Bruselas.— La que se disputará en México, Estados Unidos y Canadá ha suscitado controversia por sus , accesibles sólo para aficionados acaudalados o que están dispuestos a hacer grandes sacrificios por ver a su selección.

Las tarifas de los boletos han provocado indignación en Europa, en donde ha habido reclamos desde la tribuna parlamentaria, quejas de organizaciones de aficionados y denuncias de órganos responsables de proteger los derechos de los consumidores.

Desde sus respectivas trincheras, manifiestan su inconformidad, denunciando que la fiesta de futbol no será para todos por los elevados costos y prácticas abusivas, como la decisión de algunas ciudades de cobrar la entrada para acceder a las zonas de aficionados, las cuales tradicionalmente han sido gratuitas.

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En el Reino Unido, la polémica ha provocado intercambio de comunicaciones entre el Parlamento y el gobierno. Los laboristas miembros de la Cámara de los Lores, Scott Arthur y Clive Betts, fueron dos de los primeros en quejarse, al preguntarle a la secretaria de Cultura, Medios de Comunicación y Deporte, Lisa Eva Nandy, “si ha mantenido conversaciones con la FIFA sobre el precio de las entradas”.

La funcionaria Stephanie Peacock, en nombre de la secretaría, afirmó que “el gobierno comprende el gran interés que suscita el precio de las entradas y el impacto que esto tiene en los aficionados”, pero reconoce que “la FIFA es un organismo internacional independiente con su propia estructura de gobierno”.

Explicó que el precio de las entradas es una decisión comercial que toman exclusivamente los organizadores de la Copa Mundial: la FIFA y los tres países anfitriones.

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En el Parlamento Europeo también hay presión. Un grupo de 23 eurodiputados, entre ellos el socialista Brando Benifei, el liberal Sandro Gozi y la verde Saskia Bricmont, demandan a la Comisión Europea que investigue las tácticas de venta de entradas de la FIFA, teniendo como enfoque la probable violación de las normas de competencia y protección del consumidor de la UE.

Otros actores han pasado de la queja a la denuncia formal, como la Federación de Aficionados de Europa y Euroconsumers, la organización que vela por los derechos de los consumidores y la transparencia, quienes han pedido la intervención de la Comisión Europea. Las organizaciones acusan a la FIFA de tarifas desorbitadas, publicidad engañosa, precios dinámicos sin control, falta de transparencia, técnicas de presión y comisiones abusivas.

De acuerdo con el documento enviado al Ejecutivo Comunitario y a las oficinas de la FIFA en Zúrich, Ciudad de México, Florida y Vancouver, el monopolio que ostenta sobre la venta de entradas ha sido utilizado para imponer condiciones a los aficionados que jamás serían aceptables en un mercado competitivo. En la práctica, esto se ha traducido en precios de entradas siete veces mayores a los del Mundial de 2022. Denuncia que lo que se anunció como precios accesibles resultó ser engañoso, puesto que las entradas más baratas de 60 dólares prácticamente fueron imposibles de conseguir para la mayoría de los aficionados.

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A la opacidad se añaden las implicaciones de la aplicación de un sistema de precios dinámico y sin límites, lo que provocó un aumento vertiginoso de los precios entre las distintas fases de venta, con escasa o nula transparencia. Para mayor frustración del aficionado, muchos compraron entradas sin saber el partido al que asistirían, cuál sería su asiento y con opciones de reembolso limitadas o inexistentes. Todo esto en un contexto de presión, en el que se creó una sensación de urgencia artificial, llevando a los aficionados a tomar decisiones precipitadas.

“La FIFA justifica el uso de precios variables no para proteger ni promover los intereses del consumidor, sino para maximizar los ingresos: espera obtener más de 3 mil millones de dólares por la venta de entradas y servicios de hospitalidad.

“La falta de transparencia respecto al precio y otros aspectos de un partido constituye un abuso de la posición dominante de la FIFA en la comercialización y venta de entradas para la Copa Mundial de 2026 en el mercado interno. En un mercado normalmente competitivo, la FIFA no habría podido imponer tales prácticas comerciales”.

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Para ejemplificar las implicaciones del mecanismo de precios aplicado, hace referencia a una investigación realizada por The Atlantic, que identificó aumentos durante las fases de venta. Por ejemplo, una entrada de Categoría 1 para la final pasó de 6 mil 730 dólares en octubre de 2025 a más de 7 mil dólares en noviembre, mientras que el mismo tipo de boleto para la semifinal en el Estadio AT&T de Arlington, Texas, pasó de 2 mil 780 dólares a 3 mil 295.

“El precio del estacionamiento también está sujeto a la oferta y la demanda y a las condiciones generales del mercado. Por ejemplo, los precios en el Hard Rock Stadium de Miami Gardens, Florida, han subido de 75 dólares en noviembre a 175 dólares en febrero para la mayoría de los partidos de la fase de grupos, y hasta 250 dólares para partidos muy solicitados como Colombia-Portugal”. Para el 24 de marzo, la entrada más barata para la final costaba 4 mil 185 dólares.

Además de todo esto, la FIFA saca doble beneficio con la reventa, cobrando por el uso de su plataforma una comisión de 15% tanto al vendedor como al comprador, una comisión de 15 % del precio de venta. Por ejemplo, un boleto que se vende en 2 mil 930 dólares para el partido a celebrar en Guadalajara el 11 de junio entre Corea del Sur y República Checa, tiene un cargo adicional de 439.50 dólares. La FIFA desalienta el uso de otras plataformas para la reventa asegurando que son “inseguras”.

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Ante estos abusos, piden a la Comisión Europea imponer medidas correctivas de conducta para las futuras ediciones, independientemente de la región del mundo que las albergue.

Pide que, en caso de utilizar precios dinámicos o variables, se impongan límites máximo

“La naturaleza irreparable del daño es particularmente grave dado que la Copa Mundial de 2026 es un evento único e irrepetible”, sostiene el documento firmado por Marco Scialdone, jefe del Departamento de Litigios de Euroconsumers.

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