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Esta vez no. La afición del Guadalajara estuvo lejos de ser una abrumadora mayoría en el estadio Nemesio Díez. Los seguidores rojos cumplieron con reducir a su mínima expresión a la fanaticada rival, acostumbrada a llenar los estadios visitantes.
Las cartas fueron bien jugadas por la directiva escarlata. Privilegiaron a sus abonados para que el recinto mexiquense realmente resultara una aduana en contra de las Chivas.
Desde que el miércoles, Francisco Suinaga, vicepresidente del Toluca, descartó en La Quiniela de Universo Deportivo que hubiera una “invasión chiva”, que sucedería lo mismo que en el duelo frente al América: apenas un puñado de fans visitantes en el Nemesio Díez.
Anoche sucedió algo similar. Los seguidores rojiblancos quedaron confinados a unas de las esquinas del recinto futbolero.
Por si fuera poco, la parcialidad tapatía tuvo que recurrir a la reventa para obtener los pases. Sólo así pudieron entremezclarse con los fieles endiablados.
Ese reto significó un fuerte desembolso para los “Chivahermanos”. El pago en la reventa por entradas que originalmente valían en taquilla 350 pesos, fue de hasta mil.
Otra opción para ingresar al duelo, más allá de los personajes que revendían afuera del estadio, estaba en convencer a algún abonado choricero de dar su boleto a cambio de unos mil 600 pesos para estar en la zona con mejor vista. Algunos accedían, otros prefirieron entrar para apoyar a los demonios.
Ya al interior del inmueble, pudieron más los gritos rojos que los del Guadalajara. Las banderas y bufandas que se expusieron en el cielo de Toluca tenían a los Diablos Rojos como insignia. Los cánticos retumbaron para alentar a los de casa.
El pequeño grupo de animación de Chivas intentó contrarrestar la desventaja, pero el Rebaño Sagrado supo lo que es ser visitante en el “Infierno”.
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