Las formas de violencia colectiva que han surgido y dividido a las sociedades humanas desde la prehistoria, sigue siendo objeto de estudio para muchos científicos.
Un nuevo estudio publicado en la revista estadounidense Science, revela que los cambios en las relaciones sociales y las rivalidades locales son un catalizador para fracturar un grupo y desencadenar agresiones letales, incluso en ausencia de diferencias culturales a las que se enfrentan los humanos.
El caso analizado es el de los chimpancés de Ngogo, en el Parque Nacional Kibale (Uganda), un grupo que vivió unido durante décadas y que acabó dividiéndose en dos bandos que se enfrentaron hasta la muerte.

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Los investigadores reconstruyeron 24 años de redes sociales, 10 años de seguimiento por GPS y 30 años de datos demográficos de esta población, la más numerosa estudiada hasta la fecha: aproximadamente 200 individuos, entre ellos más de 30 machos adultos.
Los resultados mostraron que la violencia colectiva no requiere “enemigos externos” ni símbolos de identidad, basta con que las relaciones internas se deterioren.
Con el estudio se identificaron tres fases que ayudan a explicar el comportamiento violento entre los primates.
Cambio abrupto en la jerarquización masculina: Las interacciones entre todos los miembros se concentraron repentinamente en dos subgrupos cohesionados, con una marcada separación de contactos entre ellos.
Dos años de creciente separación: Los animales empezaron a evitar sistemáticamente a sus antiguos compañeros, consolidando la separación física y social hasta formar dos grupos independientes.
Agresiones letales: Antiguos miembros del mismo grupo, que habían vivido, comido, acicalado y patrullado juntos durante años, se convirtieron en objetivos de ataques mortales una vez que pertenecían al otro grupo.
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De acuerdo con el estudio se registraron las muertes de 14 machos adolescentes y adultos adicionales del grupo central entre 2021 y 2024. Además, ninguno de los machos desaparecidos presentaba signos de enfermedad, por lo que se infiere que fueran víctimas de agresiones letales por parte de los chimpancés occidentales.
A partir de 2021, la agresión letal se extendió a las crías. Se observaron "14 infanticidios (6 hembras, 6 machos y 2 de sexo desconocido)" y se infieren "tres infanticidios adicionales cometidos por machos occidentales contra crías centrales".
El estudio de los chimpancés de Ngogo documentó cómo los cambios en la forma de relacionarse puede "fracturar una comunidad y catalizar la violencia colectiva".
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