Los actos oficiales de Estado suelen regalarnos postales cargadas de simbolismo. Algunas están cuidadosamente construidas; otras terminan diciendo mucho más de lo que sus protagonistas habían previsto. El Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, celebrado el mismo día en que la nueva integración de la Suprema Corte de Justicia de la Nación cumplió su primer año, nos dejó una de estas últimas.

El 1 de septiembre de 2025, la entrada principal de Pino Suárez 2 apareció cubierta por un arco floral elaborado por artesanos de Iztapalapa. Entre las flores podía leerse una promesa ambiciosa: “Hacia una reconciliación de la justicia con el pueblo”. La escenografía acompañaba el discurso inaugural de una Corte que se presentaba como cercana, abierta y comprometida con impartir justicia sin demoras.

Exactamente un año después, las circunstancias parecen haber dejado la frase vacía.

Para acudir al Segundo Informe de Gobierno, la Suprema Corte suspendió la sesión pública prevista para el 1 de septiembre. Al finalizar la sesión del día anterior, el ministro presidente Hugo Aguilar informó que sus integrantes habían sido invitados por la titular del Poder Ejecutivo y ordenó reprogramar los 18 expedientes que estaban listados para su discusión.

Posteriormente, las ministras y los ministros salieron juntos de la Corte, cruzaron hacia Palacio Nacional y llegaron saludando y sonriendo ante las cámaras. La imagen transmitía cordialidad entre los poderes; el calendario revelaba algo más importante sobre sus prioridades.

La asistencia al acto podía entenderse como una cortesía republicana. Sin embargo, bastaba con enviar una representación institucional o ajustar los horarios sin sacrificar una jornada jurisdiccional completa. La relación respetuosa entre los poderes es sana precisamente cuando cada uno preserva su función y comprende los límites de su papel constitucional.

La decisión resulta todavía más cuestionable frente a la carga de trabajo del tribunal y el rezago de asuntos que acumula. La desaparición de las Salas concentró durante meses toda la carga jurisdiccional en un solo órgano. En esas condiciones, cada sesión cuenta.

Una de las imágenes de la llegada a Palacio Nacional ofreció otra composición casi demasiado exacta. Hugo Aguilar aparecía en medio; a un lado se encontraba Lenia Batres y al otro Yasmín Esquivel, los dos nombres alrededor de los cuales se ha concentrado la disputa por la próxima presidencia de la Corte.

La fotografía no demuestra cuál será el desenlace de esa disputa, aunque sí condensa el momento que atraviesa el tribunal: incertidumbre sobre su presidencia, tensiones internas, asuntos relevantes pendientes y una creciente inclinación de algunos de sus integrantes hacia la exposición política. Incluso Lenia Batres difundió desde el Informe una fotografía con Carlos Slim acompañada por la etiqueta “Ministra del Pueblo”.

Una auténtica reconciliación de la justicia con el pueblo se construye mediante sentencias oportunas, argumentos comprensibles, sesiones públicas e independencia frente al poder. Las personas que esperan la resolución de sus casos rara vez aparecen en las fotografías oficiales, pero son ellas quienes resienten cada aplazamiento.

Las flores de aquel arco se marchitaron, como era inevitable. La promesa que sostenían no tenía por qué correr la misma suerte.

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