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Su cuerpo aún lo atormentaba por los golpes que Gennady Golovkin le había asestado, pero el dolor de ver a su país caer, despertó en Saúl Canelo Álvarez la necesidad de ayudar a la gente que probablemente tres días antes se juntó alrededor de algún televisor para verlo pelear.

Unas cuantas horas habían transcurrido del terremoto que sacudió el centro de México el 19 de septiembre del año pasado, cuando el Canelo suspendió sus vacaciones y decidió regresar a su casa en Guadalajara.

Con el rostro magullado por el combate, puso unos lentes oscuros para cubrir sus ojos y condujo al DIF de la capital de Jalisco, donde cargó las cajas de víveres que la sociedad tapatía envió.

El boxeador no sólo pausó su descanso para convertirse en voluntario. Aportó cerca de un millón de dólares para la compra de alimentos, medicamentos y material de rescate para los afectados.

“Siempre me gusta apoyar en este tipo de situaciones [desastres naturales], son cosas que no esperas y afectan a muchas familias. Me gusta poner mi granito de arena. Le puedo decir a toda la gente afectada que tenga mucho ánimo, que hay que tener fe, porque eso es lo último que muere”, declaró Álvarez después del choque contra Golovkin.

El jalisciense lo hizo casi en el anonimato. Las redes sociales alertaron la presencia del boxeador que venía de Las Vegas, donde empató con Golovkin.

“Saúl siempre ha pensado que la mano izquierda no debe saber lo que hace la derecha. Nunca le ha gustado andar diciendo las cosas que hace, pero sí es alguien muy solidario”, declaró su entrenador José Chepo Reynoso.

La cuenta de DIF en Twitter fue la que notificó que ahí estaba el Canelo. Cuando la prensa se dirigió a fotografiarlo y entrevistarlo, el pugilista se había retirado.

“Más de mil voluntarios, incluido el pugilista, llegaron a reunir la carga de tres tráileres en apoyo a los damnificados” publicó el DIF de Jalisco.

Antes de la pelea del 16 de septiembre del año pasado, el Canelo tuvo presente a las personas que sufrieron el sismo del 7 de ese mes. Les dedicó su actuación.

“Siempre peleo por mi gente, por todos los que han seguido mi carrera. Sé que para muchos de ellos hoy fue muy difícil verme. Ojalá les haya podido dar alguna alegría para pasar el momento”, dijo Álvarez en ese entonces.

En 2013 había donado, en compañía de empresas cementeras y una bancaria, 11 millones de pesos para la comunidad de Quechultenango, Guerrero, golpeado por las tormentas durante el mes de septiembre en ese año.

Ahí también se remangó la camisa y, a pico y pala, ayudó a la población.

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