María Luisa Neria se autodenomina como iztapalapense de origen, "desde la cuna", y asegura que la alcaldía Iztapalapa no sería lo que es sin la Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, que fue nombrada como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco y que este miércoles la demarcación recibió el certificado.
"Para mí es un honor ser de Iztapalapa y pertenecer a esta hermosa representación sólo por haber nacido aquí, y que no crean que apenas somos lo que somos por este reconocimiento, nosotros somos desde hace 182 años", dice la señora mientras mira la Macroplaza, que señala que en este lugar ha visto miles de nazarenos, Cristos y Vírgenes Marías, "quienes se han dejado la vida por nuestro Señor de la Cuevita".

Así como ella, miles de iztapalapenses se pusieron de pie, gritaron y disfrutaron de la entrega de este certificado, que indicaron, es totalmente suyo.
Con cruces colgadas de representaciones del 2001, 1995, 1980, 2010, entre otras, alrededor de las 18:30 horas este certificado que llegó desde Nueva Delhi, India, fue entregado de manera simbólica a los habitantes de Iztapalapa, quienes algunos lloraron por "todo lo que nos ha costado".
"Este reconocimiento no es sólo nuestro o de Iztapalapa, sino también de aquellos que iniciaron con esto, de Pancho Villa cuando dicen que nos prestó nuestros caballos", señala Martín Ramírez, quienes indica que ha sido nazareno en varias ocasiones y romano en otras dos, "y siempre es un honor".
Dice que no se imaginó que 182 años después de que los primeros habitantes de Iztapalapa iniciaron con esta celebración, la Unesco los haya reconocido.
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Mientras la alcaldesa Aleida Alavez señalaba que este reconocimiento es principalmente por la "organización y profundidad comunitaria", un grupo de mujeres que se encontraban hasta atrás de la fila saltaron y gritaron "esto es Iztapalapa, ¿cómo de que no?".
Desde niñas y niños vestidos de nazarenos hasta habitantes que han participado desde hace muchos años, todos gritaron por igual y corearon: "¡Viva la Casa de los Ensayos; viva el Cossiac y viva el Señor de la Cuevita".
Horas después de la clausura de esta ceremonia, los iztapalapenses bailaron al ritmo de las bandas que amenizaron este logro desde la Macroplaza; y otros comieron tamales de verde y de dulce.
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