A principios de los 90, prácticamente se la pasaba en la cama porque no tenía trabajo; nadie lo llamaba y, evidentemente, entró en una fuerte depresión.

Fue entonces cuando recibió una carta firmada por un tal y un guion al que consideró “loco” por ser una historia de vampiros.

“Me había quedado en pijama por casi dos años, no salía, no iba a reuniones, pero no podía detener mi vida. Y entonces llegó una carta de Guillermo, y parte de mi depresión era que pensaba que nadie me veía, pensaba que era invisible”, contó esta tarde en un encuentro con la prensa.

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“Me envía este guion jodidamente raro, ‘Cronos’, y luego comimos juntos. Fue la primera experiencia pura que tuve en el cine: era una película independiente. El presupuesto era de 1.8 millones de dólares y, una noche antes de empezar, un inversionista se bajó y quedamos con 1.2 millones. Ya sólo éramos Guillermo y todos sus amigos”, narró.

Después de eso, su carrera se fue a la cima. Antes de ‘Cronos’, y por una década, Ron participó en una decena de producciones; después de su colaboración con Del Toro, contabiliza más de 200 trabajos, incluidos "Hellboy" y "Titanes del Pacífico" con el mexicano.

“Si estoy en una gran película de estudio, es porque uno de mis pequeños hijos de put* independientes, ya sabes, lo hizo en grande y me puso ahí; de lo contrario, no me verías en nada más que en películas de este tamaño”, consideró.

Perlman está en México para promover "El día de la pelea", que llegará a la Cineteca Nacional el próximo viernes, donde interpreta a un entrenador de boxeo.

La cinta, dirigida por Jack Huston (nieto del reconocido realizador John Huston), sigue a un ex pugilista que busca reconciliarse con su pasado en lo que parece ser su último día de vida, sobre el ring.

Es una cinta independiente del tipo que, como ‘Cronos’, le ha hecho bien a su carrera.

“El abuelo de Jack tenía este tipo de huev… para llevar las cosas al lugar que quería, y ese es el poder de los Huston: llevar lo que quieren al final”, apuntó.

“Cuando hablo de pureza es eso: que, si eres artista, es muy fácil dejarse atrapar por el lado comercial y perder de vista tu arte. Y es muy fácil, por cierto, si tienes una familia, una casa y gastos, poner el negocio por encima y destruir el arte; no fue el caso”, consideró Perlman.

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