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Estambul.— Casi dos decenas de personalidades, activistas y amigos del periodista saudita Jamal Khashoggi —entre ellos el hombre más rico del mundo, Jeff Bezos— develaron ayer un monumento con su nombre justo frente al consulado de Arabia Saudita en Estambul, donde fue asesinado y descuartizado hace un año.
El sencillo y basto bloque de mármol blanco fue colocado en un parque, a apenas 10 metros de la puerta de la legación.
A Khashoggi “lo mataron tras apenas 10 minutos [de haber entrado al consulado]. No tenían intención de interrogarlo ni de secuestrarlo; vinieron para matarlo”, dijo el exdiputado turco Yasin Aktay.
“Y lo mataron porque tenían miedo a sus ideas”, agregó.
Su prometida, Hatice Cengiz, descubrió la piedra rodeada de activistas y amigos del homenajeado, entre ellos la Nobel yemení Tawakkul Karman y la relatora de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para ejecuciones extrajudiciales, Agnès Callamard.
También estaba Jeff Bezos, dueño de la empresa Amazon y del diario The Washington Post, el periódico para el que Khashoggi escribía columnas cautelosamente críticas con el régimen saudita.
Bezos dio un abrazo a la joven en la tribuna colocada para el acto conmemorativo ante el consulado, antes de que la joven recordara sus últimos momentos con el periodista, a quien describió como el amor de su vida.
“Lo que no consiguió en su vida lo ha conseguido ahora tras su muerte”, afirmó Cengiz, en referencia a la nutrida representación de activistas de derechos humanos que, en breves discursos, pedían continuar la labor de Jamal Kha-shoggi de criticar las dictaduras y abogar por mayores libertades en el mundo árabe.
“Esto es un acto por todos los Jamal en el mundo, ejecutados o encarcelados por tener pensamientos libres. Por favor, no abandonen la lucha”, pidió Agnès Callamard.
Las autoridades de Arabia Saudita guardaron silencio sobre el caso y sólo algunos medios cercanos al régimen mencionaron la marcha del proceso judicial contra los presuntos culpables.
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