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Oaxaca de Juárez.— Cuando mira al pasado, Abel Ramírez reflexiona que toda su vida ha estado ligada a la naturaleza. Vive en Santa María El Tule, municipio ubicado en la región de los Valles Centrales de Oaxaca, donde se ha creado un santuario natural de los milenarios árboles ahuehuete, cuya repercusión no sólo es ambiental, sino también cultural, histórica y turística para Oaxaca y para el país.
Aquí es donde se encuentra el famoso Árbol del Tule, el ahuehuete con el tronco más grueso del mundo, una circunferencia de copa de aproximadamente 58 metros y una edad estimada en más de dos mil años.
Pero, al mismo tiempo, ese entorno y el del resto del estado también eran de tala inmoderada y falta de planeación en el crecimiento urbano, devastador del medio ambiente. La naturaleza, entonces, se convirtió en un tema recurrente en los talleres de pintura que impartía para niños y adolescentes. Hasta que una mañana decidió que había que hacer algo.

Así ideó el proyecto ciudadano Árboles del futuro, no sólo para crear conciencia a favor de la madre naturaleza, sino para que las personas tengan una mejor calidad de vida.
Como parte de este programa se plantan árboles, que se obtienen a través de la iniciativa creada con este fin: Dóname un árbol.
Pero no se trata sólo de plantar árboles. Quienes participan en esta iniciativa se aseguran de que donde se plante sea un lugar propicio para que pueda crecer, y quien lo haya pedido se encargue de cuidarlo y asegurar su óptimo desarrollo. Algo parecido a una adopción. También apoyan a otros grupos ambientalistas que están interesados en reforestar.
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“Los árboles son nobles seres vivos que producen oxígeno (...) como parte de su desarrollo, y ese oxígeno es vital para nosotros. Así como ellos absorben el dióxido de carbono que nosotros también transpiramos o expulsamos, el oxígeno que ellos producen es vital para la conservación de la especie humana, de otras especies; por esa razón, hacemos conciencia en que un árbol debe plantarse desde muy pequeño en un lugar que va a ser ya su hogar”, explica Abel Ramírez.
Desde hace una década, a través de esta iniciativa se han sembrado más de 3 mil árboles; todos tienen un hogar adecuado para crecer y personas que se encargan de cuidarlos. Estos hogares se encuentran en municipios como Santa María El Tule, Santo Domingo Tomaltepec, Tlacolula de Matamoros, Villa de Etla y en sitios de la ciudad de Oaxaca, como el barrio de Xochimilco, y en las riberas del río Atoyac.
“Hemos donado árboles, así como también hemos recibido donaciones, y ahora mismo estamos ya preparando alrededor de 60 árboles que se van a ofrecer para buscarles un hogar, como decimos: cuidando que se les ame, sobre todo, porque los árboles sienten nuestra energía. Se puede platicar con ellos, poner música”, indica.
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Árboles del futuro busca establecer alianzas con cualquier otro proyecto ambientalista, ecológico o ecoturístico porque —a través de él— aprovechan para crear conciencia en las nuevas generaciones a favor de la Tierra.
Abel Ramírez es pintor y escritor. Nació el 1 de abril de 1962. Imparte talleres de acuarela para personas de todas las edades y escribe poesía y prosa. Como maestro empezó a dar clases en escuelas particulares cuando tenía 17 años.
En 1997 ofrecía los talleres de pintura en su casa, y fue entonces que le ofrecieron hacerse cargo de la coordinación del sistema de educación abierta del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) en Santa María El Tule.
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Estuvo a cargo del programa hasta 2019, y ahora lo hace de manera independiente. También ofrece clases de inglés, comprensión lectora y desarrollo personal.
Es a través de esta vertiente cultural o artística que ha aprovechado para hablar de la madre tierra, de la cultura y de la historia.
Es considerado, además, el guardián del Árbol del Tule y cronista de Santa María El Tule. “En realidad mi propósito es colaborar con las nuevas generaciones para que tomemos conciencia de la importancia de cuidar nuestra casa, nuestro hogar, la madre tierra”.
Deterioro ambiental y moral
La devastación ambiental —dice Abel— se acompaña del deterioro moral en la sociedad. “Si los seres humanos son seres racionales, por qué no se aprovecha esta virtud o capacidad de razonamiento. ¿Qué hacemos al descuidar nuestro entorno?”, cuestiona.
Cuando habla del deterioro moral, se refiere a que no se ha desarrollado la capacidad de amar al planeta y de amar la vida. “Si tú amas algo, lo respetas, lo preservas, lo cuidas. Entonces es muy simple, el deterioro moral existe en cada uno de nosotros en las diferentes áreas. Y partimos del contexto que nos envuelve, en primer lugar, porque queremos copiar tendencias que según son de desarrollo (…) Es importante retomar la esencia del ser humano espiritual para conectarte con la tierra, para pisar la tierra. ¿Cuántas veces nos descalzamos para pisar la tierra?”.
Abel reitera que la Tierra es nuestro hogar y no hay otro lugar a donde ir. Por eso, afirma, en sus conferencias busca que las nuevas generaciones aprendan a cuidarla, amarla, respetar la biodiversidad y toda la cadena de seres vivos que conforman el ecosistema.
“Cada ser vivo, cada impulso vital tiene una función para conformar y conservar todo el ecosistema maravilloso que es la madre tierra, porque en realidad es sólo una matriz y queremos que se ame, que se respete, que se cuide, que se preserve, porque hay que asegurar la vida”.
La clave, continúa, es arbolar todo, reverdecer los espacios, revitalizar un bosque, una arboleda, una plantación o plantío, y la vida se volverá a recuperar. Por eso, también propone que se retire el asfalto de las carreteras y el cemento de las banquetas, que vuelvan a ser de tierra. Hay muchas formas de cuidar la naturaleza y los árboles, afirma Abel, porque no sólo dan oxígeno, también dan frutas y “nos alimentamos de sus hojas y nos curamos con sus raíces”.
“Nuestra relación con la madre naturaleza es única y sencilla, es de vida o muerte”, concluye.
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