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La delegación Tláhuac, en el suroriente de nuestra ciudad, ha sido un sitio cardinal de mi vida en los últimos diez años. Durante toda esa década fui allá a dar clases, en el plantel San Lorenzo Tezonco de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM). A fines de 2015 me “mudé”, por razones de fuerza mayor, de Tláhuac a Mixcoac, donde ahora doy esas mismas clases; los estudiantes que iban a las aulas de San Lorenzo toman ahora la Línea 12 del Metro para nuestras reuniones semanales. Cambié las faldas del Monte Rojo —como di en llamar al hermoso monte de tezontle que los lugareños llaman “las minas”— por los salones del Centro Vlady, no menos hermosos pero muy diferentes de aquella eminencia extraña, evocadora de paisajes de alguna película de ciencia-ficción que transcurriera en el planeta Marte.
Mi vida en esa región, empero, no concluyó con esa mudanza. El sábado 13 de febrero fui al Faro Tláhuac a convivir durante unas horas con mis amigos de ese centro cultural, que este año cumple diez años de haber sido fundado. Los Faros metropolitanos fueron obra del primer gobierno electo democráticamente en la Ciudad de México; en 1997, Cuauhtémoc Cárdenas le dio todo su apoyo al director del Instituto de Cultura, el poeta Alejandro Aura, y a sus colaboradores, entre quienes estaba otro poeta: Eduardo Vázquez Martín, hoy secretario de Cultura de la capital. Fueron los creadores y principales animadores de esos lugares extraordinarios.
“Faro” es, aquí, un acrónimo de “Fábricas de Artes y Oficios”. El Faro de Tláhuac abrió sus puertas a la comunidad circundante en el año 2006, de modo que ahora cumple toda una década de labores.
Fui invitado al Faro Tláhuac para participar en la entrega de premios de un concurso de poesía llamado “Los espasmos de los cuerpos”, verso de un poema donde se rinde homenaje a una de las últimas obras de Gunther Gerzso; el poema se titula “Fisuras sexuales” y tal es, también, el título de una escultura en bronce de Gerzso, originalmente ejecutada en pequeño formato y luego llevada a dimensiones monumentales e instalada en el cruce del Anillo Periférico y Barranca del Muerto, sobre esta última arteria. La obra fue inaugurada en los tiempos de Rosario Robles y el título fue extrañamente mutilado, uno diría que censurado: quedó en Fisuras, omitido, acaso púdicamente, el adjetivo sexuales. En el Faro de Tláhuac se les restituyó, al poema y a la escultura, pieza única de arte urbano, el título original.
Los jurados del concurso fueron los jóvenes maestros Lázaro Tello Pedró (que así escribe, con acento agudo, su apellido materno) y Francisco Trejo, mis camaradas en la UACM. Se imprimió un fanzine con los poemas ganadores y el poema “Fisuras sexuales”; la ceremonia de entrega fue presidida por una enorme fotografía de la escultura de Gerzso.
Yo entregué los premios (libros, diploma) a los ganadores. Fue un sábado memorable.
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