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Desplazados, ahora son por pobreza extrema

Provienen de los 2 municipios más precarios del país; se instalan en baldío 600 personas; hay 200 niños

La mayoría de los desplazados tienen más de cinco días sin bañarse, sólo se protegen del sol con una lona y duermen en el suelo. (FOTOS: SALVADOR CISNEROS. EL UNIVERSAL)
28/11/2018 |03:10
Redacción
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Chilpancingo.— Esta vez no fueron balazos, fue la pobreza, la marginación, la falta de escuelas, de médicos, caminos, trabajo y de comida lo que empujó a 300 familias indígenas de Cochoapa el Grande y de Metlatónoc a salir huyendo de sus pueblos y asentarse en el municipio de Tlapa.

Estos dos municipios son los más pobres en Guerrero. Según el último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) tienen los índices de marginación más altos del país. En ellos campean las carencias: 56% de su población es analfabeta; 74% no es derechohabiente de algún servicio de salud, y 80% no tiene escusado ni drenaje.

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Estas 300 familias salieron de golpe el pasado 20 de noviembre, lo hicieron como pudieron: de aventones y en el transporte público. Huyeron de las comunidades de Tierra Blanquita, San Lucas, San Cristobalito, Llano de la Piedra, San Miguel el Nuevo, San Rafael, Llano del Metate y Rancho San Marcos, todas estas zonas pobres.

Llegaron a un terreno en la colonia Las Mesas en Tlapa, el municipio que es el centro comercial de toda La Montaña, donde el propietario les permitió estar sólo 15 días.

El alcalde de Tlapa, Dionicio Merced, se dijo incapaz para atenderlos, y advirtió que el dueño del terreno puede echarlos. Ellos no quieren apropiarse del predio, sólo buscan que la Federación y el gobierno del estado los ayude. Piden, en específico, que les compren un terreno para vivir. La única condición es que esté cerca de los servicios, de los médicos, de las escuelas y de los trabajos.

Estas familias, en 2013, se hicieron aún más pobres tras cuatro días de intensas lluvias provocadas por la tormenta Manuel y el huracán Ingrid, que arrasaron con sus cosechas y casas. Desde entonces, no han podido superar ese episodio.

Exigen un cambio. De las 300 familias, en el terreno sólo queda la mitad: 150 que no están dispuestas a volver a sus pueblos sin que el gobierno estatal solucione sus problemas.

“No hay atención médica, no hay educación, no hay trabajo y últimamente hay escasez de alimentos, ¿esto no es motivo para que la gente se desespere?, los gobiernos saben la condición social que ha vivido por años la gente de La Montaña, pero poco han hecho”, dijo Sabino Flores, uno de los desplazados.

Cuando uno de ellos se enferma en sus pueblos se viene una tragedia. Sabino dice que para llegar a un médico se trasladan hasta Tlapa, a tres horas de distancia, pero si esto ocurre en las noches la tragedia se agudiza: hay que pagar un viaje especial que le puede costar hasta unos mil pesos. Todo porque no tienen doctores cerca.

Aquí no llegan los programas sociales y cuando ocurre son para los cercanos al alcalde en turno.

Unas 600 personas, entre ellas 200 niños, permanecen a la intemperie, sólo se protegen del sol con una lona de plástico, duermen en el piso y sin baño. La mayoría tiene más de cinco días sin bañarse y el poco dinero comienza a esfumarse.

Muchos viven gracias al apoyo que les dan sus familiares y paisanos que llevan años viviendo en Tlapa.

Sin embargo, optan por esto antes que volver a sus casas, donde están olvidados: “Preferimos morir aquí que regresar a nuestros pueblos a morir con más dolor”.

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