17 | NOV | 2019
Fidel Castro, líder de la revolución cubana y John Kennedy, presidente de EU entre 1961 y 1963, ambos símbolos de la Guerra Fría
Fidel Castro, líder de la revolución cubana y John Kennedy, presidente de EU entre 1961 y 1963, ambos símbolos de la Guerra Fría. Foto: Archivo EL UNIVERSAL

A 30 años sin Muro de Berlín, los remanentes de la Guerra Fría que aún golpean a EU y Cuba

09/11/2019
11:22
José Meléndez / corresponsal
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Luego de la “luna de miel” entre Washington y La Habana de 2014 a 2016 en el gobierno de Barack Obama, la administración Trump reconstruyó el edificio de la confrontación con la isla de régimen comunista

San José.- Cuando el primer ladrillo del Muro de Berlín empezaba a caer en la noche del 9 de noviembre de 1989 en Alemania Oriental, y simbolizaba el principio del fin del campo socialista de Europa del Este, en un rincón de Centroamérica se gestaba en ese momento histórico una de las operaciones bélicas para atizar el choque militar indirecto entre Estados Unidos y Cuba en América Latina y el Caribe y agudizar el impacto continental de la Guerra Fría.

En asocio con sus patrocinadores políticos y militares de Cuba y de Nicaragua, los insurgentes comunistas salvadoreños del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) aceleraban un plan para lanzar, dos días después, lo que se convertiría en la más violenta ofensiva guerrillera contra el ejército de El Salvador, sostenido por EU, en 12 años de guerra civil en ese país, de 1980 a 1992.

Al cumplirse hoy 30 años del derrumbe del muro, emblema de la disputa Este—Oeste entre el capitalismo, conducido por EU, y el comunismo, encabezado por la Unión Soviética (URSS), el conflicto bélico salvadoreño quedó sepultado como mortal e imborrable recuerdo y por la pacificación centroamericana y el FMLN es un partido político legal.

Pero la Guerra Fría en el hemisferio occidental todavía está viva con el enfrentamiento casi particular WashingtonLa Habana: el choque nunca acabó totalmente en América y, desde el inicio el 20 de enero de 2017 de la administración Trump, recuperó fuerza con sus efectos hemisféricos.

La pugna creció por el despliegue de presiones económicas de EU sobre Cuba justificadas en atacar los consolidados nexos de la isla con Venezuela, Bolivia y Nicaragua como sus principales socios del bloque continental anti—Washington forjado a finales del siglo XX por dos gobernantes ahora fallecidos: el cubano Fidel Castro (1926—2006) el venezolano Hugo Chávez (1954—2013).

Trump advirtió repetidamente que Cuba debe ser castigada, porque emergió como el más importante soporte de los gobiernos de los cuestionados presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Nicaragua, Daniel Ortega, frente a los reclamos de las multitudes de opositores venezolanos y nicaragüenses de reconstruir la democracia, con libertad y justicia.

“Con la caída del Muro de Berlín, el mundo conoció que, pese a los totalitarismos de cualquier signo, entiéndase fascismo, nazismo o comunismo, la libertad es una condición humana y tendrá siempre la última palabra”, afirmó el opositor cubano Dagoberto Valdés, religioso, ex—miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz del Vaticano y director de Convivencia, revista digital de Cuba.

“Por supuesto” que en Cuba “no hay” libertad para el ejercicio de derechos y libertades esenciales, dijo Valdés a EL UNIVERSAL. “Más que la confrontación entre un país (Estados Unidos) u otro (Cuba), se trata de la confrontación entre el ansia de libertad propia de la condición humana y un sistema totalitario—el cubano—que no deja espacio al desarrollo de la persona humana y de la sociedad civil”, aseveró.

Desconfianza

Luego del triunfo de la revolución cubana, en enero de 1959, EU reaccionó desde el principio con desconfianza hacia Castro, en especial por la nacionalización de empresas estadounidenses instaladas en la isla, y dictó las primeras sanciones comerciales y financieras para llegar, en febrero de 1962, a imponer un bloqueo económico total al régimen que, en ese momento, ya se había declarado socialista e intensificado sus nexos con Moscú.

