Hay películas que necesitan monstruos, asesinatos o grandes sobresaltos para construir una historia de terror. “Huye, conejo, huye” prefiere algo mucho más sencillo y, por eso mismo, inquietante: una niña, un conejo blanco y un recuerdo que parece venir de otra vida.

Todo comienza cuando Mia, una pequeña de siete años, encuentra un conejo blanco en los escalones de su casa el día de su cumpleaños. La niña se encariña rápidamente con el animal, pero su madre, Sarah, no comparte el entusiasmo.

Desde el primer momento, la presencia del conejo le provoca incomodidad y, cuando intenta deshacerse de él, la reacción de éste termina marcando un cambio en la relación entre madre e hija.

A partir de ahí, la película deja de ser solamente la historia de una niña y su nueva mascota. Mia comienza a asegurar que recuerda haber sido otra persona: Alice, la hermana menor de Sarah, quien desapareció cuando ambas tenían siete años.

Mientras los recuerdos del pasado comienzan a resurgir, Sarah deberá enfrentarse a un secreto familiar que la ha perseguido durante toda su vida.

La presencia del conejo tampoco parece ser casual y va convirtiéndose en algo perturbador. ¿Es un enviado de Alice para que Mia corra con la misma suerte? ¿O será la propia Alice quien ha regresado para ajustar cuentas con su hermana?

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Dónde ver: Netflix

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