El primer episodio de las se tiñó de naranja. Los Knicks de Nueva York vencieron (105-95) a los Spurs de San Antonio, silenciaron el AT&T Center y se llevan la ventaja en la serie de cara al juego 2 el próximo viernes.

Cuando los Spurs vencieron al Thunder de Oklahoma para coronarse campeones de la Conferencia Oeste, la discusión en torno al juego 1 de las Finales de la NBA giró al rededor de qué equipo llegaría en mejor estado, ya que los Knicks contaron con nueve días de descanso tras barrer a los Cavaliers de Cleveland tras conquistar el Este, y los murmullos se apagaron ante este primer partido llevado al límite, lleno de energía y emoción.

San Antonio, como prueba de ser el segundo equipo más joven en llegar a unas Finales de la NBA, no mostró señal de cansancio, pero Nueva York supo manejar los tiempos del partido, resistió a los momentos de desventaja y remontó en el momento importante del juego: el último cuarto.

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Jalen Brunson tuvo una noche brillante, pero accidentada. En el primer cuarto se retiró de la duela por una molestia en su rodilla, y en su regreso sufrió la caída de Luke Kornet en su tobillo. Sin embargo, no esquivó la responsabilidad de cargar con el equipo y firmó una noche con 30 puntos, 2 asistencias y 3 rebotes. Junto a Karl- Anthony Towns, guiaron a los Knicks a la victoria.

Los triples de Julian Champagnie le dieron la ventaja a los Spurs sobre el final de la primera mitad, pero con una “cucharada de su propia medicina”, Miles McBride le regresó igualó el marcador al cierre del tercer cuarto.

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Victor Wembanyama, por momentos visiblemente incómodo, tuvo una actuación discreta a pesar de liderar a su equipo con 26 puntos, 2 asistencias y 12 rebotes.

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