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Bruselas
Llegó el momento de la verdad para evitar que el Reino Unido se vaya de la Unión Europea (UE) sin ningún acuerdo.
Con ese ultimátum, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, recibe hoy en una cena de trabajo a los jefes de Estado y de gobierno de la Unión, quienes han sido convocados a una ministerial de dos días para nuevamente tratar de acercar posturas.
El último intento fue el mes pasado en Salzburgo, Austria, en una ministerial que resultó en un fiasco ante la falta de flexibilidad mostrada por ambas partes.
Aunque a diferencia de Salzburgo, los mandatarios son conscientes de que muy probablemente es la última oportunidad de evitar el desastroso escenario de un Brexit sin acuerdo.
Los líderes deberán comprobar que existen las condiciones para alcanzar un punto en común. De ser así, invocarán una cumbre extraordinaria en noviembre para acordar el pacto definitivo y aprobarlo a nivel político.
Noviembre se ha fijado como plazo para tener el texto definitivo y así poder cumplir con los procedimientos jurídicos y de ratificación para una salida ordenada de la Unión el próximo 29 de marzo.
“Tal y como está la situación (…) debemos preparar a la UE para un escenario sin acuerdo, el cual es más probable que nunca”, reconoce el presidente Tusk en la carta de invitación enviada a los mandatarios europeos.
Las conversaciones se encuentran en un callejón sin salida; ni siquiera la inesperada visita del domingo pasado a la capital comunitaria de Dominic Raab, ministro británico del Brexit, arrojó mínimos resultados.
La mayor disputa se centra en los 449 kilómetros que separan a la República de Irlanda y el territorio británico de Irlanda del Norte.
Existe el compromiso de evitar una nueva frontera para no resucitar los fantasmas del pasado, pero a la fecha ninguna iniciativa ha resultado satisfactoria. El jefe negociador comunitario, Michel Barnier, ha propuesto dejar a Irlanda del Norte en el mismo espacio regulatorio que la República de Irlanda, pero este “backstop” significaría que habría una frontera aduanera entre el Ulster y el resto del Reino Unido.
La primera ministra británica Theresa May ha sido invitada a la cena para que explique a sus colegas su visión sobre cómo superar el punto muerto en el que se encuentran las negociaciones.
La inquilina del 10 de Downing Street ha precisado que no aceptará un acuerdo que ponga en riesgo “la integridad del Reino Unido” y limite la capacidad de su país para suscribir acuerdos unilaterales de libre comercio con terceros países.
También ha asegurado que cualquier solución a la frontera irlandesa debe incluir la posibilidad de que Londres pueda suprimir el compromiso de manera unilateral.
A Bruselas le inquietan no sólo las “líneas rojas” trazadas por May, sino la capacidad de su gobierno para conseguir que la Cámara de los Comunes apruebe el eventual arreglo con la UE.
El ala más dura del Partido Conservador de May ya anticipó que no apoyará el pacto de salida tal como está formulado. El antiguo secretario de Medio Ambiente, Owen Paterson, estima que unos 80 Tories votarían en contra.
“Es el momento de que la Primera Ministra abandone su plan y opte por un amplio Acuerdo de Libre Comercio con la UE como parte de una estrategia global de libre cambio”, declaró el legislador Paterson en un reciente encuentro celebrado en el think tank The Bruges Group, en el que insistió que “Brexit significa Brexit y duro”.
A la rebelión conservadora habría que añadir la presión ejercida por el opositor Partido Laborista. En su congreso de septiembre advirtió que convocarán nuevas elecciones si May no llega a un acuerdo que mantenga el acceso a la unión aduanera, conserve los actuales estándares laborales y medioambientales, y evite la frontera irlandesa.
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