A 28 días del derrumbe de la mina de Santa Fe, en la localidad de Chele, en la sierra del municipio de El Rosario, Sinaloa, que dejó cuatro mineros atrapados, de los cuales sólo falta rescatar a uno, el mayor de zapadores Aldo Córdoba Galicia, jefe de la sección de instrucción, información y operaciones del Batallón de Atención a Emergencias de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa), dice que están orgullosos de poder apoyar a la población civil en situaciones de riesgo como estas.
Aldo Córdoba Galicia señala que el Batallón de Atención a Emergencias —integrado por 42 elementos, cuatro perros raza pastor belga malinois, dos de búsqueda y rescate y dos de búsqueda y rastreo— no se rinde ni pierde la esperanza de encontrar con vida al trabajador Leandro Isidro Beltrán Reséndiz, de 50 años, originario de Hidalgo, quien padece diabetes y lleva atrapado en la mina desde el 25 de marzo.
“Se realizan tres turnos por parte del Batallón de Atención a Emergencias. Estamos las 24 horas del día, los siete días de la semana… Nos encontramos junto con el Mando Unificado, buscando al cuarto trabajador, al señor Isidro”, externa en entrevista con EL UNIVERSAL.

El 25 de marzo la mina quedó inundada por el desbordamiento de una presa de jales y cuatro mineros quedaron atrapados; el 30 del mismo mes fue rescatado con vida el trabajador José Alejandro Cástulo Colín, de 44 años, originario de Michoacán. Posteriormente, el 7 abril fue localizado con vida Francisco Zapata Nájera, de 42 años, y rescatado un día después; el 11 de abril fue recuperado el cuerpo del minero Abraham Aguilera Aguilera, de 33 años, originario de Guanajuato.
El cuarto minero, Leandro Isidro, sigue perdido bajo tierra; sin embargo, para poder encontrarlo a la brevedad, a su búsqueda se han unido cuatro canes: Pierna, Cabrío, Cráneo y Copal, que hasta el momento no han realizado ningún marcaje positivo.
Aldo Córdoba explica que dentro de los reconocimientos de búsqueda que realizan los perritos a 350 metros de profundidad “todo el tiempo está el manejador con ellos y también cuidándolos para que no tengan algún percance”. Y destaca que “todas las actividades de rescate implican un riesgo, pero son riesgos calculados”.
Comenta que, por ejemplo, en el caso del primer minero rescatado, “escuchamos la voz del señor Alejandro que pedía auxilio”, por lo que se colocaron alrededor de dos kilómetros de tablas para ingresar a la zona donde estaba.
“Salió a pie el primer trabajador, lo que imperó fue que se tenía que realizar la medición constante de las condiciones atmosféricas, tiene que haber una saturación de oxígeno estable”.
En el caso del rescate de Francisco Zapata, la dificultad, dice, fue mayor debido a que se contaba con visibilidad limitada y la temperatura aumentaba de manera considerable a la profundidad que se encontraba —350 metros.
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A pesar de la complejidad de las labores, Aldo Córdoba señala que el batallón es el único equipo de rescate en estructuras colapsadas certificado a nivel nacional en categoría pesada.
“Contamos con una compañía en búsqueda en rescate en media y alta montaña, tenemos personal que realiza actividades de buceo de rescate, rescate acuático; además, un grupo de manejo de materiales peligrosos químicos, biológicos y radiológicos. Contamos con binomios canófilos, los cuales tienen dos especialidades”, dice.
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