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Antes de que inicie la próxima temporada de lluvias, personal de la Secretaría de Gestión Integral del Agua (Segiagua) realiza inspecciones al drenaje profundo de la Ciudad de México, con ayuda de cámaras de alta definición y técnicos que se sumergen en las aguas negras, una tarea imprescindible para garantizar que este sistema se encuentre en óptimas condiciones.
En lo que va del año, ya se han realizado alrededor de 20 inspecciones en distintos puntos de la Ciudad, particularmente en las alcaldías de Gustavo A. Madero, Xochimilco e Iztapalapa, cuenta a EL UNIVERSAL el director ejecutivo de drenaje y almacenamiento de Segiagua, Víctor Cárdenas Ortiz.
Sin embargo, una buena parte de ellas, al menos una docena, han tenido lugar en Iztapalapa, una de las demarcaciones que resultó mayormente afectada durante la temporada de lluvias del año pasado, que fue una de las más intensas de las últimas décadas en la capital del país.
“Una vez terminadas las lluvias, empezamos a revisar las redes de drenaje principales en los colectores para estar preparados para las siguientes; nos enfocamos principalmente en aquellos puntos donde se tuvieron problemas de encharcamientos”, comenta.
Un martes de febrero, un grupo de ingenieros, técnicos y otros expertos —entre los que destaca la presencia de Julio César Cu Cámara, el buzo de aguas negras que se encarga del mantenimiento del drenaje y desazolve de la Ciudad de México—, se dan cita en la Lateral Zaragoza, esquina con avenida México, muy cerca de la unidad habitacional Ejército de Oriente, en Iztapalapa, para sumergirse en la red de drenaje.
En este punto de Iztapalapa se hace la revisión de dos colectores que inciden directamente al drenaje profundo y que recaban el agua de la parte norte de la avenida Zaragoza, a la altura de avenida Balvanera.
Durante la temporada de lluvias de 2025, los expertos detectaron que justo en este punto los encharcamientos eran más recurrentes, duraban más tiempo y presentaban mayor tirante (mayor profundidad). Es necesario evaluar estas zonas para detectar el estado de las tuberías y determinar las causas de las afectaciones.
Estas inspecciones permiten encontrar objetos que arroja la gente por las coladeras: “desde basura apelmazada y amontonada, hasta objetos grandes como sillones, llantas, refrigeradores, hornos de microondas”, advierte Cárdenas Ortiz, pero también sirven para evaluar el estado de la tubería; particularmente en este punto de Iztapalapa existen asentamientos diferenciales que pueden llegar a dañar las tuberías, por lo que revisar su estado permite dar atención en caso de que se encuentren afectaciones.
Así son las revisiones dentro de la infraestructura
Un robot equipado con una videocámara es el encargado de ayudar a detectar si hay daños en el drenaje, ya sea por obstrucciones causadas por basura o por hundimientos en el terreno que causen grietas, y que impidan el correcto flujo de agua. Se ingresa con ayuda de una sonda flexible.

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En la red paralela —que es más complicada por como está construida la tubería— el buzo de aguas negras, equipado también con una cámara, ingresa para hacer la inspección.
En este caso, además del buzo Julio César, otros dos expertos también ingresan al drenaje para hacer la evaluación. Se preparan con tanques de oxígeno, traje especial y máscara protectora, no sin antes someterse a una revisión médica en la que se les checan signos vitales; en cada inspección, además del personal de Segiagua, los acompaña personal de Protección Civil y de Salud. En esta inspección, el tubo al que ingresaron tiene un diámetro de 1.52 metros.
“Para estas inspecciones se deben tomar todas las precauciones y protocolos adecuados. Debemos tener aquí a personal de Protección Civil, personal médico y tener algo muy importante sin lo cual no baja nadie: el servicio de laboratorio, que nos indica los factores que pudieran ser peligrosos para el personal”, explica Cárdenas Ortiz.
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Antes de que los técnicos bajen se verifican tres sustancias: debe haber oxígeno, que los límites del ácido sulfhídrico estén en los rangos permisibles y el gas butano, que podría ser muy peligroso para quienes bajan a esa zona.
Una vez que están abajo, los trabajadores que se quedan en la superficie les pasan los tanques de oxígeno: “¡Aguas, va el otro!”, se escuchan los gritos de la cuadrilla; también ingresan una escalera por donde deberán subir una vez que concluya su labor.
Mientras el personal —o el robot— se encuentra abajo recorriendo las tuberías, las imágenes se aprecian en una pantalla que otro técnico visualiza para ir recabando la información.
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“Actualmente ya se tienen las últimas generaciones, estas cámaras ya son en alta definición, nos detectan inclusive pendientes de los tubos o puntos en los si el buzo o el personal especializado no tiene acceso, la cámara se desplaza con indicaciones desde la parte superior a través de control remoto o cableados, se le indica qué hacer, si hacer un zoom, un acercamiento o moverse a donde nosotros indiquemos”, explica.
Una vez que se tiene recabada la información, expone el ingeniero, se analiza, se mapea y se hace un plan de trabajo conforme lo que se requiera, ya sea desazolve común o uno más complejo que implique el uso de equipos especiales para sacar la basura o los objetos que estén ocasionando el taponamiento; o, en el caso de que sea necesario algún tipo de reparación mayor en el tubo, se planea para que se “pueda hacer en este mantenimiento previo a la temporada de lluvias”.

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