Lima.- Las elecciones presidenciales de Perú se deciden el domingo con la segunda vuelta que disputan la candidata derechista Keiko Fujimori y el candidato izquierdista Roberto Sánchez, una contienda cuyo ganador se convertirá en el noveno presidente del país en 10 años, al alcanzarse una década plagada de inestabilidad política.
Más de 27.3 millones de peruanos están convocados a las urnas para determinar si devuelven al fujimorismo al poder después de un cuarto de siglo alejado del Gobierno; o si, por el contrario, se retoma un proyecto de izquierda en torno a la simbólica figura del encarcelado expresidente Pedro Castillo.
El dilema ya se hace repetitivo para Perú, pues por cuarta vez consecutiva se debe elegir entre la hija y heredera política del autócrata expresidente Alberto Fujimori (1990-2000) o una alternativa que aglutina al antifujimorismo y que, en esta ocasión, es el exministro que más tiempo duró en el convulso y breve mandato de Castillo.

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En las tres elecciones anteriores, el antifujimorismo se ha impuesto en ese pulso y le ha dado el triunfo al nacionalista Ollanta Humala (2011-2016), al derechista Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018) y al izquierdista Castillo, con ajustados márgenes de apenas 40 mil votos en las dos últimas votaciones.
Todo hace indicar que la definición entre Fujimori y Sánchez volverá a ser muy ajustada, de acuerdo a encuestas realizadas en días previos a la votación, que por ley no se han podido difundir en Perú durante la última semana.
Este pulso vuelve a tocar heridas aún abiertas, pues en el trasfondo de ambas opciones hay sendos golpes de Estado separados por 30 años de diferencia: el de Alberto Fujimori en 1992, que resultó exitoso para afianzarse en el poder; y el de Pedro Castillo, en 2022, que fue calamitoso para su gobierno y, a las pocas horas, acabó con él en la cárcel.
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Keiko Fujimori promete gobernar como su padre, que sentó la bases del crecimiento económico y la apertura comercial del país, a la vez que derrotó a los grupos subversivos Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA), si bien fue condenado a 25 años de cárcel por violaciones a los derechos humanos y escándalos de corrupción.
La líder del partido fujimorista Fuerza Popular pide la oportunidad que se le negó las tres veces anteriores de ser gobierno para aplicar "mano dura" y "devolver el orden" a nivel político y social, que permita sacar a Perú del "caos" que, según ella, han traído al país los últimos mandatos.
En cambio, Roberto Sánchez promete liberar a Castillo como señal de reparación para sus simpatizantes, procedentes de las zonas rurales y más pobres, que piensan que las élites económicas y políticas del país, con Fujimori a la cabeza, no le permitieron gobernar, de modo que defienden que el golpe de Estado de 2022 se lo dieron a él.
Para el líder del partido Juntos por el Perú, el caos que vive Perú es culpa de la 'Señora K' (Keiko Fujmori), a la que acusa de haber iniciado esta espiral de inestabilidad con sucesivas destituciones presidenciales desde el Parlamento, la mayoría con los votos del fujimorismo.
Fujimori no reconoció los resultados de sus derrotas en 2016 y 2021, e incluso en la última denunció sin pruebas un supuesto fraude en su contra para tratar de anular miles de votos de Castillo y revertir los resultados a su favor, una cruzada que puede volver a darse si se repite el mismo escenario.
Y es que la primera vuelta de abril pasado, donde Fujimori logró el 17.19% de los votos válidos y Sánchez el 12.03%, estuvo marcada por los grandes retrasos en la apertura de colegios en Lima por la falta de material electoral, lo que alimentó las denuncias de fraude, exentas de evidencias, del ultraderechista Rafael López Aliaga, que se quedó fuera de la segunda vuelta por 21 mil votos.
mcc