Bruselas.— La guerra iniciada por e en contra de Irán está redefiniendo la geopolítica en Medio Oriente y el subcontinente indio, sin que ese haya sido el objetivo de la campaña militar.

Mientras la India, un actor diplomático creíble y confiable, ha estado ausente de cualquier iniciativa significativa para la solución del conflicto con Irán, su acérrimo rival, Paquistán, ha emergido como el intermediario regional.

La inversión de los papeles extraña a muchos, considerando que la República Islámica enfrenta numerosos retos de seguridad procedentes de todos los rincones fronterizos y las amenazas parecen intensificarse por las crecientes vulnerabilidades dentro del Estado.

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Además, el historial de esfuerzos de mediación por parte de Paquistán no es uno marcado por grandes resultados, aun cuando en teoría le correspondería actuar como árbitro regional al ser la única gran potencia nuclear en Oriente Próximo y el mundo musulmán.

Trató de mediar entre Irán y Arabia Saudita para poner fin a la guerra en Yemen, la cual se activó en 2014 y sigue vigente. También intervino sin suerte en la guerra civil en Siria, que estalló en 2015 involucrando a numerosos actores; los países de mayoría chiita, concretamente Irán, Irak y Líbano (Hezbolá), apoyaron al entonces dictador Bashar al-Assad, mientras que las naciones sunitas, como Turquía, Qatar y Arabia Saudita, respaldaron a los rebeldes.

Tampoco pudo evitar la guerra entre Irak y Kuwait en 1990. El conflicto entre Israel y Palestina es otro arbitraje en el que su participación no ha tenido impacto alguno; la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU reporta que, a pesar del alto al fuego declarado el pasado 10 de octubre, los ataques israelíes han continuado en Gaza, con un saldo hasta el 2 de abril de 713 muertos y mil 940 heridos.

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Igualmente sorprende que la administración del presidente Asif Ali Zardari emerja como principal intermediario cuando Turquía y Egipto habían estado mediando activamente entre EU e Irán.

Diversos estudiosos tratan de darle sentido a la elección de Islamabad como punto neutro para celebrar encuentros cara a cara entre Washington y Teherán. En el Serena Hotel se reunieron el 11 y 12 de abril el vicepresidente de EU, JD Vance, y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, para abordar el frágil alto el fuego de dos semanas y tratar de acabar con el caos en el golfo Pérsico. Rajnish Singh, analista del European Policy Centre, sostiene que no fue sólo la geografía el factor que convirtió a Paquistán en un actor clave en la crisis en Irán, sino la rapidez con la que actuó.

“A los pocos días de los primeros ataques estadounidenses e israelíes, Paquistán se posicionó como el único actor capaz de dialogar con todas las partes: Washington, Teherán, Riad y Doha. Su cúpula militar, que domina la política exterior, transmitió un mensaje claro: Islamabad estaba dispuesto a ayudar a evitar una conflagración regional. Esa precisión tuvo eco en Washington”, escribe Singh en un análisis.

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“La estrategia funcionó. Los funcionarios estadounidenses, recelosos de que se les viera interactuando directamente con Teherán, confiaron cada vez más en Islamabad para transmitir mensajes, calmar los puntos de tensión e interpretar las intenciones iraníes. Los diplomáticos de Paquistán, acostumbrados desde hace tiempo a las negociaciones en situaciones de crisis, aprovecharon el momento”.

Para otros expertos influyó el acercamiento con la segunda administración Trump. Paquistán nominó formalmente al mandatario estadounidense para el Premio Nobel de la Paz por ayudar a detener las hostilidades en el conflicto de cuatro días con India en mayo de 2025, al tiempo que colabora en el sector estadounidense de las criptomonedas y en el suministro de minerales críticos.

Además, aceptó ser miembro de la llamada Junta de Paz creada por el presidente Trump y anunciada como plataforma para la reconstrucción de Gaza, aunque según Amnistía Internacional, terminó convirtiéndose en un instrumento con pretensiones de alcance global.

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“Paquistán se ha acercado mucho a la administración Trump y a Donald Trump personalmente, así como a los miembros de su familia, para tratar de ganar influencia en Washington. Durante la primera administración Trump, Paquistán quedó un poco en un segundo plano. Pero ha demostrado ser más útil en la segunda administración de Trump. Por lo tanto, existe una base preexistente para la cooperación entre EU y Paquistán bajo esta administración”, afirma Paul Staniland, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Chicago y miembro del Council on Global Affairs de esa ciudad estadounidense.

La nación musulmana también tiene sólidas relaciones con Irán, Arabia Saudita y China, afectada severamente por la crisis energética. “Paquistán está tratando de utilizar estas conexiones para situarse en un papel de mediador de una manera que, en mi opinión, denota un mayor nivel de peso e influencia geopolítica de lo que podríamos haber esperado hace un par de años”, indica Staniland.

La nación con 240 millones de habitantes ha estado por mucho tiempo bajo la sombra de la India, su competidor regional, de ahí que sorprenda a muchos su protagonismo en la crisis en Irán.

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En parte porque su economía es menor en comparación con la de Nueva Delhi, el PIB es 10 veces más pequeño y crece menos rápido, 3.3% frente a 6.4% para este 2026, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Además no ha podido proyectar poder e influencia regional por los múltiples desafíos internos que enfrenta, como la violencia sectaria, el extremismo y el terrorismo. Las autoridades estadounidenses han identificado al menos 15 grupos activos, mientras que la organización india South Asian Terrorism Portal contabiliza 44 organizaciones terroristas. “Mientras Paquistán se posiciona activamente como canal diplomático extraoficial, la India ha adoptado una postura discreta, marcada por la cautela estratégica y la preferencia por evitar roles de liderazgo arriesgados”, señala Rajnish.

“Lo que hace que el éxito diplomático de Paquistán resulte especialmente llamativo es que se produce en medio de su propio comportamiento imprudente en la región. Al mismo tiempo que mediaba entre Washington y Teherán, Paquistán ha intensificado su campaña militar en Afganistán.

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“Sin embargo, esta contradicción es totalmente coherente con el patrón que Paquistán ha seguido durante décadas: actuar simultáneamente como pirómano y bombero, mientras convence a las potencias mundiales de que es indispensable en ambos roles”.

El analista asegura que el ascenso de Paquistán como mediador no es sinónimo de confianza, sino de utilidad, un elemento que suele importar más que la virtud en la geopolítica de la era Trump.

Por otro lado, es en el interés de Paquistán aplacar la tensión en el golfo Pérsico, la crisis energética caracterizada por cortes de electricidad y aumentos de precios está generando malestar social.

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Tampoco necesita otra frontera inestable; la tensión militar está aumentando en la que comparte con Afganistán; y mayor presión migratoria. El Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) sostiene que el conflicto entre Afganistán y Paquistán está teniendo consecuencias devastadoras, más de 115 mil personas se han visto desplazadas por la violencia y muchas viven en campamentos informales.

En tanto que el conflicto en Irán está provocando desplazamientos involuntarios hacia Paquistán. La Organización Internacional de las Migraciones contabilizó 11 mil 554 entradas entre el 1 de marzo y el 7 de abril; 55% de ellos fueron paquistaníes. Las remesas son clave para la economía nacional, son fuente de bienestar de muchos hogares. La OIM estima que en 2024 representaron 9.4% del PIB del país, equivalente a 34 mil millones de dólares; 25% proviene de Arabia Saudita y 19% de los Emiratos Árabes Unidos, dos naciones fuertemente afectadas por el conflicto en evolución.

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