Washington rompió vínculos diplomáticos con La Habana en enero de 1961 y en los meses y años siguientes se incrementaron las tensiones militares. El punto máximo se registró en octubre de 1962, cuando estalló la “crisis de los misiles” cuando EU detectó que Cuba instaló en su territorio una serie de bases de misiles nucleares de la URSS de mediano alcance y capaces de atacar suelo estadounidense.

Con esa crisis, resuelta por negociaciones directas entre el Kremlin y la Casa Blanca, a espaldas de Castro, el mundo estuvo como nunca antes al borde de un conflicto nuclear. Octubre de 1962 marcó un punto clave en el fragor de la Guerra Fría, con Cuba y la URSS, por un lado, y EU, por el otro.

Pero los pleitos directos e indirectos—en teatros bélicos como El Salvador—entre estadounidenses y cubanos prosiguieron por décadas. La incursión de Castro con las guerrillas comunistas latinoamericanas y caribeñas agudizó el choque.

Con el desplome del Muro y la desintegración del campo socialista de Europa del Este, Cuba sufrió un colapso económico. Convertida en satélite de la URSS, su aliado por más de 30 años que se desintegró en 1991, y en socio de Alemania Oriental, Bulgaria, Hungría, Rumania, Polonia, Albania y Checoeslovaquia, que eran los países sometidos a la órbita de Moscú, Cuba perdió a los aliados socioeconómicos que le permitieron consolidar el proceso revolucionario.

Secreto

EU recrudeció el embargo o bloqueo en 1996 y atizó el distanciamiento hasta que, en diciembre de 2014 y después de 18 meses de negociaciones secretas, los entonces presidentes de EU, Barack Obama, y de Cuba, Raúl Castro, anunciaron el inicio de un deshielo para normalizar sus nexos.

En ese proceso, Washington y La Habana restablecieron relaciones diplomáticas en 2015. Para afianzar la normalización, Obama hizo hace una histórica visita a Cuba en marzo de 2016, pero los lazos bilaterales volvieron a retroceder tras el ascenso de Trump a la presidencia.

“Con la administración Obama se experimentó un método diferente, pero no hubo la correspondencia esperada por parte del gobierno cubano”, explicó Valdés. “Ahora estamos viendo la reacción (de Trump) a aquella oportunidad perdida”, subrayó, en referencia a que el gobernante estadounidense decidió lanzar una nueva andanada de sanciones contra Cuba.

La “correspondencia” a la que aludió el opositor también se transformó en reproche dentro y fuera de la isla y en la comunidad internacional. El reclamo se refirió a que, a cambio de la apertura de EU y la expectativa de eliminar o levantar el bloqueo económico, Cuba tampoco hizo concesiones: introducir reformas democráticas a su sistema político de partido único—el Comunista—y aceptar elecciones y prensa libres, multipartidismo y pluripartidismo, liberar a los presos políticos y respetar los derechos humanos.

Por décadas, el régimen cubano negó repetidamente que en Cuba haya prisioneros de conciencia, insistió en que lo que hay son mercenarios presos por conspirar, en alianza con EU y por paga, en contra de la revolución e insistió en que ni por presión de Washington ni por exigencia de ningún bloque de poder, nunca modificará su sistema comunista unipartidista, por su derecho a la libre autodeterminación y a la no injerencia externa en sus asuntos internos.

En un discurso este 7 de noviembre ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York, el canciller cubano, Bruno Rodríguez, argumento que “el exitoso y eficaz modelo social cubano ha asegurado y asegura a las cubanas y cubanos igualdad de oportunidades, equidad y justicia social, a pesar de la hostilidad y la coerción”.

“El gobierno de EU no tiene la menor autoridad moral para criticar a Cuba ni a nadie en materia de derechos humanos. Rechazamos la reiterada manipulación de estos con fines políticos y los dobles raseros que le caracterizan”, puntualizó. Por 187 votos a favor, tres en contra (EU, Israel y Brasil) y dos abstenciones, la ONU aprobó el jueves anterior una resolución sobre la “necesidad” de poner fin al embargo estadounidense.

El voto en la ONU quedó registrado como la más reciente colisión entre La Habana y Washington, a 30 años del preparativo final de una ofensiva bélica en El Salvador y del derrumbe de los primeros ladrillos del Muro de Berlín, aunque una Guerra Fría subsiste en ambas capitales y en las dos orillas del siempre conflictivo Estrecho de la Florida.

agv

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