Han concluido las campañas y podemos decir que ninguna elección había generado tanta conversación pública como la que concluirá en las urnas el próximo domingo 1º de julio. La cantidad de medios electrónicos, medios digitales, impresos y redes sociales que se involucraron en el desarrollo de las contiendas superó todas las expectativas.

Y esto es una buena noticia, ya que durante el proceso electoral de 2018 hemos insistido en la importancia de que la ciudadanía se informe para que ejerza un voto libre. Esta insistencia deriva, por una parte, de nuestra convicción de que el voto es libre sólo si es un voto informado, y, por otra, de que, ante la cantidad de cargos en disputa, las fórmulas de competencia y el número de candidatas y candidatos que están registrados para competir por dichos cargos, los electores deben realizar un esfuerzo especial para conocer cientos de plataformas electorales, identificar los nombres de los candidatos que corresponden a su ámbito geoelectoral, así como conocer las propuestas, proyectos, personalidades y trayectorias profesionales de quienes aspiran a obtener el sufragio.

Para responder a estos requerimientos informativos, las candidatas y candidatos contaron no sólo con los tiempos del Estado en la radio y la televisión, sino con un vasto financiamiento público para sus labores partidistas y de campaña.

Han sido tres meses en los que la competencia electoral dominó el debate público, y los hechos e interpretaciones sobre el desarrollo de las campañas electorales, por su efecto noticioso, se fueron imponiendo en los medios electrónicos, en los textos de articulistas, columnistas y reporteros de periódicos y revistas, y hasta en las conversaciones que cursan en las redes sociales.

Las encuestas y sondeos de opinión, como sucedió en otras contiendas, sirvieron para mostrar a la opinión pública las preocupaciones y preferencias de los distintos contendientes, según sus metodologías y mecanismos de procesamiento.

Probablemente, en los próximos años, los comicios de 2018 se recordarán tanto por haber sido la elección más grande de nuestra historia democrática y la que cerró el primer ciclo de evaluación del sistema nacional de elecciones como por haber sido la primera contienda en la que los medios digitales y las redes sociales se convirtieron en una herramienta indispensable para entender de manera adecuada el funcionamiento de la competencia democrática.

En este contexto, y ante el reconocimiento de las redes sociales como herramienta informativa, el INE desplegó una estrategia digital orientada a atraer a las audiencias jóvenes que sólo se informan de los asuntos públicos a través de dichas redes, con la finalidad de mantenerlos informados sobre temas y procedimientos relevantes de la organización electoral y provocar su interés por los tres debates presidenciales.

Uno de los resultados más evidentes de estas innovaciones en materia de comunicación es que los tres debates, además de haber dejado atrás los conceptos acartonados y controlados para beneficio de los candidatos, fueron más dinámicos, se pensaron para despertar interés en las audiencias, y seguramente por ello se convirtieron en trend topic a nivel mundial durante la transmisión en vivo (cabe mencionar que en conjunto acumularon una audiencia en medios digitales de más de 36 millones de personas).

Para decirlo en breve, una vez más las elecciones fueron un factor ordenador de la vida pública. Los partidos, coaliciones, candidatas y candidatos difundieron los contenidos que consideraron adecuados a sus estrategias. Las cámaras y organismos empresariales, así como las organizaciones de la sociedad, las instituciones de educación, contribuyeron a la deliberación democrática y ejercieron su derecho a la libertad de expresión. Con la propaganda difundida durante los 90 días de campañas, podría decirse que se ha hecho lo posible para que la sociedad esté informada.

Por ello, a tres días antes de la jornada electoral y en cumplimiento de lo establecido en nuestra legislación, es tiempo de que los contendientes guarden silencio; que los medios se abstengan de difundir encuestas de opinión y que los gobiernos eviten promover los actos de sus gobiernos. Es tiempo de respetar la reflexión de los ciudadanos y dejar que ellos, en la intimidad de sus casas, decidan a quiénes confiarán el ejercicio del poder político para los próximos años. El tiempo de la propaganda concluyó. Es tiempo de reflexión y de prepararse para ejercer el voto libre.

Consejero presidente del INE

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