"Regalé mis ojos para que la gente despierte"

El chileno Gustavo Gatica quedó ciego y emergió como uno de los símbolos de las protestas antigubernamentales de 2019 en Chile; él es una de las víctimas de la represión policial

“Regalé mis ojos para que la gente despierte”, dice víctima de violencia policial en Chile
Manifestantes, ayer durante enfrentamientos contra los agentes durante una protesta contra el gobierno del presidente Sebastián Piñera, en Santiago. Foto: MARTIN BERNETTI. AFP
Mundo 17/10/2020 01:00 José Meléndez / corresponsal Actualizada 01:18

San José.— Por los disparos de la policía a su rostro, el chileno Gustavo Gatica quedó ciego y emergió como uno de los símbolos vivientes del estallido, hace un año, de las protestas antigubernamentales más graves y sangrientas del siglo XXI en Chile.

“Regalé mis ojos para que la gente despierte”, dijo Gatica, de 21 años, estudiante de sicología, apasionado de la música y de la fotografía y una víctima más de la represión policial en los choques callejeros ocurridos el 8 de noviembre de 2019. “¿Por qué me dispararon? Por ejercer mi derecho a protestar”, acusó.

“La policía disparó contra la gente apuntando a la parte superior del cuerpo”. Gatica fue alcanzado en sus ojos y quedó ciego de forma permanente, relató un informe que Amnistía Internacional (AI), organización mundial no estatal de defensa de los derechos humanos con sede en Londres, emitió esta semana.

“Gustavo confía en que su ceguera ayude al mundo a ver lo que está pasando en Chile”, añadió, al confirmar que un policía fue denunciado el 20 de agosto anterior por la Fiscalía de Chile por agredir a Gatica.

Al cumplirse mañana 12 meses del inicio de los disturbios para oponerse a un plan del gobierno de encarecer el transporte público, Chile acumula un creciente descontento popular.

Acorralado por la convulsión, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, canceló el plan, pero la crisis se agudizó con protestas en un trasfondo sensible: desigualdad social e injusta distribución de la riqueza en un país que emergió como milagro económico, aunque la revuelta alteró para siempre su situación sociopolítica con apenas 30 años de vida democrática.

Con el coronavirus como visitante inesperado y con violentos disturbios este mes, el panorama social se agravó. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) pronosticó este mes que el Producto Interno Bruto (PIB) de Chile se desplomará en menos 7.9% en 2020.

Otro informe de la CEPAL mostró que, en 2017, 1% más adinerado de Chile se quedó con 26.5% de la riqueza, mientras que 50% de los hogares de menores ingresos accedió sólo a 2.1% de la riqueza neta del país.

Con las movilizaciones de hace un año “buscábamos cambiar un modelo estructural que se basa en la desigualdad”, recordó Gatica.

El alza del transporte público “fue la gota que derramó el vaso, después de décadas de injusticias. Salimos a las calles para cambiar eso, para exigir acceso más igualitario a la salud y la educación, y mejores pensiones. (…) La represión que hemos vivido en Chile durante el último año no debe repetirse jamás”, exigió.

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El chileno Gustavo Gatica, de 21 años, quedó ciego en un ataque policial en las protestas de 2019.

 

A un año de la explosión, Piñera se dispone a dar un mensaje de “paz social”, recuperación económica, justicia y seguridad.

“La creación y recuperación de los empleos perdidos y la reactivación de nuestra economía son esenciales para dar seguridad y oportunidades a las familias chilenas de desarrollar todo su potencial y mejorar su calidad de vida”, aseveró Piñera, al lanzar recientemente un programa para crear un millón de puestos de trabajo.

“Una vida más plena, segura y feliz”, prometió.

El gobierno negó esta semana que tenga una política premeditada de represión policial, pero advirtió que tampoco tolerará excesos por el primer aniversario.

La crisis en Chile fue precedida por sangrientos sucesos del 3 al 13 de octubre de 2019 en Ecuador, y seguida en noviembre por Colombia, y en ambos países en rechazo a algunas políticas.

A votar
 

La fecha será la antesala de otro día crucial: los chilenos decidirán en un plebiscito el próximo 25 de octubre si aceptan o rechazan redactar una nueva constitución.

La actual fue aprobada en agosto de 1980 y ratificada en septiembre de ese año, por lo que el 11 de marzo de 1981 entró en vigor transitorio y el 11 de marzo de 1990 en vigencia plena.

La presión social acumulada desde que Chile retornó a la democracia en 1990, tras 17 años de la dictadura militar que el ya fallecido general Augusto Pinochet instaló en 1973 con un golpe de Estado, emergió con violencia en las calles chilenas.

Hay “esperanza y peligro”, dijo a EL UNIVERSAL la chilena Lorena Pizarro, hija y nuera de desaparecidos en la dictadura de Pinochet.

“Hace un año, Chile y su pueblo resolvieron que no aceptaban más las injusticias del neoliberalismo”, y los reclamos provocaron “represión, tortura, estallidos oculares y asesinatos y todo lo que se implementa cuando los poderosos ven en riesgo sus intereses económicos.

“Pero hay posibilidad de cambio. Vamos a votar por cambiar la Constitución”, anunció.

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