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Rafael Solana en EL UNIVERSAL
Título: Mil nombres propios en las planas de El Universal
Autor: Rafael Solana
Editorial: Fondo de Cultura Económica/ CNCA
Durante mucho tiempo era costumbre leer los comentarios de Rafael Solana, tanto en las páginas de EL UNIVERSAL como en las de la revista Siempre!; hablaba de libros, autores, efemérides, teatro y tauromaquia (en esta última especialidad, muchos de sus mejores artículos). Por esos años se extrañaban sus novelas, su dramaturgia (dos de sus obras, La casa de la santísima y Debiera haber obispas [ésta, con célebre actuación de Maricruz Olivier], tenían la fama de haber sido de las mejores del teatro mexicano moderno); ahora, en su centenario, aparte de reeditar algunos de su títulos más conocidos, se tuvo el acierto de recopilar algunos de esos escritos, en especial los que publicó en las páginas de EL UNIVERSAL durante décadas.
Solana, contemporáneo y amigo de la infancia de Octavio Paz, Efraín Huerta, José Revueltas y Neftalí Beltrán, y con quienes integró el equipo que realizó Taller, una de las revistas literarias más importantes, no tuvo el reconocimiento de aquéllos; su ardua labor como secretario de Jaime Torres Bodet, y la inalcanzable (ahora) tarea de leer un libro diario, consumieron mucho de su tiempo; nunca perdió el aliento, sus notas revelan entusiasmo, optimismo, atención sobre lo que se escribía en México.
Aunque en estos artículos hay obsesiones (habla muchas veces de su generación, se detiene mucho en sus autores favoritos, rememora sus amistades), también hay lecturas muy atentas y pronósticos certeros (fue de los primeros en apreciar las cualidades narrativas de José Agustín, e insistió en la fuerza novelística de Luis Spota —aunque no se cumplieron los que hizo sobre Gustavo Sainz, y no apreció las novelas de Carlos Fuentes—).
Son excelentes sus notas sobre escritores como personas más que como autores, y brillantes las que hablan de toros y toreros, aunque es de temerse que se lean ahora con prejuicios y hasta con rechazo. Buenas, aunque aisladas, sus notas de viaje o crónicas citadinas, con pincelazos que borran un género que va en decadencia.
En sus recuerdos personales, y sobre todo en los íntimos, tiene más calidez que cuando critica, aunque le gusten muchos de los libros ahora célebres, los que abordó con cierta timidez.
Lo malo es que es una edición desordenada y descuidada: además de erratas (“goldosiano” por galdosiano, “doctor Atl” por Dr. Atl) hay errores asombrosos (“Francisco” por Fernando del Paso, y otros) que demeritan una obra muy disfrutable.
El hotel encantado
Autor: Wilkie Collins
Editorial: Eneida
Para los aficionados a la literatura policial clásica, es un banquete; el autor de La piedra lunar aborda una trama inusual, de misterio y una aparente irrupción del inframundo: el asesinado que regresa a vengarse; el escenario, los personajes, la solución tienen el encanto de las primeras obras del género, y el lector presiente, pero no evidencia, que los malos son castigados y los buenos no lo son tanto.
Tiempo de compensación
Autor: Varios
Editorial: Ediciones del Futbolista
Hay quienes piensan que el futbol (sin acento en la u) es sólo un deporte, como muchos quieren que se vea; en algunos de los relatos de este libro (desordenado, disperso, veloz como extremo derecho o aburrido como medio de contención) sólo se exaltan hazañas deportivas o ídolos; en otros se ve su importancia política (Horacio Ortiz, Gustavo Marcovich, que salvan el tomo); cada errata merece tarjeta amarilla.
Roy desaparecido
Autor: Lolita Bosch
Editorial: Ediciones B
Una historia que ya ha sido muy común, la de una familia que vive rastreando a un miembro al que se lleva un comando, por el que pagan rescate pero nunca lo liberan; lo más asombroso es la indolencia de las autoridades que, más que investigar, culpan al desaparecido y a quienes denuncian; un acierto, el habla de los testigos; en cambio, la reiteración y repetición de los hechos llegan a cansar. Lenguaje periodístico.
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