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A sangre y fuego, y en lo que calificó como sólo una probadita de la violenta disposición de Caracas para hacer respetar la soberanía venezolana, Nicolás Maduro bloqueó el 23 de febrero anterior el traslado terrestre de ayuda humanitaria de Colombia a Venezuela y ganó una partida clave a Juan Guaidó, a Estados Unidos y a otros gobiernos e instancias externas. Maduro cumplió su promesa y la asistencia no entró.
En vuelo comercial desde Panamá, desarmado, asido apenas a su pasaporte, junto a su esposa —Fabiana Rosales— y tras cumplir los requisitos migratorios de rutina, Guaidó revirtió sorpresivamente la derrota. Como proclamado presidente encargado de Venezuela logró ayer retornar a su país por el Aeropuerto Internacional de Maiquetía. “Bienvenido a Venezuela, presidente”, le dijo el oficial de migración que lo recibió.
Pese a que Maduro amenazó con arrestarlo a su reingreso por violar una prohibición de salida de Venezuela al salir por vías subrepticias por tierra hacia Colombia el pasado 22 de febrero, Guaidó volvió y marchó victorioso de Maiquetía a Caracas en un convoy de opositores con resguardo diplomático.
En una plaza se dio un baño de multitudes y llamó a movilizarse contra el “usurpador”, como se refiere a Maduro, desconocido desde el 10 de enero de este año por gran parte de la comunidad internacional, que adujo que se reeligió en 2018 en comicios ilegítimos. El régimen evitó atreverse a actuar en contra de Guaidó pero... ¿qué sigue?
“El juego cambió, el juego es otro”, anunció el gobernante encargado ante decenas de miles de seguidores que lo recibieron ayer en Caracas. “No hay miedo”, proclamó Guaidó, cuyo meteórico ascenso a la presidencia temporal estremeció en 2019 la crisis venezolana, la más grave de Venezuela en más de 60 años. Guaidó fue electo presidente de la Asamblea Nacional (bajo dominio opositor) el 5 de enero y, argumentando apego a la Constitución, se juramentó como interino el 23 de ese mes.
Con el regreso de Guaidó “están débiles Maduro, los jerarcas del régimen y la cúpula militar. Una cosa es lo que gritan y otra realmente lo que es. Saben que hacerle daño a Guaidó significa acelerar su [caída a la] tumba”, dijo el diputado opositor Ismael García a EL UNIVERSAL en Costa Rica. “Quedaron muy mal ante sus seguidores, que son muy pocos, y develados ante el mundo de que perdieron la fuerza. La salida de Maduro es inminente, por la fuerza popular”, adujo.
Ante la muchedumbre, sonriente y desafiante, Guaidó mostró su pasaporte, y la multitud lo aclamó… como presidente.
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