Los grandes cambios, en cualquier ámbito público, -ya sea económico, social o político-, están precedidos de momentos significativos.

El conflicto entre los taxistas de sindicatos tradicionales y el sistema de transporte de taxis denominado Uber, tiene muchas lecturas y significados, principalmente hoy que la Comisión ederal de Competencia Económica, -Cofece-, se pronunció a favor de Uber por reconocer en su servicio un modelo innovador caracterizado por el uso de la tecnología.

Podemos entender este conflicto gremial como la lucha entre un sistema comercial caracterizado por el proteccionismo corporativista que durante muchas décadas funcionó en México con el apoyo gubernamental y el nuevo sistema competitivo promovido por la globalización, donde la máxima es renovarse o desaparecer del mercado.

Son dos mundos confrontados. Uno representa los vicios del proteccionismo que hoy es un lastre al desarrollo del país y el otro el futuro, donde México deberá volverse competitivo.

Los taxistas de perfil sindicalista, -que hasta hoy es el predominante en México-, ven en el sistema de taxis Uber una competencia desleal, simplemente porque están mejor organizados y con autos de modelo reciente,  unidades limpias e higiénicas, seguridad y todas estas ventajas por un precio equitativo al que los usuarios hoy estamos acostumbrados a pagar.

El proteccionismo en el ámbito comercial favorece a unos cuantos dueños del negocio y perjudica a la mayoría de los consumidores y usuarios de servicios.

Como referencia podemos recordar que cuando empezó a verse el impacto del TLC en México, -antecedente para nosotros del fenómeno de la globalización-, a finales de los años ochenta e inicios de los noventa, comenzamos a descubrir que muchos productos que siempre habían tenido precio alto y calidad limitada empezaron a competir contra productos similares fabricados en el extranjero y con menor precio.

A final de cuentas muchísimas de esas empresas nacionales mejoraron su tecnología, sus sistemas de producción y bajaron sus precios y hoy son empresas altamente eficientes y competitivas en sus mercados y en relación con el mercado global al que muchas de ellas hoy exportan.

El proteccionismo gubernamental cuando existe, solapa la ineficiencia y el abuso en precio por parte de unos cuantos. En contraste, la competencia abierta y transparente estimula la innovación y el mejoramiento en los servicios además de poder impactar favorablemente en el precio.

Muchos taxistas que hasta hace poco daban servicio en el sistema tradicional se han movido hacia el sistema Uber y ellos mismos han declarado en entrevistas publicadas, estar satisfechos con los beneficios que les da el nuevo sistema.<p>

La innovación de Uber inicia cuando a través de una aplicación que se instala en el teléfono móvil se inscribe el usuario, -que puede ser cualquiera de nosotros-, como un abonado al servicio, pues el pago de las contrataciones será cargado a la tarjeta de crédito seleccionada por el usuario o cliente.

Las contrataciones de cada servicio se harán a través del teléfono móvil, donde el usuario recibirá el aviso de cuál es el auto que pasará a buscarle, número de placas e incluso la fotografía del conductor.

Desde otra perspectiva, Uber puede convertirse en un modelo que estimule radicalmente el mejoramiento de la vialidad en la ciudad de México y otras metrópolis del país.

El desorbitante crecimiento del número de autos en circulación actualmente en las calles responde a que la clase socioeconómica calificada como "clase media", -así como las de mayor nivel económico-, no confían en el servicio público y prefieren utilizar auto propio. Por ello vemos autos con un solo pasajero, -que es el mismo conductor-, lo cual impacta también al medio ambiente estimulando la contaminación atmosférica.

Si se estimula el servicio tipo Uber, podría mejorarse la vialidad en las calles, pues sería más cómodo contratar un taxi que utilizar el vehículo propio y enfrentar la problemática búsqueda de estacionamientos y su alto costo.

Consideremos también que si México pretende convertirse en una potencia turística, -que hoy no es-, el servicio de taxis es fundamental como parte de su oferta de calidad al visitante. Además es una garantía para combatir la percepción de inseguridad que hoy existe en el extranjero.

A final de cuentas para todas las opciones de servicios de taxi hay mercado. El público tradicional no se complicará y seguirá utilizando el servicio de taxi al que está acostumbrado, utilizando el auto que en el momento en que lo necesita está disponible.

En cambio, quien prefiere esperar o tener un servicio organizado y planificado, utilizará Uber y las otras opciones similares que entrarán al mercado, como lo es Cabify y otras que seguramente se incorporarán a este mercado.

Es más probable que empresas como Uber y Cabify estén reguladas y paguen impuestos, que los taxistas tradicionales, que se organizan en el mundo de los liderazgos vinculados a los partidos políticos y organizaciones del sector popular protegidas por los gobiernos como parte de la reserva electoral.

Lo más probable es que la competencia estimule un mejoramiento en la calidad del servicio de los taxis tradicionales.

La experiencia muestra que hay mercado para todas las ofertas de servicios. Esperemos que las autoridades gubernamentales no se dejen presionar por los taxistas tradicionales, pues vulnerarían los derechos de un segmento de la población que está en espera de servicios de calidad de este perfil.

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