Puerto Vallarta, Jalisco.— A una semana de los hechos violentos registrados tras el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes "El Mencho", señalado como líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, la imagen de Puerto Vallarta vuelve a acercarse a la normalidad, aunque las huellas del llamado “domingo negro” permanecen visibles en distintos puntos del municipio.
En la franja turística, el mar recuperó su ritmo habitual. Las olas rompen frente al malecón mientras visitantes caminan por la arena y ocupan terrazas y restaurantes. Lanchas y catamaranes navegan nuevamente la bahía; los pescadores salen desde temprano a sus jornadas diarias.
“Tenemos que seguir trabajando, no podemos parar”, comenta José Ramírez, pescador de la zona de Los Muertos. “Ese día vimos humo por varios puntos, escuchamos detonaciones y preferimos no salir. Hoy regresamos porque de esto vivimos”, apuntó.
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El contraste con lo ocurrido hace siete días es evidente. Columnas de humo se elevaron por encima de hoteles y edificios; vehículos fueron incendiados y algunas fachadas resultaron dañadas por impactos de bala. En diversas vialidades el pavimento quedó cubierto de ceniza y restos calcinados.

En colonias como Las Mojoneras, El Pitillal e Ixtapa, aún se observan semáforos dañados y estructuras chamuscadas. Comerciantes levantan muros provisionales de madera y aplican pintura fresca sobre paredes ennegrecidas. “Las ventas bajaron varios días y apenas empezamos a recuperarnos”, señala María Torres, empleada de un negocio en El Pitillal. “El miedo no se va tan rápido como el humo”.

En el malecón y la zona hotelera, la actividad turística se reanudó con mayor rapidez. “Los visitantes preguntan qué pasó, pero siguen saliendo a pasear”, explica un gerente de restaurante que pidió omitir su nombre. “Se nota más vigilancia; eso da cierta tranquilidad”.

Esa presencia es visible. Más de 300 elementos del Ejército patrullan calles y accesos al municipio. Las sirenas que ahora se escuchan con frecuencia no corresponden a incendios, sino a convoyes militares que recorren avenidas principales. En la bahía, embarcaciones de la Secretaría de Marina realizan recorridos, mientras helicópteros sobrevuelan de manera constante la zona urbana y costera.
“Desde el domingo no hemos dejado de escuchar helicópteros”, relata Ana López, habitante de Ixtapa. “Al menos ahora sabemos que es vigilancia, pero ese día el ruido era diferente: eran sirenas, disparos y explosiones”.
Las avenidas principales vuelven a registrar tráfico constante. Algunos automovilistas circulan con música a alto volumen, en un intento por retomar la rutina. Sin embargo, entre trabajadores y residentes el recuerdo permanece presente en conversaciones breves: el estruendo, las columnas de humo, el cierre repentino de negocios.
A siete días de los hechos, el cielo vuelve a mostrarse despejado al amanecer y rojizo al atardecer. La ciudad continúa con labores de reparación y limpieza. La actividad económica intenta estabilizarse mientras la presencia de fuerzas federales se mantiene.
La postal turística parece intacta para quien llega por primera vez. Para quienes vivieron esa jornada, el horizonte aún conserva la memoria de un domingo en que el humo cubrió el mar y la rutina se detuvo por varias horas.

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mahc / apr
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