Abelardo de la Espriella asumió el poder en Colombia el pasado 7 de agosto con la promesa de mano dura contra el crimen, una nueva alianza con los gobiernos de derecha, empezando por Estados Unidos, así como de descentralizar el poder. Tres días después, un terremoto lo obligó a cambiar de planes y cualquier luna de miel se disolvió ante el clamor de ayuda.

Vaya prueba de fuego para el recién estrenado mandatario, que de inmediato viajó a las zonas afectadas y anunció la instalación de un puesto de mando unificado. De la Espriella busca evitar que, como se dice por ahí, le “coman el mandado”.

Si bien los nombramientos del gabinete ya estaban, el terremoto tomó por sorpresa al mandatario, con funcionarios del anterior gobierno de Gustavo Petro en puestos que, bajo las circunstancias, eran clave, como la jefatura de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres (UNGRD), en manos del petrista Javier Pava. Empezaron los roces en el momento menos indicado. Cuando se requería de la ayuda de los rescatistas, Pava señalaba al gobierno de privilegiar a países aliados, como Estados Unidos o Israel.

El gobierno mexicano ofreció la ayuda de los rescatistas de la Defensa. Los Topos Azteca y Topos Tlatelolco se alistaron. Los primeros lograron llegar a Cali. Los segundos no. Igual que los de Defensa, se enfrentaron a la decisión del gobierno colombiano de sólo aceptar rescatistas con certificación internacional INSARAG, de la ONU. Sólo cuatro países la tienen (Estados Unidos, Israel, El Salvador y Ecuador). El objetivo, dijo, más seguridad, mejor coordinación, evitar duplicidad. México no cuenta con tal certificación, pero sí con experiencia. Apenas semanas antes, los rescatistas mexicanos: militares, de los Topos, removían escombros en busca de sobrevivientes en Venezuela. Si la decisión de De la Espriella costó vidas es una pregunta sin respuesta.

El mandatario anunció un Plan Marshall para el Chocó, donde el terremoto de magnitud 7.4 dejó escenas de devastación. También optó por centralizar los mensajes y evitar que funcionarios de la era Petro le generen nuevos conflictos. Analistas colombianos resaltan que, a diferencia de lo ocurrido en Venezuela, donde se criticó la lentitud de acción del gobierno de Delcy Rodríguez, De la Espriella respondió con rapidez.

El mandatario colombiano no tiene un historial político que pueda jugarle en contra, como sí lo tiene Rodríguez en Venezuela. La crisis venezolana se agravó por las décadas de descuido del chavismo. En Colombia, la situación es muy diferente.

Aun así, el reto para el nuevo presidente colombiano es grande. De la Espriella deberá demostrar que puede reconstruir el país mientras reconstruye también la unidad nacional. Empresarios, políticos y ciudadanos han cerrado filas frente a la tragedia. Pero no es una unidad eterna. Falta ver si De la Espriella puede mantener, incluso extender, la cohesión social, o si, pasadas las semanas, muestra que no tiene interés en los políticos de izquierda, en los colombianos cuyas ideas no son afines a las suyas. Noticias como el reparto de balones con el lema de campaña en las zonas afectadas, o el “asueto” en la playa del nuevo ministro de Vivienda, no abonan.

Mientras los colombianos enfrentan las consecuencias del terremoto, Estados Unidos anunció que Colombia autorizó operaciones militares conjuntas en suelo colombiano contra el narco. ¿Cuáles serán las prioridades entonces de De la Espriella? ¿Su relación con EU o los colombianos?

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