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cristina.pineda@eluniversal.com.mx
Cynthia Klitbo ha enseñado a su hija Elisa, de nueve años, sobre su trabajo como actriz, por lo que no le da miedo que la vea en situaciones comprometedoras como son las eróticas.
“Ella es hija de artista; viendo es como yo me apasioné. En nuestra casa se habla abiertamente del sexo, se le han contestado sus preguntas, es precoz. Quiero que sea una mujer abierta con responsabilidad, que disfrute y sepa”.
Por eso la llevará a verla por primera vez al teatro en su nuevo proyecto Caricias perversas barroco, bajo la dirección de Marta Luna, que se desarrolla en medio del contexto de la Revolución francesa, junto a Víctor Carpinteiro y Hernán del Riego, y donde se mostrará en algunas escenas sensuales que fueron cuidadas estéticamente.
Basada en el escrito realizado por Tomaz Pandur y Darko Lukic, además de las cartas originales, retratará por dos meses, desde su estreno el 1 de agosto en El Círculo Teatral, las relaciones sadomasoquistas entre la marquesa de Merteuil, el vizconde de Valmont y Madame de Tourvel.
“Todos hemos vivido alguna relación peligrosa; queremos jugar una apuesta, pero el dolor acaba desgarrando tu corazón y acabas perdiendo. La humanidad es cíclica y, cuando te olvidas de una guerra ésta vuelve, así como un rompimiento o una ilusión”.
Para Carpinteiro, ser amigo de la actriz no le ayudó a “perderse el respeto” y pensaba repetidamente “¿cómo le voy a meter la mano, todo implica un acuerdo”. Esas mismas escenas son interpretadas por Klitbo.
Con 65 butacas y el público dividido entre mujeres y hombres sus actores expresan que la sociedad sigue siendo hipócrita y que el tema puede ser actual, por lo que por su doble moral la obra sienta muy bien en México. Klitbo explica las razones por las que se identifica con su personaje.
“Es aguerrida, y yo creo que, para mis tiempos, estoy un poco adelantada. La podría considerar de las primeras feministas; decidió hacer con su cuerpo, y vivir, como le dio la gana”.
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