coinciden en que su uso excesivo de dispositivos electrónicos durante la primera infancia puede afectar el desarrollo motor, cognitivo, lingüístico y socioemocional. Pero subrayan que la tecnología no es negativa por sí misma: el acompañamiento adulto, la selección de contenidos adecuados y la regulación del tiempo de exposición pueden reducir los efectos nocivos y favorecer aprendizajes positivos.

Para el Día de Reyes, uno de los regalos que con regularidad se ofrece a las y los infantes son las famosas pantallas en cualquiera de sus tipos, pero ¿qué tan perjudicial o benéfico puede resultar esta acción?

Investigadores de la en Psicología y Ciencias Biomédicas analizaron el impacto del uso de pantallas desde distintas perspectivas. Mientras que la psicología enfatiza la importancia del acompañamiento y la interacción social, la neurociencia destaca los efectos en el desarrollo del cerebro.

Alan Alexis Mercado Ruiz, docente de la Facultad de Estudios Superiores de Zaragoza, consideró que el uso de dispositivos tecnológicos en niños no debe “satanizarse”, afirmó que el problema reside en la privación de experiencias esenciales para el desarrollo cognitivo y emocional, así como la interacción social y el movimiento físico.

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“El enfoque debe ser en cómo se usan las pantallas combinando tecnología con interacciones humanas. La tecnología no es inherentemente negativa. Su impacto depende del acompañamiento y la intencionalidad en su uso”, afirmó el doctor en Psicología de la Educación y el Desarrollo.

El académico reconoció que toda la parte de la motricidad gruesa de los infantes no se desarrolla, es decir, actividades como correr, trepar, patear, brincar no están ejecutándose por el uso de la tableta. Y también la cuestión del habla, pues hay “etapas críticas en las que el lenguaje se tiene que desarrollar forzosamente de manera adecuada, las cuales ocurren durante los primeros años de vida”.

Añadió que dar la tableta al niño es un estímulo muy unidireccional y la falta de estímulos interactivos y multidimensionales hace que no reciba retroalimentación verbal ni emocional, las cuales son necesarias para potenciar el desarrollo del lenguaje.

“La plasticidad cerebral se ve beneficiada por la calidad y variedad de los estímulos. Entonces, si el estímulo es continuo, repetitivo, se afectará la formación de conexiones sinápticas fundamentales para la comunicación y la motricidad”, destacó.

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A su vez, Gabriel Gutiérrez Ospina, del Instituto de Investigaciones Biomédicas, dijo que el impacto de las pantallas en el desarrollo infantil tiene riesgos, ya que limita la interacción social y el desarrollo del lenguaje esenciales en etapas tempranas.

Con respecto a la importancia del medio ambiente natural, expresó que uno de los eventos más importantes en el desarrollo posnatal en el ser humano, y en general en todas las especies, es la interacción con el medio ambiente.

“De eso depende que el individuo vaya capacitándose para las actividades que le permitirán sobrevivir y empezar a interaccionar, reconocer patrones conductuales y en qué posición está ubicado en términos de las jerarquías”, advirtió.

Gutiérrez Ospina, quien tiene formación médica y es especialista en neurociencia y desarrollo humano, agregó que en el “juego” se desarrolla una serie de habilidades de socialización esenciales. Indicó que, si el niño se dedica básicamente a interaccionar con o a través de la pantalla del celular, todo este tipo de aprendizaje se compromete.

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“Se erosiona el contexto que nos permite interactuar con el mundo físico y social que nos rodea. Se subdesarrollan las habilidades que permiten a los niños interactuar con el mundo de una manera normal”.

En cuanto al contenido que observan los infantes en los dispositivos, Mercado Ruiz puso como ejemplo la plataforma TikTok, la cual se caracteriza por tener videos cortos y directos. Se ha demostrado, sostuvo, que un alto tiempo de exposición afecta las capacidades de retención y atención.

“Esto debido a la rapidez de la información inmediata. El cerebro se acostumbra a recibir información rápida e inmediata, por lo que le cuesta más trabajo sostener la atención por más tiempo o concentrarse de manera más profunda en otras tareas”.

Ante ello, señaló la importancia de una “alfabetización digital” como estrategia de las familias con el fin de reducir la dependencia de pantallas sin generar conflictos.

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“Requiere forzosamente un cambio cultural, pero no sólo de los niños, sino de todos los actores involucrados en este proceso. Por una parte, debe haber una alfabetización digital para todos, de modo que los padres tomen conciencia y conozcan los contenidos que sus hijos consumen”, precisó el universitario.

Sobre el impacto que tiene el tipo de contenido que los niños consumen en las pantallas, Gutiérrez Ospina aclaró, en términos de movilidad y habilidades psicoafectivas, que, durante los primeros años de vida se generan los esquemas de movimiento y apreciación que permiten explorar e interpretar el ambiente que nos rodea.

“Imaginemos, por tanto, lo que puede ocurrir con niños que no interactúan con sus cuidadores primarios y que no exploran el ambiente físico que habitan”.

Aseveró que estos esquemas serán adoptados por la información proveniente de la red y de su interacción motriz con los dispositivos móviles. “El contenido observado por los infantes puede, por tanto, alterar su percepción de la realidad, y la interacción motriz limitada, asociada con el uso de los dispositivos portátiles, perturbar la ejecución del movimiento”

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Advierten por desarrollo cognitivo limitado

Asimismo, comentó sobre la importancia del cuerpo en el desarrollo de procesos cognitivos y en el de habilidades psicoafectivas. Acotó que la interacción del cuerpo con el ambiente permite ir estimulando estas características.

“Si estás solo sentado viendo pantallas, esto limita tu movilidad, tu interacción afectiva, y no vas a desarrollar adecuadamente ni los procesos cognitivos relacionados con la interacción social ni la serie de programas motores que te permiten moverte en consonancia con lo que estás planeando hacer teniendo la interacción habitual con otro ser humano. Todas nuestras gesticulaciones son aprendidas a través de esa interacción”, relató.

Lo que observamos en niños que hacen uso excesivo de pantallas, comentó, es un estado de privación somatosensorial y experiencial. “Esto provoca una pérdida seria de interacción psicosocial”.

Gutiérrez Ospina coincidió en que la tecnología en sí misma no es perjudicial, sino que el reto radica en regular su uso y fomentar hábitos saludables. “Estamos llegando a un punto en el que, si no aprendemos a manejar e interactuar adecuadamente con estas tecnologías, podríamos incluso ponernos en riesgo de extinción”.

Planteó que éste es un comportamiento sobre el que debemos reflexionar constantemente. La tecnología en sí no es el problema; el verdadero asunto es cómo la utilizamos y qué tan dependientes nos volvemos de ella.

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