En la casa de Evangelina Martínez la calidez y la paz invitan a quedarse por horas, con fotografías colgadas en la pared que cuentan la historia de una dinastía de actores y comunicadores única, pero sobre todo la de un hogar sólido que la actriz forjó ilusionada en los años 60 y sin guion.

La galería comienza desde sus hijos Gabriela, Evangelina y Roberto Sosa, quienes siguen siendo el motor de vida para esta mujer con 53 años de trayectoria artística.

Esposa del actor y director Roberto Rosa (quien falleció en enero de 2020), madre de la locutora Gabriela, y de los actores Evangelina y Roberto Sosa, experimentó la maternidad, en sus palabras, de manera “tardía”, pero también una carrera artística que comenzó en sus 30.

La casa de la actriz, quien se convirtió en madre a los 29 años, está plagada de retratos que muestran varios momentos de su dinastía. Foto: Hugo Salvador/ EL UNIVERSAL
La casa de la actriz, quien se convirtió en madre a los 29 años, está plagada de retratos que muestran varios momentos de su dinastía. Foto: Hugo Salvador/ EL UNIVERSAL

Fue mamá a los 29 años, en una época en la que los hijos llegaban en una etapa más temprana, y a los 34 comenzó su preparación como actriz. Hoy, a la distancia, agradece que las cosas se hayan dado así.

“Para mí la maternidad fue maravillosa, cada hijo que recibía era un inmenso sentido de la vida. Cuando nació mi primera hija, Gabriela, ahí supe por qué tenía los pies en la tierra, porque cuando uno es joven estás lleno de dudas, pero cuando tienes una personita que depende de ti es impactante; mi segunda hija, Evangelina, fue la culminación y la más consentida por las dos familias, y el tercero, Roberto, ni se diga, fue la cereza del pastel, aunque no le gusta que lo diga”, comparte.

Su carrera tuvo que esperar, señala Evangelina, primero por la prohibición de los papás.

“Veían en aquellos tiempos la actuación como algo inmoral, así que primero me casé, pasaron siete años; entonces calladita fui y me inscribí a la escuela de actuación, porque dije: ‘basta de hacer lo que los demás quieren, voy a hacer lo que yo quiera, y es ser actriz sobre lo que sea’”.

Mantener el equilibrio entre la casa, el cuidado de los hijos y el trabajo no era sencillo, pero la actriz reconoce que siempre contó con el apoyo de su esposo.

“Nos alternábamos las tareas, pero el hogar marchaba mejor cuando él estaba al frente”, dice Martínez.

Permisiva y propositiva

Los tres hijos de Evangelina Martínez vieron a su mamá dividiéndose para cumplir con todo, pero aún así siempre había espacio para consentirlos.

“Muy permisiva era mi mamá, pero también propositiva, porque era de, vamos al cine, vamos al teatro, a ver a las tías o los primos, dejen los trastes y vamos a comer pizza”, recuerda Gabriela, quien tiene una sólida carrera como locutora en Radio Educación.

Evangelina Sosa comparte que tuvieron una infancia de libertad con su madre, aunque su papá era muy disciplinado y amante del orden, por lo que de alguna forma tuvieron equilibrio en su vida.

A diferencia de sus amigos de la escuela y de la cuadra, que se divertían viendo la tv y durmiendo temprano, Roberto cuenta que ellos acompañaban a sus papás a muestras de cine u obras de teatro que no siempre eran aptas para menores. Pero también salían a jugar en la cuadra o al parque si había oportunidad.

“Fue una infancia con unos papás ausentes porque trabajaban mucho, por lo que hubo mucho acompañamiento entre hermanos; mi padre y mi madre nos daban mucho la confianza de estar juntos, porque ella se iba a trabajar temprano a una oficina y después se iba hacer casting o ensayos, entonces estaba todo el día fuera, y cuando estaba había mucha calidad de presencia”, dice Roberto.

Para nada es un reproche, aclara el actor, porque entendían que si su madre hacía eso era para beneficio de sus hijos, y además estaba luchando por lograr su sueño como actriz, por lo que la califica como una madre ejemplar e incansable, y bromea con que Evangelina hace en un día lo que él a sus 56 años hace en 15 días.

“Por un lado es un gran ejemplo, pero por otro es un ejemplo muy canijo, porque pone la vara muy alta”.

Evangelina Sosa agrega: “Dicen que las relaciones más difíciles es la de madre e hija, pero aquí la relación siempre ha sido de equipo”.

“Cada uno de ellos son el pilar que sostiene mi vida”, afirma orgullosa Evangelina Martínez.

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