La Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados analiza ampliar el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a alimentos con exceso de sodio, como embutidos, sopas instantáneas, salsas y aderezos industriales. La propuesta, presentada por Morena, PT y PVEM como parte del Paquete Económico 2027, estima una recaudación adicional cercana a 12 mil millones de pesos.
El Poder del Consumidor señaló en un comunicado que el consumo elevado de sodio ya constituye un problema de salud pública en México. Los adultos ingieren, en promedio, 3.3 gramos diarios, por encima del límite de dos gramos recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el país y 29.9% de los adultos mexicanos vive con hipertensión, uno de sus principales factores de riesgo. Un estudio del Instituto Nacional de Salud Pública estima que cumplir las metas regionales de reducción de sodio de la Organización Panamericana de la Salud permitiría evitar 12 mil 866 muertes anuales por enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal crónica y cáncer gástrico.

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Actualmente, 41 países aplican impuestos a alimentos no saludables que incluyen el sodio entre sus criterios. Además, la actualización 2026 del marco SHAKE de la OMS incorporó por primera vez la tributación como una de sus medidas centrales, junto con la reformulación de productos, el etiquetado frontal y las campañas de comunicación.
La experiencia internacional muestra distintos resultados. Colombia aplica desde noviembre de 2023 un impuesto escalonado a productos ultraprocesados: 10% en 2023, 15% en 2024 y 20% desde 2025. El gravamen se activa cuando los productos superan determinados niveles de sodio, azúcar o grasas saturadas.
México ya cuenta con un criterio similar. Desde 2014, el IEPS para ciertas galletas saladas considera un umbral de al menos mil 200 miligramos de sodio por cada 100 gramos. Ese parámetro podría servir para ampliar el impuesto a otras categorías de alimentos.
El contenido de sodio también es elevado en productos de consumo cotidiano. Cien gramos de jamón pueden contener hasta mil 255 miligramos, mientras que el tocino alcanza mil 27 miligramos y los embutidos promedian 884 miligramos por cada 100 gramos. La OMS recomienda no superar los dos mil miligramos diarios.
Dinamarca canceló después de un año un impuesto a las grasas saturadas aplicado en 2011, debido a la oposición mediática y a un diseño que no comunicó adecuadamente sus beneficios. Hungría, en cambio, mantiene desde 2011 un impuesto fijo para productos que superan los límites de sal, azúcar o cafeína. En evaluaciones posteriores, hasta 73% de los consumidores reportó una reducción duradera en su consumo.
Chile no tiene un impuesto específico al sodio, pero sus medidas de etiquetado produjeron cambios en el mercado. Entre 2016 y 2023, los productos identificados como “altos en sodio” disminuyeron de 74% a 27%, mientras que su compra per cápita cayó 36.7%. En 2017, un grupo de expertos propuso un impuesto de 23 pesos chilenos por cada gramo de sodio añadido, pero la iniciativa no fue aprobada.
El Poder del Consumidor sostuvo que un impuesto bien diseñado tendría un doble efecto: generar ingresos públicos y reducir las enfermedades asociadas con el consumo excesivo de sodio. La organización pidió vincular la medida con metas de reformulación para evitar que se limite a recaudar recursos.
También planteó que la Secretaría de Salud y la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) definan los criterios técnicos del impuesto con base en el perfil nutrimental del etiquetado frontal establecido en la NOM-051, a fin de garantizar coherencia regulatoria y facilitar su aplicación y fiscalización.
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