En 2018 la UNAM declaró oficialmente extinto al Glaciar de Ayoloco, el último que quedaba en el Iztaccíhuatl. Este evento fue marcado con una placa que no sólo registra la pérdida, sino que lanza una alerta a las generaciones actuales sobre la falta de acción ante el cambio climático. Otros glaciares emblemáticos, como el de la Panza, han pasado de ser gruesas capas de hielo de hasta 20 metros a convertirse en socavones con pequeños charcos de lodo.

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