Los viernes por la tarde la gente puede cantar con micrófono en mano desde un kiosko en el Zócalo capitalino.
Este karaoke público está a cargo de la Secretaría de Cultura local, y es amenizado por una mujer morena, con acento caribeño y cabello afro.

Daniel llegó a las 15:00 horas a la Plaza de la Constitución para apartar su lugar. Sorpresivamente para él, fue el primero en la fila, pues el micrófono se abre a las 17:00 horas.
“Te piden tu nombre, la canción que vas a cantar, y acaban de decir que la primera hora cantan todos y después hay un aplausómetro”, explicó. Visiblemente nervioso, Daniel subió a la tarima, se acomodó frente al público y esperó a que la tonada de la canción El Triste, escrita por el compositor Roberto Cantoral García, comenzara.
La pieza musical que dio a conocer José José, El Príncipe de la canción, en 1970, la escogió porque la ensayó desde hace tiempo y quiso aprovechar la exposición al público para mejorar su interpretación.
Daniel es estudiante en la Escuela de Rock. Estas vacaciones le tocó quedarse en la Ciudad de México y aprovechó la convocatoria del karaoke.
Cuando terminó de cantar, la presentadora lo elogió y después de brindarle un aplauso, invitó al siguiente en la fila a adueñarse del escenario. Mientras Daniel se recuperaba de sus nervios, otra persona cantó Abrázame muy fuerte, de Juan Gabriel.
México “tiene talento”. A un costado del joven estaba Carlos, un señor de canas y sonrisa prominente. Los demás participantes le daban ánimos, pues faltaba poco para su turno.
Antes de tomar el micrófono, pidió que se cambiara la canción. Los encargados del sonido buscan la pista en YouTube, y cuando el participante toma su lugar, le dan play, y la letra aparece en una pantalla que sólo ellos pueden ver.
La presentadora le preguntó: “¿Cómo te llamas?”, y él, con una voz grave dijo: “Carlos David”. La mujer reviró: “Con esa voz seguro cantas chingón”. Todos rieron.
Sorpresivamente, el hombre escogió una canción en inglés, de Barry White. Esa tonada que el público escuchó en la plancha del Zócalo, fue suficiente para que algunos bailaran sin que Carlos empezara a cantar.
Incluso, un transeúnte de aproximadamente 35 años, con una gorra oscura y lentes de sol, bailó y le hizo señas al cantante novato que estaba en el escenario. La mujer que amenizaba dejó su asiento y se paró para mover el cuerpo con pasos de música disco.
Las acciones fueron grabadas por cámaras de la Secretaría de Cultura de la capital, cuyo personal en todo momento tomó fotografías y realizó enlaces en vivo.
Carlos David terminó su participación, y aunque el público le solicitó otra canción, él regresó a la parte trasera del kiosko, donde otros esperaban su turno y bajó del escenario.
Una vez con la gente que lo acompañó, contó que no es cantante experto. “No, no canto, estoy empezando”, explicó.
De todas las pistas que pudo escoger optó por Barry White por una razón: “A la mera hora me dio la emoción porque a veces cuando canto, lloro, y esa como no le entiendo bien, pues no lloro”.
A pesar de que había varios interesados en presentarse frente al público, que no excedía las 50 personas, fue la lluvia de las 18:00 horas lo que ahuyentó a la mayoría de transeúntes que veían al espectáculo. Después, cuando ésta acabó, llegó nuevo público y nuevas voces.
sin interrupciones.
sin límites.