Dania Ravel, ex consejera electoral, coloca una alerta en la nueva elección de . Si llega hacerse como en 2006, cuando el Congreso eligió algunos consejeros sin consenso de todos los partidos, las elecciones federales de ese año carecieron de legitimidad y la gente salió a las calles acusando un fraude.

En entrevista con , la consejera saliente también lamenta que las últimas reformas a la organización interna del Instituto Nacional Electoral (INE) hayan “desnaturalizado” la lógica de un instituto cuya base es la colegialidad, precisamente, para darle certeza y aprobación social a las decisiones que se toman desde el Consejo General.

Sobre la reforma electoral, la exconsejera afirma hubiera sido bueno ver en la Constitución la consecución de ciertos derechos, como la postulación de candidaturas con paridad e inclusivas, criterios que ahora solo quedan a consideración del Consejo General del INE.

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¿Qué cambió en el INE en estos nueve años?

Sin duda, no es el mismo Instituto que yo vi cuando llegué en 2017. Creo que hay varios sucesos que han marcado una pauta en este cambio, pero quizás el más relevante es el cambio de integración del Consejo General. En esta tercera etapa, lo que advertí fue un cambio rotundo en la manera de trabajar.

Me parece que hubo una renuncia a tratar de consensuar para generar acuerdos y esa renuncia se ve muy palpable no solamente en la actitud, sino en la modificación que se hizo a la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales en su artículo 45, cuando se hizo la reforma del Poder Judicial, es decir, en un tema que no tenía absolutamente nada que ver para darle la facultad absoluta y única a la presidencia del instituto para hacer las designaciones de las personas directoras, ejecutivas y unidades técnicas.

Eso rompe con la naturaleza colegiada del propio instituto y, además, tiene otro efecto nocivo, deja la responsabilidad y la carga de los nombramientos completamente en los hombros de quien preside. Así es que, si hay un mal perfil en un cargo, si hay un mal desempeño en una de las direcciones ejecutivas, pues es directamente atribuible a la única persona que designó ese servidor público, que sería la presidencia.

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¿Le restó al INE legitimidad el tema de esa reforma?

Yo creo que, por lo menos, desnaturaliza la esencia del Instituto, porque me parece que hay una lógica en poner un máximo órgano de dirección que esté integrado por 11 consejeros y consejeras. Y ese tema tiene que ver con la probidad y con escuchar las distintas visiones para tomar decisiones relevantes y que, además, estas decisiones se tomen en una mesa con sesiones públicas, de cara a la ciudadanía argumentando por qué se están tomando esas decisiones.

Y creo que todo eso, en conjunto, sí blinda al instituto y, también, le da más legitimidad desde la perspectiva de que se transparentan las decisiones más relevantes y los motivos de por qué se están tomando esas decisiones.

¿Qué riesgo correría la democracia si el INE un día se carga completamente hacia una sola fuerza política?

Ya tenemos la experiencia de 2006. Se hicieron designaciones de consejerías electorales sin el consenso de todos los partidos políticos –en ese momento del entonces PRD– y ¿qué fue lo que pasó? Bueno, la legitimidad de las elecciones de 2006 se puso en duda y salió la gente a las calles, porque, de entrada, no confiaban en el árbitro que tenían. A ese extremo se puede llegar. Eso concluyó incluso pues con la destitución de consejerías electorales, empezando por el presidente del entonces Instituto Federal Electoral.

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¿A usted qué le hubiera gustado que sí incluyera la reforma electoral?

Primero, todos los avances que hemos tenido en materia de inclusión y derechos humanos, que estuvieran ya en la legislación, en la Constitución, porque yo lo que he visto es que parece que estos avances están supeditados a quienes integran el Consejo General del Instituto.

Otra cosa que yo creo que se debía haber puesto es, precisamente, lo que estamos viviendo algunas consejerías electorales y que sí fue motivo de propuesta en lo que mandamos a la Comisión Presidencial: que no se pueda perseguir a las y los consejeros electorales por el sentido de su voto en el Consejo General.

Me parece un tema fundamental para garantizar la independencia y la libertad del voto de las y los consejeros en el Consejo General. Entonces, creo que eso es algo que se tendría que prever. No es posible que administrativamente se pretenda controlar a los consejeros electorales que deberían de tener libertad para emitir su voto.

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¿Cuál fue uno de los mayores retos que usted enfrentó como consejera y cuál fue el mayor de los retos que enfrentó el Consejo General del INE en estos nueve años que usted fue consejera?

Fueron varios los retos y, además, parecía que los retos subsecuentes iban superando los retos anteriores. Todo parecía un reto muy fuerte hasta que veías el que se te avecinaba. Entonces, por ejemplo, lo primero pues fue lo del COVID-19. Fue para nosotros impensable que tuviéramos que detener unas elecciones.

Y luego, el reto era convencer a la ciudadanía de participar con nosotros en las elecciones, primero, como funcionarios en mesa directiva de casilla y, luego, para salir a votar. Y comprar, además, insumos que no teníamos originalmente planeados, lo cual implicaba más gastos, como el gel antibacterial, las mascarillas, tener espacios más grandes para la sana distancia, en fin.

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dft

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