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hector.morales@eluniversal.com.mx
Perseguir un balón para anotar gole sirve a Othokari González para sonreír, luego de que hace casi un año “sobreviviera a un ataque de 200 balazos”. El futbol es una terapia para el ex jugador de los Avispones de Chilpancingo.
“Ahorita me ha ido bien. Estoy en un equipo de Chiapas que se llama Valle Verde y he salido adelante, gracias a Dios”, narra el delantero, quien estuvo en el atentado de un comando armado contra el conjunto guerrense, el 26 de septiembre de 2014.
“El futbol me ha servido de una buena manera. Como es lo que más me gusta, ayuda demasiado. Estoy muy agradecido”, agrega convencido el delantero.
Othokari recuerda a su amigo fallecido en el incidente, David Josué García Evangelista. “Está conmigo en todos los partidos”, dice.
“Cada vez que meto un gol, levanto las manos hacia el cielo. El 26 voy a sacar una playera con una frase que va dedicada a él y a su familia”, comparte el ariete.
El sueño de ser futbolista no se quedó atrás. Al contrario. González admite su interés por firmar algún día con los Jaguares de Chiapas
“Mi familia me llama todos los días para saber cómo estoy. Quiero ser futbolista profesional, buscar, primero, una Segunda División y de ahí brincar a la Primera División”, comparte alegre por disfrutar de lo que más le gusta en la vida: jugar al futbol.
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