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Cirqueros padecen los efectos de la crisis

Al no poder ofrecer sus shows, una familia vende aguas en las calles para sobrevivir

La familia Hernández Medina vende fruta y refrescos en los cruceros, bajo el sol y con temperaturas de hasta 45 grados. Fotos: AMALIA ESCOBAR. EL UNIVERSAL
06/09/2020 |01:09Amalia Escobar / Corresponsal |
Redacción El Universal
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Hermosillo.— Esta familia hizo de la carpa su casa y del espectáculo, toda una vida; sin embargo, el Covid-19 apareció para modificar toda su rutina.





Los días pasan lentos para cuatro niños que con ilusión esperan ver de nuevo iluminada la marquesina del circo Hermanos Medina, mientras sus padres venden aguas y refrescos en los cruceros para sobrevivir.

Anhelan esos tiempos de ajetreo, de correr de un lado a otro, meterse en su personaje y salir con actitud ante ese público que los recibía con ovaciones y los despedía con un aplauso.

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Maribella, Danae, Noelia e Israel son menores que van desde los cuatro hasta los 12 años. Son la quinta generación de la descendencia Anderson-Medina, ambas familias circenses ramificada en 17 empresas de espectáculos en las entidades de Sonora y Sinaloa.

Ellos continúan con sus rutinas de entrenamiento mientras ven a sus padres batallar para llevar el alimento a sus mesas.

Entre todos se auxilian para lograr sus ejercicios; la constancia y el acondicionamiento diario desde temprana edad los ha habilitado para salir a función con actos de acrobacia, payasitos y botargas, entre otros.

Se quedan estancados

Miriam Anderson Medina, extrapecista y madre de Israel, el pequeño de cuatro años que sale a divertir al público con una botarga de Minion, comentó de la difícil situación que está atravesando el circo Hermanos Medina desde el pasado mes de marzo, cuando se decretó la cuarentena para evitar la propagación del Covid-19.

Cirqueros padecen los efectos de la crisis

Todos son familia. Dos de sus hermanos tuvieron que salir de ahí para buscar trabajo al quedar cerrado el circo.

Los adultos que permanecen en el lugar, hombres y mujeres, salen a la calle y a los cruceros para vender alimentos como frutas, fresas con crema, aguas preparadas, manzanas enmieladas o envueltas en tamarindo.

La situación se les vuelve cada vez más difícil. Una de las unidades que contaba con refrigeración tuvo problemas en el enfriamiento y se les echó a perder la fruta, con las altas temperaturas en Hermosillo, y la pérdida de varias cajas fue total.

Sin embargo, la lucha por sobrevivir no para y a ras de sol con temperaturas que alcanzan hasta los 45 grados se les ve vender aguas frescas en los cruceros.

En cinco meses han recibido sólo una despensa por parte del gobierno, y se sienten bendecidos porque el dueño del terreno donde se encuentran, desde el inicio de la pandemia dejó de cobrarles renta del terreno.

Extrañan los aplausos

Esta familia es muy unida, se ayuda en todo y extraña la marquesina encendida que anunciaba una función diaria de lunes a viernes y dos durante el fin de semana.

Confían en que la pandemia termine pronto y puedan por lo menos en enero reiniciar el espectáculo con todas las medidas sanitarias que recomiende la autoridad y las que ellos mismos puedan implantar.

Miriam comentó a EL UNIVERSAL que ellos no creían en el Covid-19 y precisó: “Pero nos tocó sufrirlo en carne propia, uno de mis hermanos enfermó, no podíamos bajarle la temperatura, lo metíamos a una tina con agua y por último se aisló en un tráiler hasta que se recuperó”.

La pandemia le ha quitado la tranquilidad económica a los adultos, pero los niños juegan e imaginan que diario ofrecen al público su mejor función y eso los fortalece.

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