Las condiciones climáticas en la Ciudad de México presentan desafíos constantes para el mantenimiento de las prendas y el calzado.
Durante los episodios de lluvia intensa, la saturación de agua en los materiales no solo compromete la estructura del zapato, sino que favorece la proliferación de bacterias responsables de los aromas desagradables.
De acuerdo con el National Environmental Health Association (NEHA) de los Estados Unidos, la humedad atrapada en calzado cerrado es el ambiente propicio para el desarrollo de hongos y bacterias que degradan las fibras y afectan la salud dérmica.

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Esto puedes hacer para evitar "los malos olores"
Basado en las recomendaciones de la British Footwear Association (BFA), el proceso de secado debe ser gradual y nunca forzado por calor extremo. Para aplicar esta técnica con precisión profesional, se deben seguir estos pasos:
- Desmontaje de componentes internos: Es importante retirar las plantillas y secarlas por separado, ya que estas piezas retienen la mayor proporción de humedad y son el foco principal de microrganismos.
- Implementación de materiales absorbentes: El relleno del interior con papel periódico o bolsas de gel de sílice (silica gel) permite extraer el agua desde el núcleo del calzado. Se aconseja evitar el uso de papel satinado o revistas, ya que su capacidad de absorción es nula y la tinta puede transferirse al material.
- Optimización del flujo de aire: La colocación del calzado frente a un ventilador portátil apuntando hacia la lengüeta acelera el proceso de secado de manera segura. La corriente de aire constante impide que las bacterias encuentren un ambiente estático para reproducirse.
- Sustitución periódica del relleno: Para mantener la eficiencia, el papel o el gel deben cambiarse cada par de horas conforme alcancen su punto de saturación.
Riesgos del calor y prevención microbiológica
La aplicación de calor directo es desaconsejada por laboratorios de pruebas textiles a nivel mundial. El ASTM International señala que someter materiales como el cuero o polímeros sintéticos a temperaturas superiores a los 40°C puede provocar la cristalización de los adhesivos y el agrietamiento de las fibras naturales. Por ello, se prohíbe el uso de radiadores, secadores de cabello o exposición solar intensa.
Para mitigar el mal olor persistente, la American Academy of Podiatric Sports Medicine (AAPSM) sugiere que, una vez seco, se pueden aplicar agentes deshidratantes como el bicarbonato de sodio para neutralizar el pH generado por la actividad bacteriana.
La clave definitiva es la paciencia; un secado natural bien ejecutado puede tardar entre 12 y 24 horas, pero asegura que el calzado no se deforme ni pierda sus propiedades elásticas tras las tormentas.
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