Miami.— La autoridad y la influencia política del presidente comienza a desmoronarse y algunos ya se refieren a él como lame duck (pato cojo), una frase que se utiliza para hablar de los mandatarios con influencia política reducida, que ve cómo la atención deja de concentrarse en él para centrarse en su posible sucesor.

Medios como Reuters advierten que Trump “intenta proyectar ”, pero los reveses internos y externos están “exponiendo los límites de su poder” y lo empujan hacia el tipo de estatus lame duck que, según reportes, él está decidido a evitar.

“Lo que estamos empezando a ver con Trump por parte de los republicanos es que se dan cuenta de que no quiere recapacitar”, dice el analista político Hernán Molina a EL UNIVERSAL; recuerda que hace poco Trump dijo que no le interesan las votaciones de medio término, “Trump se baja de ese tren porque sabe que va mal y que se encuentra muy limitado”, añade.

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El presidente incluso corrió el riesgo de decir, tras revelarse que la inflación alcanzó en mayo su nivel más alto en tres años, que “me encanta la inflación”.

Medios señalan cómo sus niveles de aprobación se han debilitado y algunos republicanos en el Congreso empiezan a desafiarlo, aunque el control presidencial sobre sus simpatizantes más leales siga firme, como el grupo MAGA. “Eso no va a cambiar porque se trata de una base de seguidores blancos, nacionalistas, de extrema derecha, pero ese grupo ya no es capaz de remontar nacionalmente”, señala Molina, y asegura que hoy pesa más en cada distrito republicano “el que la gente esté ganando menos; el salario rinde menos, los precios siguen subiendo y saben que su identidad republicana no sirve para nada”.

Según expertos, un presidente dominante suele imponer disciplina antes de que la fractura llegue al pleno del Senado o de la Cámara de Representantes y Trump ya no siempre lo consigue.

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NPR, la radio pública de EU, señaló el 5 de junio que después de retrasos, peleas internas y más retrasos, el Senado aprobó fondos para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza (BP) hasta el final del mandato de Trump, pero “lo que debía ser una votación sencilla se convirtió en una pelea prolongada entre republicanos del Senado y el presidente”, señaló la fuente.

El punto de quiebre fue el fondo anti-weaponization, una bolsa separada para compensar a personas que decían haber sido víctimas de persecución gubernamental. En la práctica, ese fondo fue leído por críticos y por republicanos vulnerables como un intento de premiar a aliados de Trump y convertir el agravio personal en política pública. Sam Gringlas, reportero legislativo de NPR, explicó que la posibilidad de que contribuyentes compensaran a participantes en la toma del Capitolio del 6 de enero de 2021 pudo ser “un punto de ruptura” para legisladores que vivieron ese ataque al Capitolio.

El líder de la mayoría del Senado, John Thune, tras una reunión republicana a puerta cerrada en el Capitolio en Washington, el 16 de junio. Foto: AP
El líder de la mayoría del Senado, John Thune, tras una reunión republicana a puerta cerrada en el Capitolio en Washington, el 16 de junio. Foto: AP

Ese episodio muestra el mecanismo básico del lame duck: el temor empieza a cambiar el peso de la balanza; antes, “muchos republicanos temían desafiar a Trump por miedo a una primaria, a un ataque público o al castigo de la base”, subraya Molina. Ahora, asegura varios republicanos temen más “cargar con las decisiones de Trump en una elección general”.

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NPR identificó a los senadores Dan Sullivan, de Alaska, y Jon Husted, de Ohio, como parte de un grupo de detractores; estos legisladores tienen algo en común: “Están entre republicanos más vulnerables en noviembre”.

La guerra con Irán agrava la situación de Trump, quien quiso presentarse como el presidente capaz de cerrar conflictos a voluntad, y terminó firmando un acuerdo en el que, advierten expertos, EU es el perdedor. El choque en el Congreso estadounidense por la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA) confirma que la fase actual es una escalada; AP informó que los demócratas del Senado dejaron vencer una autoridad clave de vigilancia mientras endurecían su postura contra Trump, incluso bloqueando proyectos tradicionalmente bipartidistas. La razón inmediata fue el rechazo a Bill Pulte, colocado temporalmente al frente de las agencias de inteligencia estadounidenses aun con su falta de experiencia en seguridad nacional.

