“Sacrificamos ingresos por los pacientes”: enfermeras

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Empleadas de salud en un hospital en Caracas, Venezuela. Advierten que no hay artículos ni de limpieza. Foto: ARIANA CUBILLOS. AP
Mundo 26/04/2020 01:40 José Meléndez / corresponsal Actualizada 05:48
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San José.— La enfermera venezolana Aymé Cedeño sacrifica casi la mitad de sus 10 o 12 dólares de salario mensual en adquirir guantes o tapabocas en un comercio privado para tener equipo básico como una de las guerreras de la salud en la primera línea de combate a la pandemia del Covid-19 en los hospitales públicos en Venezuela.

Por la prolongada y honda crisis socioeconómica y política en esa nación, la escasez cunde en su estructura sanitaria y obliga a Cedeño, así como a numerosas enfermeras y médicas a recurrir a medidas extremas para enfrentar la emergencia humanitaria por el nuevo coronavirus.

Al preguntársele dónde obtienen ella y sus colegas los guantes o las mascarillas si en los sanatorios públicos y privados fallan esos suministros, Cedeño cuenta a EL UNIVERSAL que los consiguen “en el camino a casa, en el trayecto al hospital y por nuestros propios medios.

“Sacrificamos los ingresos personales, por respeto a nuestros pacientes y por nosotras mismas. En los hospitales escasean los insumos de bioseguridad y los artículos de limpieza. Aquí todas estamos guerreando y comprando nosotras mismas y limpiando”, narra esta trabajadora del (estatal) Hospital Ricardo Baquero González, de Caracas.

Una situación similar sufre la venezolana Marjorie Díaz, enfermera del (estatal) Hospital José María Vargas, en el norcentral estado de La Guaira (antiguo Vargas).

“El drama es por la inexistencia de equipos de protección personal para quienes estamos trabajando en esta situación”, explica Díaz a este diario.

“El problema se da sobre todo en el área de emergencia, que es la puerta de entrada al hospital. Hay una marcada penuria con materiales como las mascarillas, los guantes, las batas y todo lo que significa el equipo de protección personal. Aquí el problema es muy grave”, afirma.

El sistema de salud de Venezuela, que hasta inicios del siglo XXI gozó de prestigio internacional por su excelencia, está atrapado en la cadena que azota a los venezolanos de carencia generalizada y encarecimiento de fármacos, insumos médicos, alimentos, bienes de consumo básico, combustibles, agua potable y un extenso listado que se agravó al menos desde 2014. Fuentes de la oposición política en ese país aseguraron que los casi 300 hospitales están desprovistos de aparatos de diagnósticos y de rayos X.

Ante el constante cuestionamiento en su contra y a su modelo político nominalmente definido como socialista y acusado por sus enemigos de acumular más de 21 años de fracasos, el gobierno replicó con su alegato predilecto: la culpa de la insuficiencia es de la “guerra económica” de Estados Unidos contra Venezuela y su revolución.

Problema por la falta de gasolina para los vehículos de emergencia

Por eso, el país depende en gran parte de las donaciones externas. En una ironía en una tierra rica en petróleo, la falta de gasolina y otros carburantes afecta a diario al personal de salud por las dificultades de transporte individual y colectivo.

“No hay gasolina ni para los vehículos de emergencia”, cuenta la venezolana Geraldyne Aular, cirujana en el (estatal) Hospital Rafael Medina Jiménez, de La Guaira.

Tras aclarar a este periódico que como ese centro de salud labora parcialmente y logró, vía donación, abastecerse de “algo de recursos” de protección del personal, Aular advierte que ese hospital es casi el único “que más o menos tiene algo”, aunque carece del equipo “completo” para enfrentar al coronavirus.

“Son cosas muy limitadas: estos equipos descartables, [como] las botas, los tapabocas, etcétera, se están acabando y cada vez es más difícil tenerlos para todos”, alerta.

Por eso, médicos, enfermeras y demás personal de salud “sacrifican” sus escuálidos sueldos en comprar mascarillas o guantes.

“Una cadena de farmacias vende en seis dólares cada careta, que es la mitad de nuestro salario. Un desinfectante cuesta un dólar y medio, la mitad de un salario mínimo”, describe la cirujana.

“En el interior de la nación todo es más severo, sin agua y hasta dos días sin electricidad. Esto es grave”, lamenta.

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