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El Escobal, Colombia
Atrapados y sin salida en zonas de Colombia fronterizas con Venezuela y arrinconados por el pavor de retornar a su país, miles de venezolanos viven horas de miedo, zozobra y angustia.
Regresar acarrea el riesgo de sufrir represalias del gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por sospecha de terrorismo al intentar, sin éxito, llevar asistencia humanitaria de Colombia a Venezuela el sábado anterior en una frustrada operación terrestre fronteriza.
Retornar puede significar para cualquier venezolano una acusación de que enfrentó, con piedras, palos, botellas de vidrio y armas artesanales, el ataque que fuerzas policiales, militares y paramilitares de Maduro lanzaron a balazos, perdigones y gases lacrimógenos para impedir el ingreso de la ayuda en pasos fronterizos con Colombia.
Miles de venezolanos que viven en su país pasaron la semana anterior por tierra a Colombia, para unirse a la caravana humanitaria. La frontera fue cerrada el viernes pasado por Maduro, para impedir el ingreso de la asistencia, al aducir que sería una agresión a la soberanía de Venezuela, por lo que el retorno para una población flotante venezolana en Colombia es opción… de pánico.
“Tenemos miedo”, narró el venezolano Cheym Carrasquero, de 28 años e informático.
Pese a que Colombia les suministra agua, alimentos y atención médica, Carrasquero y sus compatriotas duermen en las calles de El Escobal, poblado del nororiental departamento (estado) colombiano de Norte de Santander, que limita con el occidente de Venezuela y alberga al Puente Francisco de Paula Santander, escenario de violentos choques el sábado. En el lado venezolano del puente están los restos de dos camiones incendiados por fuerzas leales a Maduro al entrar con medicinas, insumos médicos y alimentos.
“Me hirieron en un brazo con perdigones. Si regreso a Venezuela, vamos a sufrir represalias. Las tropas de Maduro nos van a detectar. Las tropas venezolanas hacen revisiones físicas. Si ven que uno tiene una herida de perdigón o de bala, lo vapulean, porque saben que uno estuvo en los disturbios. Uno termina en la cárcel o muerto”, dijo Carrasquero a EL UNIVERSAL.
Por eso, secreto y discreción son clave. En un improvisado comedor en un rincón de El Escobal está prohibido tomar fotos de personas con rostros descubiertos: mujeres y hombres cubren sus caras con pasamontañas, porque sus familias en Venezuela podrían ser reprimidas. La angustia crece, porque Colombia cerró fronteras desde anteayer y hoy seguirán así.
Mónica aceptó contar que tiene 23 años y estudia arquitectura, y que ingresó a Colombia el miércoles pasado para unirse a la expedición humanitaria. “No podemos regresar por pasos ciegos de la frontera, porque ahí hay tropas de Maduro que nos esperan con la orden de matar. Esto está horrible”, alertó. Juana, de 36 y empleada estatal, confesó: “Tengo miedo. Maduro nos va a caer a golpes a quienes pasemos. Nos meterá presos. Dice que somos terroristas por apoyar la causa”.
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