todos sus discos porque creo que incluso los malos te dicen algo sobre ellos y tienen algo que ofrecer. Así que tengo todos los discos malos de The Beach Boys y todos los discos malos de David Bowie que salieron cuando yo estaba descubriendo su música.
¿Y cómo fue que lograste conservar esta colección de memorabilia de Pulp, teniendo en cuenta tus intentos por olvidar todo ese periodo de tu vida en algún momento?
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Simplemente siempre guardo cosas, no sólo sobre Pulp, sino todo tipo de cosas. Por ejemplo, hojas informativas de exposiciones que tomo cuando voy a una ga lería, guardo todas mis entradas de cine. Tengo una caja donde guardo todas esas cosas. Solía comprar libros que reproducían, por ejemplo, viejos carteles de Velvet Underground y recortes de prensa, y me encantaba la calidad de ese material antiguo, por eso decidí guardar todas las cosas de Pulp, o al menos todo lo que pudiera. Las fui guardando en cajas durante años. Poco después de descubrir al grupo, fundé el club de fans cuando empezaron a tener seguidores y fue un pretexto para tener todos estos recuerdos; luego, cuando me uní al grupo, simplemente las guardé sin ningún motivo concreto y estaban en cajas en la habitación que tenía como desván en mi casa.
Durante la pandemia, en pleno confinamiento, revisé todas las cosas que había guardado en esa habitación, descubrí mis cajas de Pulp y empecé a revisar todo ese material, hallé cosas que había olvidado y pensé que quizá podría dar lugar a un libro interesante. Eso fue mucho antes de que se hablara de nuestro reencuentro, nunca imaginé que eso volvería a suceder.
¿Repasar estos recuerdos te ayudó a hacer las paces con tu pasado en la banda?
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Sí, en cierto modo, aunque creo que ya había hecho las paces. Como cuento en el libro, para cuando el grupo puso pausa a su carrera en 2002, yo ya estaba muy frustrado con el mundo de la música. Estaba aburrido de formar parte del grupo. La mayoría de nosotros, de hecho todos, acabamos por no querer seguir con ello, así que, aunque no nos peleamos ni nada por el estilo, al final nos dejó un regusto un poco amargo. Fue un final un poco triste porque, simplemente, todo se detuvo de golpe y después de eso, pasé muchos años en los que ni siquiera quería pensar en Pulp ni en la música. Dejé de escuchar música. No tenía ningún instrumento en casa. Dejé de tocar. Sólo escuchaba programas de radio con tertulias. Ocho o nueve años más tarde surgió la idea de volver a reunirnos y dar algunos conciertos de nuevo, cosa que hicimos en 2011-12, en la primera reunión, y ya casi me había hecho a la idea. Y creo que si me lo hubieran preguntado antes de entonces, probablemente habría dicho que no, que no quería hacerlo.
Pero había pasado el tiempo suficiente como para tener ganas de ver qué pasaba y, desde el primer momento en que nos reunimos con los instrumentos y tocamos una canción juntos, fue increíble lo natural y fácil que nos resultó. Así que estuvimos dos años dando conciertos. Hicimos las paces entre nosotros, hicimos las paces con el pasado. Lo pasamos genial. La gente estaba muy ilusionada por volver a vernos. Y luego eso se acabó de nuevo. Me casé, tuve un hijo, llevé una vida completamente diferente y pasaron otros diez años antes de que surgiera la idea de intentar volver otra vez.
¿Sigue creciendo esa colección de objetos? ¿Sigues coleccionando?
Sigo coleccionando cosas, pero también pienso que, cuando el grupo alcanzó su mayor éxito, se volvió difícil coleccionarlo todo porque se producía muchísimo en todo el mundo. Se producían cosas que ni siquiera había visto y, hoy en día, la dificultad radica en que ya no se hacen objetos físicos, la gente ya no hace folletos para anunciar conciertos ni material promocional; todo es digital. Es un poco difícil conservar ese tipo de cosas. Así que, cuando se producen objetos físicos, intento conservarlos.
¿Has encontrado algo interesante en México?
Los fans mexicanos, Pulp México, son muy entusiastas y muy trabajadores, y hacen un montón de cosas por su cuenta. Siempre están haciendo pegatinas, carteles, postales y cosas así. Así que yo colecciono todo eso.
Después de Pulp, hallaste refugio en el cine de vanguardia. ¿Cómo surgió tu interés por estas cintas?
Todo empezó cuando leí sobre The Velvet Underground y el tipo de cultura de donde surgieron en Nueva York en los 60. Soy además un obsesionado de Andy Warhol desde los 14 o 15 años. Y, al leer sobre su vida y su obra, descubrí que había hecho muchas películas que no había visto y que estaba muy vinculado a una cultura cinematográfica concreta de la Nueva York de los 60. Sabía que existían esas películas porque se proyectaban muy raramente, pero no había tenido oportunidad de verlas. Cuando empecé a verlas, me entusiasmaron mucho y no podía entender por qué tan poca gente las conocía. Así que me propuse dar a conocerlas y hacer que más gente las apreciara, empecé a organizar proyecciones y, con el tiempo, a escribir libros sobre ese cine. Aprendí mucho más sobre el mundo, la humanidad y la vida viendo estas películas y conociendo a los cineastas de lo que jamás había aprendido con la música.
Organizaste una exposición en el Barbican Center en Londres sobre el cine de vanguardia en Hollywood, pero ¿has investigado las vanguardia de otros lugares?
Claro, lo del Barbican fue el primer gran proyecto que hice en 1998; después, descubrí la escena underground neoyorquina desde los 50 hasta los 80. Eso era lo que realmente me interesaba, pero tras unos años explorando eso, empecé a descubrir movimientos paralelos en todo el mundo. Y sí, cada país tenía sus cineastas de vanguardia. Había algunos en México.
¿Qué has descubierto sobre la vanguardia en el cine mexicano?
Me preocupaba que me preguntaras eso. Hay un cineasta mexicano llamado Teo Hernández que rodó la mayoría de sus películas después de mudarse a Francia y ahora se le está redescubriendo. Goza de gran prestigio en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Sus películas son bastante interesantes. Hay otros, pero me cuesta recordarlos ahora mismo.
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