El senador Chris Murphy declaró: “No podemos extender estas capacidades si el presidente está dejando claro que las va a usar no para proteger a la nación, sino para protegerse políticamente”. Esa declaración convierte el debate sobre el lame duck en un debate sobre abuso de poder, la oposición no sólo ve a Trump débil; lo ve dispuesto a usar instrumentos de seguridad nacional para compensar esa debilidad.

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John Thune, líder republicano del Senado, acusó a los demócratas de jugar de forma irresponsable con la seguridad del país y preguntó: “¿Cómo llegamos al punto en que un partido ha abdicado por completo cualquier responsabilidad sobre la seguridad de nuestra nación?”. Pero incluso esa defensa muestra el problema de Trump: AP explicó que los republicanos quedaron atrapados entre la presión demócrata y las decisiones del propio presidente, incluida la designación de Pulte, que debilitó la posición republicana y su propio apoyo en el Senado.

Además, Trump vinculó la renovación de la Sección 702 de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera con su proyecto electoral, el SAVE America Act, una iniciativa para exigir prueba de ciudadanía al registrarse e identificación con fotografía al votar. Observadores señalan que un presidente debilitado no necesariamente se modera; puede intentar atar la seguridad nacional, el control electoral y la lealtad partidista en una sola negociación de fuerza.

“Pero cuidado”, advierte Molina, “porque un Trump en fase lame duck puede ser menos predecible, pero no menos agresivo; su problema no es sólo que pierde votos, es que puede intentar demostrar su poder elevando el costo de cada bloqueo que haga o intente”. “Los republicanos ahora mismo están subidos en un autobús donde el conductor se llama Donald Trump y va manejando cuesta abajo, ebrio de poder y en cualquier momento va a chocar y volcarse; así que los pasajeros deben elegir entre quedarse arriba o comenzar a tirarse por las ventanas”, señala el analista.

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Analistas conservadores críticos de Trump han sido más duros que muchos demócratas. S. E. Cupp escribió en The Fulcrum que hacía tiempo que EU no veía una presidencia así y concluyó: “Parece que la presidencia lame duck de Trump ha llegado temprano”.

Pero la lectura conservadora no es uniforme. Charles Lipson, en The Spectator, advirtió que lame duck es una etiqueta devastadora y que Trump busca evitarla con actos públicos, mítines y demostraciones de control. Recordó que los presidentes reelegidos enfrentan un problema estructural porque ya no pueden volver a competir y, por lo tanto, les cuesta más dominar la agenda nacional. Esa es la diferencia entre desgaste y derrumbe; “Trump no está liquidado, pero cada actor político empieza a calcular cuánto futuro le queda”.

El Corresponsal para la Casa Blanca de NPR Franco Ordoñez dijo que “quizá” Trump estaría entrando en un periodo temprano de lame duck, pero que era “un poco pronto” para afirmarlo de forma definitiva. Recordó que Trump ha sido dado por terminado antes y ha vuelto a emerger con influencia. De acuerdo con Ordoñez, Trump sigue teniendo base, control mediático, poder de nombramiento, capacidad de castigo en primarias y una enorme habilidad para hacer que todo el Partido Republicano discuta en sus términos. Pero la novedad desde junio es que algunos republicanos ya no aceptan pagar cualquier costo por esa subordinación. “En el caso de Trump, la diferencia es que su debilitamiento no viene sólo de una oposición fuerte, sino de una agenda personal que irrita a miembros de su propio partido”, subraya Molina.

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El Comité Nacional Demócrata escribió que “un Trump lame duck está perdiendo el control de su coalición”. “Los congresistas republicanos que sienten que su reelección puede estar afectada por (...) Trump van a hacer lo necesario para conservar su asiento y si eso implica desobedecer y criticar a Trump, lo van a hacer”, concluye Molina.

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